Sabiendo que acabaría perdiendo la visión, su pasión por el surf llenó su vida y le convirtió en campeón del mundo.

El surfista vasco, nacido con un glaucoma congénito que le hizo perder la vista progresivamente, vivía intensamente el día a día con cada cosa, cada paisaje y cada persona que conocía “a tope”, como le gusta decir, para llenarse de buenos momentos y afrontar la ceguera con otra perspectiva: no se veía a sí mismo con bastón por la calle ni dependiendo de otros más allá de lo imprescindible.

En 1988, con 18 años, abrió la primera escuela de surf de España en Zarautz, su tierra, fue el primer entrenador del país y seleccionador estatal, descubridor del surfer Aritz Aranburu con quien formaron un exitoso tándem durante una década que le llevó a ser el 34º del mundo y campeón de Europa en 2007, aplicando unos métodos de enseñanza que ahora son los que se explican en todas las escuelas de España.

Campeón del mundo de surf adaptado en dos ocasiones, con un tercer y un cuarto puesto en otras dos ediciones, es la viva imagen del positivismo aplicado a la vida tras recorrer un sendero lleno de obstáculos que solo él sabe que ha tenido que superar.

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Haber visto los colores, los paisajes, tus padres, tus amigos o ver nacer a tu hija sabiendo que de un día para otro todo se fundirá en negro te predispone a encarar la vida con la certeza que la vas a exprimir al máximo. Cada tres meses debía ir al médico. Para ver si tenía presión en los ojos utilizaban una aguja que aplicaban en la córnea y lo pasaba muy mal. Necesitaba anestesia general. Los días que tocaba ir al oculista se escondía para evitar al máximo la visita.

Aitor Francesena, apodado ‘Gallo‘ por unos incidentes con unos punks (tribu urbana de la década de los 70 y 80) que le hacían cacarear como una gallina cuando se lo encontraban por la calle, no ha tenido nada regalado. Ha sabido escoger cada momento para sacar lo mejor de él y anotarse el tanto en su casillero de obstáculos superados.

“Tengo demasiada energía dentro de mi. Y si no saco esa energía no me encuentro bien. El surf es mi vida”

Un Outsider que ha roto los esquemas mentales del resto de mortales demostrando que se puede practicar un deporte que le apasiona por más difícil que nos parezca. Conocer las olas, sus movimientos, los vientos, esperando el momento justo, guiándose por la voz de Ibon Illarramendi, para ponerse de pie y cabalgar sobre las olas para alcanzar los éxitos deportivos reservados solo a los constantes.

Surfeando de escondidas

A los 13 años, después de pasar por el quirófano para someterse a innumerables operaciones, perdió la visión del ojo derecho. Solamente hacía un año que estaba practicando surf gracias a que se sentó al lado de un chico al que llamaban ‘Cangurito’ por haber venido de Australia y que además tenía una carpeta forrada de imágenes de surf. Su hermano mayor, ‘Canguro’ practicaba surf y Aitor y su amigo tomaban prestada la tabla para practicar, sin que se enterase.

Dicen que la causa fue que le entró un granito de arena en el ojo que se le infectó. No le dio mucha importancia porque le quedaba el izquierdo pero a los 25 empezó a fallar también y fue entonces cuando tomó conciencia.

Automáticamente se le prohibió volver a pisar la arena con una tabla bajo el brazo para surfear. Pero a Aitor no lo frenarían tan fácilmente. Se fabricó su propia tabla sin que sus padres se enterasen, se cambiaba de ropa en casa de un amigo para que no sospecharan nada y se iba a surfear de escondidas con el peligro de que alguien le viese y, en una conversación informal con sus progenitores, se descubriera el pastel.

Empecé con el skate. El surf era para gente de dinero y mis padres no se gastaban dinero en tablas

El surf era su vida, lo que le hacía feliz y al final sus padres tuvieron que ceder adaptando las comidas en función de las mareas. Renunció a tener novia para no estar ligado. Corrió, viajó por el mundo, compitió y absorbió la vida con ganas. La doctora le dijo que si veía nacer a su hija sería muy afortunado. Uxue le dio la alegría más grande que ha podido vivir Aitor

Aitor Francesena surfeando en La Jolla, San Diego. Foto courtesy Sean Evans.

El fatídico día

Ese día tenía que llegar. Por mucho que intentase escapar de la ceguera, Francesena era consciente que sus pesadillas recurrentes se convertirían en realidad.

Fue en julio de 2012. Le habían hecho dos trasplantes de córnea y estaba esperando el tercero cuando, ocurrió. Cuarenta y dos años esperando ese día. Cuenta que “las olas eran muy complejas, con mucha curva y la tabla no enganchó bien. Me caí de costado con el ojo izquierdo abierto, me impactó la ola y el ojo reventó como un chipirón“.

El momento por el que se había preparado, el momento por el que se había despertado en mitad de la noche sobresaltado, había llegado. Por suerte, tenía la cabeza preparada para ello y, tumbado en la camilla con destino al hospital, ya empezó a organizar su mente para saber como se desarrollaría su vida sin visión.

“Estoy ciego pero soy feliz porque la vida sigue y se pueden hacer muchas cosas”

Volver a surfear

Y su primer pensamiento fue que no dejaría de surfear. Tres meses después de salir del hospital y con muchas voces en contra que le decían que era peligroso, inconsciente y temerario, que se iba a marear, se acercó a la playa, se puso unas gafas de piscina y se adentró al agua.

Remé un par de olas y me sentí bien. Cogí una, me puse de pie y desde entonces no he parado

Su progresión sin visión debía ir paso a paso. Primero escogió una tabla ancha y olas pequeñas. Antes de entrar en el agua escucha con atención las indicaciones que le da Ibon sobre donde rompen las olas, como se desenvuelven los movimientos los surfers que en ese momento están en el agua y cuál es la fuerza del viento. Ha desarrollado la innata capacidad del oído: “Hago como un murciélago, mis oídos me dan muchísimos datos de las olas“.

Y a base de esfuerzo, caídas y experiencia se fue a competir.

Francesena es hincha de la Real Sociedad

Campeón del mundo

Si surfeo, voy a callar bocas. Y voy a demostrar que aún siendo ciego puedo surfear y ser campeón del mundo“. Y lo fue en diciembre de 2016 cuando se llevó la medalla de oro en el ISA World Adaptive Surfing Championship de California, en La Jolla, San Diego, y repitió en 2020. En 2017 obtuvo la medalla de bronce y en 2018, un cuarto puesto. También ha sido campeón de España de surf adaptado en dos ocasiones.

Ibon fueron sus ojos y sus sensaciones. Le acompañó dentro del agua, le avisó cuando venía la ola, contó 3, 2,1 y dejó que Aitor realizase los movimientos que le catapultarían a lo más alto del podio. Escucha el sonido de la fuerza que tiene, la altura de las olas y su dureza. Pregunta si tira para la derecha o la izquierda y cuando llega la espuma ya sabe a qué distancia está y según ese cálculo se mete por debajo y pasa la ola remando perfectamente.

Su técnica consiste en subir y bajar la pared y, en relación a la subida o la bajada y la verticalidad, hace las maniobras.

Aitor desarrolla junto a Imanol Yeregi el programa de Tecnificación de la Gipuzkoako Surf Federazioa y entrena a la selección guipuzkoana de surf. Además es un hincha acérrimo de la Real Sociedad y ha celebrado como el que más la Copa del Rey ganada a sus vecinos del Athletic.

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