Claire Supiot. Photo courtesy by Theo Bariller-Krine

Afectada por una enfermedad degenerativa hereditaria, participará en los Juegos Paraolímpicos de Tokio 2020 después de haber competido en los de Seúl’88 como olímpica.

El devenir de los años ha moldeado a Claire Supiot en una atleta con una capacidad de sacrificio y trabajo fuera de lo común. Saber que en tus genes llevas una tara que puede aparecer en cualquier momento, hace que prosigas tu vida con cierta incertidumbre pero con el convencimiento de afrontarlo con éxito.

“Al principio negué la enfermedad pero, finalmente la acepté”

Hace 12 años y a raíz de una lesión en el pie, le detectaron la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, una neuropatía hereditaria que afecta los nervios que controlan los músculos de las piernas y provoca fatiga crónica. Pero lejos de darse por vencida, volvió al agua donde se siente como un delfín, como ella misma se ha definido.

Tras formar parte del equipo olímpico francés que participó en los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988 donde quedó eliminada en las rondas previas, volverá a una cita olímpica en los Paraolímpicos de Tokio de 2020 en la misma modalidad. Un caso único que demuestra un espíritu inquebrantable de superación, esfuerzo y trabajo constante.

Claire Supiot muestra orgullosa una medalla conseguida en los campeonatos nacionales. Photo courtesy by Facebook Natation Handisport

¿Por qué es una ‘Outsider’?

Volver a la competición a los 53 años está al alcance de pocos atletas y Supiot consiguió las marcas necesarias en los campeonatos clasificatorios los días 12 y 13 de diciembre en Angers después de batir un récord de Francia en los 100 metros mariposa, un récord europeo en los 50 metros estilo libre y un récord mundial en los 100 metros estilo libre.

“Ciertamente mis piernas no funcionan tan bien, pero sí mi cabeza y mi corazón”

Sus condiciones físicas son excepcionales para una persona con la enfermedad degenerativa que le provoca dolores e impedimentos en su quehacer diario. Hace cinco años lo que le cansaba era pensar en la enfermedad. Ahora se cansa cuando piensa que ha nadado cinco kilómetros, ha hecho una sesión de musculación, ejercicio físico preparatorio y ha visitado al nutricionista. Esos sí que son motivos por los que siente que puede estar cansada. Solamente piensa en la enfermedad al final del día.

Claire es un ejemplo para otros deportistas con discapacidades degenerativas y la razón la da ella misma en las charlas en escuelas y centros deportivos de alto rendimiento: “Todo es posible. Da igual la edad que tengas. Se trata de tener medios a tu alcance y, sobre todo, rodearte de gente que te quiera. Cuando hay amor, amistad y buenos profesionales que te ayudan, te sientes capaz de todo”.

Supiot volvió a sentirse como un delfín. Photo courtesy by Facebook Natation Handisport

La tragedia de Juigné-sur-Loire, el motivo

La historia de Claire con la natación empezó a una edad muy temprana. Sus padres quedaron consternados por la tragedia que ocurrió un 18 de julio de 1969 cuando 19 niños se ahogaron al no poder resistir la fuerza de la corriente del río. La apuntaron a natación con cuatro años y medio y siguió su aprendizaje hasta los 13 años cuando fue descubierta por el entrenador Jacques Meslier en Dinard (Ille-et-Vilaine). Meslier ha dicho en más de una ocasión que Claire no era la mejor nadadora del grupo pero sí la más capaz por su enorme fuerza mental.

A los 16 años ya formaba parte del equipo francés de natación y cuatro años después, en 1988, era seleccionada por su país para participar en los Juegos Olímpicos de Seúl en los 200 metros mariposa. Durante esos cuatro años logró nueve títulos en los 100 metros mariposa y los 200 metros mariposa. En los Juegos Mediterráneos de 1987 ganó una medalla de plata en los 400 metros estilo libre y una de bronce en los 800 metros estilo libre.

Cumplió su sueño de participar en unos Juegos Olímpicos aunque fue eliminada en los rondas previas.

El paréntesis

“No tuve una adolescencia como las demás chicas”. Así de contundente se muestra Claire con su etapa durante la que vivió por y para la natación. Una exigencia deportiva que afectó a su vida personal.

Tras colgar el bañador descubrió el triatlón pero lo practicó en pocas ocasiones puesto que se casó y tuvo tres hijos en un intervalo de 4 años. La vida en pareja cogió unos caminos complicados y después de un proceso de divorcio, acabó criando los tres hijos sola.

Encaró la vida con otro propósito. Pasó al anonimato siguiendo las competiciones por televisión pero con la mente puesta en la crianza hasta que apareció la enfermedad.

La aceptación del diagnóstico le llevó tiempo: “Es un impedimento que conocía bien, pero cuando te toca a ti ves las cosas de otra manera”.

Entrena a diario en el complejo deportivo de Angers. Photo courtesy by Instagram/franckpotvin

Mente ganadora

Mientras ejercía sus funciones laborales como empleada del consejo departamental de Maine-et-Loire, nunca imaginó su vuelta a las piscinas. Una lesión en el pie en 2008 derivó en el diagnóstico de la enfermedad degenerativa y una charla amigable con una vecina que la convenció de practicar aquagym le puso el ‘gusanillo’ de sumergirse para sentirse de nuevo un delfín.

“No fue suficiente para mi y fue entonces cuando volví a tener gusto por la natación”, admite. En 2015 se puso en manos de Maxime Baudry y su hermano Marc y volvió a sentir la adrenalina de robar milésimas de segundo a cada brazada. “Hacer lo que ella hace a los 53 años, es excepcional” dice su hermano y añade “su fuerza mental es mejor que en 1988”.

En 2018 llegaron los primeros resultados deportivos. Se coronó campeona de Europa en los 50 metros de estilo libre y añadió a su palmarés dos medallas de bronce en los mundiales de 2019.

Cada día se levanta a las 5:20 de la mañana y, apoyada sobre un bastón de colores, se acerca a la piscina Jean Bouin en el complejo deportivo Raymond Kopa de Angers, curiosamente situado en el boulevard Pierre de Coubertin (fundador de los Juegos Olímpicos).

Con la mente puesta en los Juegos Paraolímpicos, Supiot aspira a llegar al podio.
Photo courtesy by Ouest France

Nunca aparece en su rostro la fatiga producida por la debilidad muscular de sus piernas. La enfermedad de Charcot-Marie-Tooth puede generar una marcha de pasos alargados que desencadena en tropiezos y caídas frecuentes. Claire se toma su tiempo. A veces utiliza una silla de ruedas eléctrica para concentrar sus fuerzas dentro del agua.

Marc Robelet, nadador discapacitado que practica en el mismo club observa de ella que “sobre todo tiene una mente ganadora que le permite realizar ejercicios con la misma intensidad cuando otros se agotarían rápidamente”.

Entre entrenamientos, charlas, fisioterapia y preparación física, antes de los Juegos de Tokio 2020 aparece la cita del campeonato de Europa para Discapacitados previsto para mayo de 2021 en Funchal (Madeira).

Claire recuerda en cada zambullida a aquellos que ya no están a su lado, como sus padres o su primer entrenador. Se inspira en su tío, portador de la enfermedad que a los 83 años sigue saliendo a caminar para mantener los músculos activos.

Marie Frisson, la niña que no tiene miedo a los monstruos. Ilustración de Olivier Supiot.

La niña que no tiene miedo a los monstruos

Bajo su bañador aparece un tatuaje. Es Marie Frisson. Una heroína de un cuento infantil escrito por Eric Baptizat y dibujado por su primo Olivier Supiot. Marie Frisson es una niña, no más alta que tres manzanas, que no tiene miedo a los monstruos, las brujas y los vampiros y se enfrenta a ellos entendiendo que para vencer los miedos hay que afrontarlos. Con una sonrisa y la calidez de un abrazo. Porque como bien dice Claire, con amor todo es posible.

La colección de cuentos para niños ‘Marie Frisson’ ha sido ilustrada por el primo de Claire, Olivier Supiot.

Foto de portada cortesía de Théo Bariller-Krine.

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