Michael Edwards

Miope, con 10 kilos de más y considerado el peor saltador de la historia, su participación en Calgary’88 demostró la obstinación de un hombre por conseguir su sueño

Todo lo que le faltaba a Michael Edwards de preparación, físico y cualidades atléticas para llegar a participar en unos Juegos Olímpicos le sobraba de determinación, obstinación e ilusión.

Fueron varios los impedimentos que se encontró en su camino hacia Calgary’88: sin entrenador, sin instalaciones donde practicar, sin equipación ni material adecuado, sin el apoyo del comité británico y despreciado por otros saltadores que consideraban su participación una vergüenza para el deporte, Eddie ‘The Eagle’ nunca desfalleció, se agarró a su sueño y además se ganó un público ávido de historias de superación.

Difícilmente alguien recuerde el nombre del ganador de la medalla de oro de los saltos de esquí de esos Juegos Olímpicos, Matti Nykänen. Considerado como el mejor saltador de esquí masculino de todos los tiempos, ganó cinco medallas (cuatro de oro) en los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary’88 y de Sarajevo’84, nueve medallas del Campeonato del Mundo (cinco de oro) y 22 medallas de campeonato de Finlandia (14 de oro).  Nykänen es el único saltador en la historia que ha ganado en los cinco grandes campeonatos de saltos de esquí pero también dejó tras de sí al morir a los 55 años una vida de excesos con el alcohol, maltratos, bancarrota económica, trabajos de stripper, sospechas de intento de homicidio, sentencia de prisión y cantante pop.

Pero sí quedará para los anales del olimpismo la hazaña de Eddie ‘The Eagle’. Por su salto y por la regla que lleva su nombre y que impuso el Comité Olímpico Internacional después.

Icono del espíritu olímpico. Foto: courtesy by Steve Wood / Rex features

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Todos los niños tienen sueños. Factibles o no, realizables o no. El sueño de Michael Edwards era convertirse en actor de escenas peligrosas aunque acabó trabajando de enyesador. El apodo de ‘Eddie’ surgió en la escuela cuando los otros chicos empezaron a llamarle por el diminutivo de Edward y ya le quedó.

Y participar en unos Juegos Olímpicos…..a los 25. Como el físico muchas veces determina el deporte al que se acabará dedicando un niño, Edwards no encajaba en ninguna disciplina. Al no lograr ser un buen esquiador de esquí alpino, apareció la posibilidad de probar como saltador.

Escogido siempre el último en los equipos de fútbol de la escuela, su forma física no hacía presagiar una carrera deportiva exitosa y mucho menos olímpica. De estatura mediana, algo pasado de peso y miope, su terquedad por participar en unos Juegos Olímpicos le llevó a salvar todos los obstáculos que la sociedad con su menosprecio y las organizaciones deportivas con sus dudas, le mostraban que lo pudiera conseguir.

Michael Edwards consiguió su sueño de participar en unos Juegos Olímpicos.

Seis pares de calcetines en las botas

Quedó fascinado al ver los saltos de esquí por televisión y durante dos años estuvo entrenando con un objetivo claro: llegar a Calgary. El primer contratiempo al que se enfrentó Eddie fue el presupuesto. Escaso de dinero debía costearse el viaje y el material. Con unos esquís prestados de su entrenador Chuck Berghorn y seis pares de calcetines en las botas también prestadas, inició su carrera en Lake Pacid, Nueva York.

Las gafas se le empañaban y su peso, 82 kilos, distaba bastante del prototipo atlético necesario para los saltos de esquí. Aún así, representó a Gran Bretaña en el Campeonato Mundial de 1987 en Oberstdorf, Alemania Occidental y quedó en un meritorio puesto 55. Como único representante británico sin competencia obtuvo la tan deseada plaza para los Juegos Olímpicos de Calgary. Eso le dio la notoriedad necesaria para que su historia se empezara a conocer.

Junto a sus padres y su hermana Liz

El público y la prensa, ávidos de historias extraordinarias, se volcaron en saber como le iba a su representante y consiguió algunos patrocinadores que apaciguaron su maltrecho presupuesto. Los aficionados esperaban que en cualquier salto se rompiera la crisma pero sorprendentemente salía ileso de multitud de caídas. Enamoró por su determinación y por un encanto natural innato.

Eddie tuvo que afrontar la cita olímpica autofinanciándose.

El casco atado con un cordel

Eddie se enteró de su clasificación para Calgary’88 mientras estaba en el hospital psiquiátrico de Kuopio, Finlandia, donde, durante un mes, vivió mientras entrenaba invitado por el equipo olímpico finlandés. Fue el único sitio que encontró gratis.

Desde 1928 no había habido un representante de Gran Bretaña en los saltos de esquí olímpicos y, aunque formaba parte de la familia de atletas olímpicos que se preparaban para los Juegos, no recibió ninguna ayuda ni ordinaria ni extra para costearse los desplazamientos o el material. Así que, como buen hijo de obreros se buscó la vida. Se alimentaba a base de latas, hizo de canguro de niños, cortó el césped de jardines particulares y fregó platos en un hotel de Colorado mientras entrenaba en Aspen.

Para participar en los Juegos de invierno, el equipo austríaco le prestó unos esquís y los atletas italianos un casco ya que el que utilizaba habitualmente lo perdió en un salto de entrenamiento al ir atado con un cordel. Rompió hasta ocho gafas, las que tanto necesitaba para saltar y que se le empañaban, antes de participar en los Juegos.

Histórico salto para Gran Bretaña. Foto: courtesy by Bettmann Archive

Récord de Gran Bretaña

La cita olímpica fue el 14 de febrero de 1988 para el trampolín corto, el de 70 metros. Sus marcas fueron las esperadas, desastrosas para cualquiera que se hubiera puesto como objetivo hacer carrera en esta disciplina y tener opciones de seguir participando. Para Eddie ya fue suficiente caer de pie tras el salto. Saltó 61 metros en dos saltos consiguiendo 69,2 puntos, a 71 puntos del penúltimo clasificado, el catalán Bernat Solà Pujol que consiguió 140,4 puntos.

Gran expectación en la rueda de prensa.
Foto: courtesy Colorsport/Rex-Shutterstock

Tres días después, el 17, se celebraba la cita para el trampolín largo, el de 90 metros. Un fuerte viento recorría las pistas de esquí y el comité organizador de los Juegos instó al comité británico a retirar a Eddie ‘The Eagle‘ de la competición. “No way” (“de ninguna manera”) fue la respuesta tajante de los dirigentes británicos que ya habían intentado convencer a Eddie para que no fuera semanas antes de la cita. Era la sensación del campeonato y no querían echarse atrás. En su salto de 71 metros, nuestro protagonista sumó 57,7 puntos, a 53,3 puntos del penúltimo, el canadiense Todd Gilman. Matti Nykänen consiguió 229,1 puntos en el corto y 224 en el largo.

Eddie rebosó felicidad tras el salto. Foto: courtesy by Calgary Herald

Aún alcanzando estos registros, Eddie hizo el récord de Gran Bretaña y se llevó de calle la máxima ovación a un deportista durante el certamen. Tuvo que defenderse de los atletas más puristas que pensaban que desprestigiaba su deporte cuando en realidad estaba dando visibilidad y horas de televisión. Hasta un periódico de Alemania del Este lo tildó de payaso del deporte. El auténtico espíritu olímpico quedaba reflejado en Michael Edwards, ‘el Águila’, mote que le puso un canal de televisión a su llegada al aeropuerto de Calgary cuando su fama ya le precedía y le quedó para siempre.

La regla Eddie ‘The Eagle’

Su participación y sus pobres registros en la convocatoria de Calgary’88 hicieron que el Comité Olímpico Internacional (COI) se replantease la participación de algunos atletas. Había que preservar el olimpismo y su aceptación de todos aquellos que quisieran participar pero había que poner límites. Instauraron la norma de que había que quedar entre los mejores 50 en competiciones internacionales previas para tener acceso a unos Juegos.

Estos requisitos hicieron casi imposible la participación de otros soñadores como Eddie. Solamente el nadador de Guinea Ecuatorial Eric Moussambani logró estar en Sidney 2000 gracias a una wild card para países en desarrollo que permitió el COI.

Un disco sencillo, una película y anuncios

La vida después de los Juegos de invierno siguió su curso y Eddie intentó sacar el máximo provecho a su popularidad. Gravó un disco sencillo con dos canciones en finlandés. No sabía el idioma pero se aprendió fonéticamente la letra y consiguió situar su canción “Eddien Siivellä” (“En el ala de Eddie“) en el segundo puesto de las listas finlandesas.

Quiso repetir su gesta en los Juegos de invierno de Albertville de 1992 y en los de Lillehammer de 1994 pero no hizo los registros suficientes y su misma regla le dejó fuera. Aún habiendo conseguido patrocinio de la compañía aérea inglesa Eagle Airlines durante cinco años para prepararse para Nagano’98 tampoco se clasificó.

Accedió a participar en un evento benéfico haciendo un salto donde recaudó 230.000 libras para la organización Children in Need.

Michael Edwards, en la actualidad. Foto: courtesy by Rex

Rodó anuncios de televisión para marcas de coche de las que obtenía 10.000 libras la hora pero en 1992 se declaró en bancarrota incapaz de gestionar sus emolumentos. Se puso a estudiar derecho y se sacó la licenciatura por la Universidad de Montfort en Leicester.

En 2016 se estrenó su película biográfica, “Eddie The Eagle” con Hugh Jackman como su entrenador y con Christopher Walken en el elenco de artistas donde destacaba por su similitud física y movimientos el actor Taron Egerton brodando el papel de Michael Edwards. Fue la película más taquillera del Reino Unido ese año.

Michael Edwards, Eddie ‘The Eagle’, todo un outsider que mantuvo vivo el espíritu olímpico.

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