‘Baggio’ Husidic. De los horrores de la guerra de los Balcanes a LA Galaxy

Adis 'Baggio' Husidic

El fútbol le ayudó a superar “una masacre a tres bandas”, una infancia en Alemania donde sufrió el odio y un nuevo exilio en EE.UU. donde triunfó.

Adis Husidic tenía cinco años cuando estalló la peor guerra desde la II Guerra Mundial en Europa. Lo que en principio parecía ser una guerra por el territorio derivó rápidamente en un conflicto religioso y cultural entre serbios ortodoxos, croatas católicos y bosnios musulmanes.

Como bien explica Husidic, lo que se vivió en la antigua Yugoslavia entre 1992 y 1995 fue “una masacre a tres bandas”. Y el pequeño Adis y su familia sufrieron con pesadumbre los años que sobrevivieron al conflicto. Su exilio en Alemania fue incluso peor que la guerra. El odio y el desprecio que tuvo que aguantar en la escuela formó el carácter del joven Adis que buscó refugio en el fútbol.

Unos obstáculos y una visión de la vida que Husidic trasladó al terreno de juego en su carrera deportiva con un temperamento frío, calculador y manteniendo la calma cuando el juego se torcía.

El fútbol de barrio fue la tabla de salvación y moldeó su carácter, humilde y luchador y le llevó a conquistar las más altas cotas del fútbol profesional.

Adis ‘Baggio’ Husidic se convirtió en una pieza clave del esquema de LA Galaxy.
Foto: courtesy Los Angeles Galaxy

¿Por qué es un ‘Outsider’?

En la lucha por sobrellevar cada situación que Adis Husidic y su familia debían encarar venía implícito un horizonte de esperanza en el siguiente paso.

Con su mundo infantil desmoronándose a su alrededor, tuvo que comprender con rapidez que solo su espíritu de superación podía ayudarle a sobrevivir en ese entorno. Difícilmente podía pensar el joven Adis que el fútbol le serviría para olvidarse por unos instantes de las penurias de tener que adaptarse a una nueva ciudad pero verse integrado en un equipo donde no se le recriminaba su procedencia le mostró un camino de seguridad que no podía encontrar en otro sitio. Ni en la escuela ni en la calle.

La población de Velika Kladusa con su imponente castillo actualmente

El sobrenombre de ‘Baggio‘ le viene porqué su padre, gran aficionado al fútbol, siguió el Mundial de Italia de 1990 donde Yugoslavia llegó a cuartos de final. El padre Husidic siguió con atención a un jugador que le tenía el corazón robado: Roberto Baggio. Cuando su hijo Adis empezó a despuntar le puso ese apodo que le ha seguido toda su vida deportiva.

La guerra de los Balcanes enfrentó a tres comunidades religiosas diferentes. Foto: Courtesy Matija Kokovic/AP

Pelea diaria en la escuela

Salió de Bosnia-Herzegovina a los siete años con su familia dejando tras de si los horrores de una guerra para lanzarse a la incertidumbre de un campo de refugiados y sus paupérrimas condiciones.

Dirigiéndose hacia el suroeste de Croacia con sus padres y su hermano mayor Alen, evitaban todo lo que podían tener que cruzar bosques y campos ya que la situación más peligrosa que podía aparecer en su trayecto no era encontrarse con una facción militar o otra, sino las minas antipersonas.

Al principio, sus padres intentaban que sus hijos no viesen los cuerpos mutilados o las casas quemadas pero en muchas ocasiones era inevitable. Trozos desmembrados esparcidos por los caminos, escenas dantescas de batallas de la noche anterior y los testimonios de otros desplazados. Hasta llegar al campo de refugiados donde improvisadamente se tuvieron que instalar en una tienda con otras 15 personas. Un ambiente sofocante en condiciones infrahumanas.

Campo de refugiados en Batnoga. Foto: courtesy Mycentury.tv

Su padre tuvo claro que no podían vivir de esa manera y consiguió, al cabo de unas semanas, sobornar a un soldado del campo de refugiados para salir a hurtadillas y dirigirse a Split, en la costa, donde unos familiares pudieron acogerlos en una habitación. Las condiciones mejoraron aunque no pudieron salir del habitáculo durante seis meses. A orillas del mar Adriático, con sus playas y sus paseos marítimos y que los Husidic no pudieron disfrutar al encontrarse en territorio croata.

Una información llegó a oídos de la familia: el gobierno alemán estaba dando asilo a los refugiados de la guerra de los Balcanes. Su proceso administrativo de petición de asilo siguió su curso y en pocos meses pudieron desplazarse hasta Hamburgo.

Los camiones y convoys de las Naciones Unidas también fueron un objetivo de la guerra de los Balcanes.

Pero los hermanos Husidic se dieron con la cruda realidad. Llegaron a la ciudad alemana y ocuparon un diminuto piso de protección oficial. Como mínimo ya no tenían que sufrir por si detenían a su padre o bombardeaban su casa. Adis y Alen asistieron a la escuela pública del barrio y allí descubrieron como el odio y el desprecio afloran ante el recién llegado. Gritos, empujones y odio, mucho odio.

‘Baggio’ Husidic tuvo que escuchar que se fuera a su país, que no le querían. Él y su hermano acababan peleándose prácticamente cada día con alguien. La pesadilla duró tres años y medio. Además sus padres, contables de profesión, no encontraban trabajo. Subsistían gracias a los bonos de ayuda del gobierno alemán y se vestían con ropa procedente de donaciones.

Entonces apareció el fútbol. El club Uetersen, formado por alemanes e hijos de inmigrantes turcos, les acogió sin preguntar su procedencia, su cultura, su religión o su idioma. Rápidamente, los hermanos Husidic encajaron en el equipo y sus penurias diarias tenían un oasis de calma en los campos de juego. Su estilo de fútbol de barrio se desarrolló con rapidez y las perspectivas eran muy buenas.

Pero la felicidad duró poco en los ánimos de los hermanos Husidic. Las ayudas gubernamentales se cerraron cuando la guerra se dio por terminada. Era el momento de escoger un nuevo camino.

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América, tierra de oportunidades

Volver a Bosnia no era una opción. El país devastado y con reticencias que afloraban en cada momento, no era un buen sitio para que los jóvenes Husidic pudieran desarrollarse en la vida. Alemania les había mostrado que, con esfuerzo, podían aprovechar las oportunidades de un país del primer mundo aunque ellos vivieran en un tercer mundo.

Se abrieron las opciones de pedir un visado como refugiados en los Estados Unidos o Canadá. Había que intentarlo. Y Estados Unidos los aceptó. Cuando Adis y Alen recibieron la noticia de que su próximo destino era América, los hermanos no pudieron ocultar su enorme felicidad. Por fin, una oportunidad de prosperar, pensaron.

Llegó al profesionalismo en la MLS de la mano de Chicago Fire

Cogieron un tren de Hamburgo a Frankfurt y luego un avión que les llevó a Chicago. Y del aeropuerto, a hacer los trámites para ocupar una vivienda. Otra vez tener que depender de las ayudas de un estado conllevaba que las condiciones eran acordes con lo que se habían encontrado en Alemania: un piso pequeño de protección oficial en un barrio marginal del sur de la ciudad al lado de las vías del tren.

Por suerte, su padre encontró trabajo en la construcción y su madre en una oficina como recepcionista. Al principio el idioma fue un obstáculo pero con pasmosa evidencia se fueron integrando en la comunidad, empeñados en prosperar. Tuvieron que pasar ocho años hasta que los Husidic pudieron ocupar una casa de su propiedad tras vivir en varias zonas de Chicago.

Luego apareció de nuevo el fútbol como pieza integradora de su vida.

En el Hammarby creció deportivamente

De Chicago a Los Angeles pasando por Suecia

En 2003, con 16 años, ‘Baggio’ Husidic juega en el equipo del instituto y su fútbol de calle aporta la contundencia y la picardía necesarias en un país donde el fútbol es el cuarto deporte en atención mediática y todavía está muy verde. En un partido contra otro equipo donde juega el hijo del entrenador de Chicago Fire, Dave Sarachan, los hermanos Husidic deslumbran con su juego posicional y su ‘street-fighting dudes’ (tipos de pelea callejera), en palabras de Sarachan que le ofrece un contrato junior con el equipo filial de los Fire, el Sockers FC.

Tras un año a prueba en el Sockers, ‘Baggio’ Husidic hace el salto al profesionalismo al firmar por los Chicago Fire de la MLS, la primera división de fútbol de Estados Unidos, donde estará tres años. Se convierte en una pieza importante disputando 50 partidos y marcando 5 goles, aportando un estilo de juego que solo se veía en Europa y en las canchas argentinas. Lo conocen como un ‘stopper’, el que frena el avance del equipo contrario. Pero Adis reconoce que aún le falta mejorar y accede a ser cedido una temporada al Hammarby sueco para seguir creciendo.

En Suecia disputa 41 partidos y marca un gol. Aprovecha que está en Europa y durante unos días en que la liga está parada por el invierno, viaja hasta Bosnia-Herzegovina para visitar a su abuela que todavía vive. No había vuelto desde que se fue con 7 años.

Adis Husidic, feliz en Los Angeles Galaxy donde se consagró tras superar tantos obstáculos. Foto: courtesy Los Angeles Galaxy

Consagración en los Galaxy

Terminada su cesión de la temporada 2012-13, el laureado entrenador de Los Angeles Galaxy y de la selección estadounidense, Bruce Arena, llama a su puerta y le ofrece formar parte de la plantilla angelina.

Con 26 años, firma 4 temporadas con los Galaxy donde consigue un título, la MLS Cup tras diputar 104 partidos y marcar 9 goles.

Cuelga las botas en 2019 y pasa a formar parte del staff técnico como ayudante en el primer equipo del Saint Mary’s College en Moraga, California, cerca de San Francisco donde su maestría después de 164 partidos como profesional en la MLS es bien recibida por las jóvenes estrellas del fútbol de Estados Unidos.

Sin odio ni rencor

El sentimiento de ‘Baggio’ Husidic hacia todo lo referente a la guerra de los Balcanes y sus consecuencias personales, es de perdón.

“No hay odio de mi parte hacia nadie. Me entristece que haya sucedido, pero fue una guerra y, aunque todas las guerras son deplorables, en esta fue una matanza masiva entre religiones y sigue poniéndome triste que en otros lugares del mundo sigan habiendo guerras como la que nos tocó vivir”.

Hizo suya una frase que le ha acompañado toda su vida:

“Nunca eres libre hasta que perdonas” – Nelson Mandela

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