Ironman Chris Nikic

Su perseverancia le llevó a la proeza de terminar un triatlón para demostrarse que era capaz de conseguir lo que se propusiera.

‘Finisher’, esa palabra que completa un reto en el atletismo cobra todo su significado en Chris Nikic, un joven de 21 años de Florida. Toda su vida ha luchado contra su propia naturaleza para demostrar que podía alcanzar sus sueños pero aún más contra todos aquellos que ponían en duda sus capacidades.

Su lema de vida desde que se graduó en la escuela a los 18 ha sido “Nunca dejes de perseguir tu sueño”, y añade “porqué ahora sé que no tengo límites“.

Se propuso terminar un Ironman de tres pruebas: natación, bicicleta en ruta y un maratón. Para alguien con una condición física normal ya supone meses de preparación. Para Chris fue un esfuerzo mayúsculo de tres años que cambió gradualmente su cuerpo y su mente dándole la confianza que necesitaba y demostrarse que nada es imposible.

Chris, con su padre Nik. Foto courtesy Nikic familiy

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Nunca antes una persona con síndrome de Down había completado un Ironman. Chris Nikic fue a contracorriente del pensamiento general que limita a las personas que nacen con el cromosoma extra (cromosoma 21) para demostrar que sí se puede.

Aparte de las limitaciones cognitivas propias de las personas con síndrome de Down hay que añadir las limitaciones físicas como aprender a coordinar brazos y piernas en cada zancada, el saber parar cuando hay que beber agua o la rutina diaria del esfuerzo continuado.

El tono muscular y cognitivo de las personas con síndrome de Down les limita para realizar ciertas actividades pero el obstáculo más grande que haya tenido que superar Nikic es tener que hacer frente a las voces que gritaban en el desierto que nunca lo conseguiría.

Chris es un ejemplo de superación. Foto courtesy Nikic familiy

Lento pero seguro

La vida de Chris ya se complicó nada más nacer. Con cinco meses los doctores tuvieron que operar su corazón para que tuviera la fuerza necesaria para mantenerle con vida. Estaba tan débil y su equilibrio era tan precario que hasta que no cumplió los cuatro años tuvo que caminar apoyándose en un andador.

Para evitar que se ahogase mientras comía, sus padres le dieron papillas hasta los cinco años. Correr le llevó meses hasta que aprendió a coordinar su tronco superior con el inferior. Y no fue hasta los 15 años que sus padres, Nik y Patty, le llevaron a un aparcamiento vacío al aire libre para aprender a ir en bicicleta. Hacer treinta metros le llevó 6 meses.

Vestirse solo, atarse los zapatos y otras cosas cotidianas del día a día tardaban más tiempo del normal en la vida de Chris.

Sus padres le cambiaron hasta en siete ocasiones de escuela para encontrar la educación adecuada a sus necesidades. Chris ha comentado en alguna ocasión que se sentía muy solo y excluido y que su familia fue su soporte durante muchos años. Tiene una hermana mayor que jugó en la liga universitaria y fue una de las bazas importantes en su desarrollo deportivo.

Además, durante su adolescencia tuvo que pasar cuatro veces por el quirófano para solucionar unos problemas con los oídos.

Su plan de entrenamiento durante más de un año cambió la forma física de Chris. Foto courtesy Nikic familiy

La lista de los deseos

Como cualquier persona, Chris tiene sus deseos y sus sueños para realizar en la vida. El problema viene cuando observas con incertidumbre que muchos no se van a poder cumplir pero si alguno de ellos acaba realizándose tras semanas, meses o años de esfuerzo y dedicación, ya es una pequeña victoria que te da energías para otro reto.

Durante una Nochevieja, Nik le pidió a Chris que escribiese sus deseos para el próximo año y nuestro protagonista anotó tres cosas muy básicas pero a las que todos aspiramos: formar una familia, tener un coche y una casa. O sea, independizarse. Valerse por sí mismo. Esa nota hizo reaccionar a su padre que le instó a levantarse del sofá y poner en práctica alguna acción para revertir esa situación de apalancamiento.

Nik había observado como al finalizar los estudios elementales, muchos jóvenes con síndrome de Down se aislaban, se encerraban en sí mismos y vivían una vida solitaria. Se dio cuenta que Chris iba por ese camino.

Y encontraron en el deporte el acicate perfecto para mover a Chris hacia la realización de sus sueños. Él ya había disputado varias competiciones de los Special Olympics en baloncesto y natación durante su adolescencia pero ahora, en el paso a la edad adulta, había que buscar un nuevo reto.

Chris siguió un exhaustivo plan de entrenamiento. Foto courtesy Nikic familiy

Un 1% mejor

Durante una competición en Oregón en la que se debía cruzar a nado un lago, Chris escribió en el muro de la fama que la organización instala para que los participantes puedan anotar sus impresiones al terminar la carrera, ‘Chris World Champ’ (Chris campeón del mundo). Nik retuvo esa frase y de vuelta a Florida se preguntó en qué podía ser campeón su hijo.

Los Special Olympics de Florida organizaban pruebas de triatlón pero a un nivel de intensidad y recorrido adaptado y eso hizo pensar a Nik. Le propuso prepararse para un Ironman con un triatlón de natación, bicicleta y maratón.

Dan Grieb, experto atleta de Ironman y entrenador en los Special Olympics, seria su mentor en la hazaña. El proceso de adaptar el cuerpo de Chris a la exigente prueba sería lento. Tres años de entrenamientos levantándose a las cinco de la mañana durante seis días a la semana para hacer sus recorridos por el barrio añadiendo cada día un peldaño más.

La familia Nikic fue el auténtico soporte de Chris. Foto courtesy Nikic familiy

El método aplicado fue el del 1%. Cada día, Chris debía mejorar un 1% sus registros de entrenamiento. Bajo la supervisión de dos personas más y su padre, fue añadiendo kilómetros a sus piernas. Su cuerpo de 1 metro 45 cm. cogió consistencia y su mente cambió. Se volvió más extrovertido y simpático. Le invitaban a cenas, comentaba sus progresos y empezaba a ser un ejemplo para otros chicos y chicas como lo fue Chelsea Warner, medallista de oro en gimnasia en los Special Olympics.

Además ese 1% también lo aplicó a su vida diaria. Se volvió más independiente y responsable en su dieta. La rutina y un plan riguroso marcado de cerca por sus entrenadores, Dan, Simone Goodfriend , Carlos y Héctor Torres dieron sus frutos. Empezó a competir en carreras de pocos kilómetros, superando las pequeñas lesiones que aparecían y mejorando registros a lo largo de los meses. Con el Ironman entre ceja y ceja.

Chris con Dan. Fue su mentor y entrenador. Foto courtesy Nikic familiy

El Ironman de Panama City Beach

Levantado desde las 4 de la mañana, Chris tenía por delante 3 kilómetros y 800 metros a nado, 180 kilómetros en bicicleta y un maratón de 42 kilómetros. Esa mañana de noviembre de 2020 soplaba un viento constante desde el golfo de México y Chis ya se encontraba preparado junto a sus entrenadores en la línea de salida.

Primero tocaba zambullirse. Atado a una goma elástica a Dan Grieb recorrió la distancia sin problemas. Salió del agua y le ayudaron a atar sus pies en unas sujeciones especiales a la bicicleta. Quedaban muchos kilómetros por delante. Chris utiliza una bicicleta como la de los otros atletas pero con el manillar recto y no curvilíneo ya que le va mejor para mantener el equilibrio.

Durante el trayecto tuvieron que parar en varias ocasiones para beber agua. En una de ellas, Chris no se percató del nido de hormigas rojas que estaba al borde de la carretera y cuando se dio cuenta ya estaban mordiendo sus piernas. Una fortuita caída dañó una de sus rodillas pero su determinación en acabar el Ironman seguía intacta.

Terminada la prueba sobre ruedas tocaba un maratón. Las fuerzas empezaban a flaquear y mentalmente Chris se sentía agotado. Sobre el kilómetro 25 paró. Sus entrenadores y su padre se abalanzaron sobre él para animarle. Parecía que Chris tiraba la toalla, que lo dejaba para el próximo año. Tantos meses, tanto esfuerzo, se difuminaba bajo el atardecer de Florida.

Fue entonces cuando Nik le dijo la frase que activó a Chris: “¿Te vas a dejar vencer por el dolor o van a vencer tus sueños?”. A lo que contestó: “Van a vencer mis sueños”. Y siguió hasta la meta.

El tiempo máximo estimado para completar la prueba que la organización había marcado era de 17 horas. Chris la completó en 16 horas, 46 minutos y 9 segundos repartidas en 1 hora y 54 segundos a nado, 8 horas y 12 minutos en bicicleta y 6 horas y 18 minutos corriendo.

Mejorando el swing un 1%

Reto conseguido. Ahora toca divertirse y celebrarlo. Sobre todo con la familia. Chris llegó a casa y le puso la medalla alrededor del cuello de su madre. Entrevistas, reportajes y mucha visibilidad. Chris consiguió lo que se propuso y de rebote insufló esperanza en muchos jóvenes con síndrome de Down para demostrarles que pueden hacer lo que se propongan.

El próximo objetivo es el Ironman de Hawaii….y mejorar su swing en el golf un 1% cada día para llegar a competir en el circuito profesional. Porque en perseverar nadie le gana.

Con los integrantes de su equipo de entrenadores. Foto courtesy Nikic familiy

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