Eric Liddell

De profundas creencias religiosas, el velocista escocés se perdió la final de los 100 m. de París’24 y fue misionero en China.

Un excelente deportista. Pero entregado por completo a difundir la palabra de Dios. Eric Liddell nació un 16 de enero de 1902 en Tianjin, China, donde sus padres estaban desplazados como misioneros de la iglesia protestante congregacional. Tal influencia repercutió en su firme decisión de no competir en domingo. Y perderse la final de los 100 metros de los Juegos Olímpicos de París de 1924 donde tenía muchas posibilidades de llevarse la medalla de oro como se llevó la de los 400 y un bronce en 200 metros.

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La familia Liddell en 1908. Foto: Eric Liddell Centre

¿Por qué es un ‘Outsider’?

La fecha de la final de los 100 metros de París’24 ya se sabía con mucha antelación por lo que Liddell se entrenó a fondo para los 400 metros rebajando su marca en dos segundos: de los 49’6” a los 47’6”. Un récord europeo que se mantuvo hasta los Juegos Olímpicos de Berlin de 1936. Pero se negó en redondo a correr el día del Señor cediendo así la victoria a Harold Abrahams, también inglés.

Luego, sin tiempo de disfrutar la fama o de continuar una exitosa carrera deportiva, lo dejó todo para volver a China y continuar la labor apostólica que iniciaron sus padres.

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Eric posa con sus compañeros del equipo de rugbi del Eltham College como capitán. Foto: Eric Liddell Centre

Rugbi, cricket o atletismo

De ascendencia escocesa, fue enviado a estudiar junto a su hermano mayor Rob al Eltham College, colegio para hijos de misioneros del sur de Londres, hasta que ingresó en la universidad de Edimburgo en 1920 donde su pasión por los deportes le llevó a practicar cricket y rugbi. Lo de jugar a cricket duró poco pero con el balón ovalado, llegó a ser capitán del equipo de la escuela y, ya en época universitaria, defendió la camiseta del quince del cardo en dos torneos del 5 Naciones en 1922 y 1923.

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Eric, junto a su hermano mayor Rob, en el colegio Eltham. Foto: Eric Liddell Centre

Aunque donde destacaba con pasmosa superioridad era en la velocidad. Declarado como el velocista más rápido de Escocia, su estilo inconfundible al correr con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, la boca abierta y el torso arqueado, le permitieron alcanzar buenas marcas en los 100, los 200 y los 400 metros. En 1923 batió el récord de Gran Bretaña en los 100 metros en 9’7” que no fue igualado hasta 23 años después.

Fue entonces cuando el joven Eric tuvo que tomar la decisión de su vida al ganar en la Triple A en los campeonatos de atletismo de Gran Bretaña: en el horizonte aparecían los Juegos Olímpicos de París de 1924 y se preparó a conciencia para alcanzar unos buenos registros. Aunque su especialidad eran los 100 metros también se entrenó para los 400 y para los relevos.

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Primera convocatoria de Eric Liddell con la selección escocesa de rugbi en 1922. Liddell aparece sentado a la derecha.
Foto: Scottish Rugby Union

Sobre cenizas

Y llegó el 10 de julio de 1924. A las dos de la tarde de un soleado jueves, Eric Liddell disputó las clasificaciones de los 400 metros en el estadio de Colombes. No tuvo problemas para clasificarse para la siguiente ronda a las 4 de la tarde. El primer tiempo fue de 50.2 segundos con el sueco Nils Engdahl alcanzando los 49.2 segundos. En segunda ronda Liddell bajó hasta los 49.3 segundos con el suizo Josef Imbach bajando hasta los 48 segundos. Las semifinales se disputarían el viernes 11 de julio a partir de las 14:45 horas. De los 12 corredores que quedaron se hicieron los carreras de 6 para determinar los seis que pasaban a la final. Eric Liddell paró el reloj en 48.2 pero no fue el mejor tiempo puesto que el estadounidense Horatio Fitch lo paró en los 47.8 segundos.

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Eric Liddell en primer puesto de los 400 metros en los Juegos Olímpicos de París de 1924. Foto: Miroir Des Sports.

A las 17:30 horas del viernes se disputó la final. Liddell se enfrentó a los estadounidenses Horatio Fitch y Jonh C. Taylor, al también inglés Guy Butler, al canadiense David Johnson y al suizo Josef Imbach.

Liddell no era el favorito para llevarse el oro. Quien tenia todos los números para vencer era Horatio Fitch que en las rondas previas y las semifinales había conseguido los mejores registros. Ocupando el carril 8 y sin visión para saber la distancia a la que estaba de sus perseguidores, realizó los primeros 200 metros como un sprint cogiendo una ventaja sobre los estadounidenses que fue decisiva. La pista, cubierta de cenizas, y con 45.000 espectadores en las gradas, vio como el velocista escocés batía el record de los Juegos Olímpicos dejando el cronómetro en 47,6 segundos.

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Eric Liddel, junto a su entrenador Tom McKerchar. Foto: Eric Liddell Centre

Además también consiguió el bronce en los 200 metros, disputados el miércoles 9 de julio, por detrás de los estadounidenses Jackson Scholz (21.6 seg.) y Charles Paddock (21.7 seg.) con un registro de 21.9 segundos. En esta carrera superó a su compañero de equipo de origen judío Harold Abrahams (quedó sexto) y que se llevó el oro en los 100 metros donde Eric renunció participar.

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Eric, en 1922, durante las competiciones de Gran Bretaña.
Foto: Central Press

Renunciar a la fama olímpica

The Flying Scotsman (‘El escocés volador’) fue paseado a hombros por el campus de la universidad de Edimburgo por sus compañeros al regresar de París. Pero en lugar de saborear las mieles del éxito deportivo tomó la decisión de volver a China y continuar la labor apostólica de sus padres como misionero. Profesor en un colegio anglo-chino de Tianjin, siguió corriendo por placer intentando explicar las bondades del deporte a los niños. En 1934 se casó con la canadiense Florence McKenzie, hija también de misioneros y tuvieron tres hijas.

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Eric Liddell es llevado a hombros por el campus de la universidad de Edimburgo. Foto: Corbis

“Es natural que un muchacho reflexione sobre todo eso a veces, pero me alegra estar en el trabajo que estoy comprometido ahora”

Triste final

La invasión japonesa de China en 1941 agravó la situación hasta entonces plácida para la familia Liddell. El gobierno británico aconsejó a todos sus súbditos que abandonaran el país asiático ya que no podía garantizar su salida. Florence y sus dos hijas se fueron a Canadá (estaba embarazada de la tercera) mientras Eric viajaba hasta Xiaozhang (a cuatro horas y media de Pequín) donde su hermano Rob estaba ejerciendo de médico rural. El avance de las tropas japonesas fue imparable. Desde el desembarco en el puerto de Tianjin llegaron a Pequín (a dos horas en coche) y ocuparon toda la región en pocas semanas.

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Una de las últimas imágenes de Liddell en China. Foto: Eric Liddell Centre

El desmantelamiento de la misión en 1943 y el traslado de Liddell a un campo de prisioneros presagió lo peor. Aunque ya enfermo por un tumor cerebral que mermaba sus condiciones y las paupérrimas condiciones del campo de prisioneros, nada impidió que siguiese con su labor de difundir la Biblia, entretener a los niños y cuidar de los viejos. Tuvo la oportunidad de salir del campo pero cedió su puesto a una mujer embarazada. El 21 de febrero de 1945 moría tras escribir una carta a su mujer contándole la mala situación de salud en la que se encontraba.

“A menudo, al caer la tarde, lo veía inclinado sobre un tablero de ajedrez o un modelo de barco, o dirigiendo algún tipo de baile cuadrado, absorto, cansado e interesado, volcando todo su esfuerzo en capturar la imaginación de estos jóvenes encerrados. Estaba rebosante de buen humor y amor por la vida, y con entusiasmo y encanto. De hecho, es raro que una persona tenga la suerte de encontrarse con un santo, pero se acercó tanto como cualquier persona que haya conocido “. Langdon Gilkey, misionero que sobrevivió al campo de prisioneros.

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Eric, con su hermano Rob, en China en 1938. Foto: Eric Liddell Centre

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