Garin Jenkins. El último minero en la selección galesa de rugby

Garin Jenkins. Photo courtesy PA Images

Delincuente juvenil adicto a los disolventes, pasó por un reformatorio, recogió uvas en Francia con 13 años, trabajó en una mina hasta que la cerraron y llegó al rugby para convertirse en el hooker con más internacionalidades.

Hay una ley no escrita en el rugby que dice que no te quejes: no te quejes al árbitro, no te quejes de dolor y no te quejes de los compañeros. Juega, solo juega. Esa norma que se aplica sobre el campo, Garin Jenkins la ha aplicado toda su vida sin saberlo incluso antes de jugar al rugby. Pasar por un reformatorio, ir a recoger uvas a Francia con 13 años o trabajar en una mina formaron parte de su vida porque las circunstancias le llevaron a ello.

Y no se quejó. Lo asumió y luchó por vivir o, mejor dicho, sobrevivir en un entorno complicado hasta que el rugby apareció en su vida y se acabó convirtiendo en el talonador con más internacionalidades de Gales entre 1991 y 2002 (58 partidos, hasta que le superó Matthew Rees con 60).

Echando la vista atrás, le diría a su yo de 13 años: «No importa lo difícil que sea, no importa en qué situación te encuentres, siempre hay una salida. Sigue adelante. Si alguien a tu alrededor te desanima y te dice que no puedes hacer algo, olvídalo y sal de su lado».

Ahora, feliz con su trabajo en el taller de British Oxygen Gas & Gear cerca del Castillo Margam, en Port Talbot (a 43 minutos de Cardiff), es un ferviente creyente que fía toda su existencia al Altísimo que intercede como explicación a los avatares de su vida. Y da gracias a Dios cada día por haber superado un cáncer en el cuello.

Garin Jenkins lleva el balón en un Gales-Argentina

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Fue un chico duro de clase trabajadora que si recibía un golpe no se quejaba pero que también lo devolvía. Nació el 16 de agosto de 1966 en Ynysybwl, un pueblecito de escasamente 5.000 almas al sur de Gales, a 24 km al noroeste de Cardiff, de donde han salido otros grandes jugadores como Alun Wyn Davies, exjugador y entrenador de la selección galesa; Staff Jones, seleccionado con los British Lions a Nueva Zelanda en 1985 o Dale Lynsey Manawa «Chief» McIntosh, capitán del Pontypridd, seleccionado con Gales y entrenador.

Aguantó los golpes que le dio la vida y los que recibió en el terreno de juego y en el rugby encontró su espacio, su objetivo en la vida y su realización como persona.

«He tenido un pie en el lado bueno y el malo de la vida. He lastimado y ofendido a mucha gente. Pero también me he corregido y sigo corrigiéndome».

Garin Jenkins, en primer plano, entrenando para Pontypool RFC

Rebeldía adolescente

Expulsado de la escuela por mal comportamiento, sobre los 12 años ingresó en un reformatorio donde se quedaba semanas enteras. Se rebeló en su adolescencia pero reconoce que no «rompí ni robé nada, solo que no iba a la escuela y me metí en problemas por abusar de los disolventes» a los que se enganchó. No encontraba su sitio, solo quería encajar y sucumbió a la presión del grupo de amigotes.

A los 13 años partió hacia una aventura en Francia junto a dos chicos más 5 años mayores que él. Cuenta que uno huía del ejército y el otro buscaba su camino. Trabajó unos meses recogiendo uva y volvió a Gales. Recuerda su adolescencia llorando y rezando desesperado por haber terminado en un sitio donde no quería estar: no tiene un buen recuerdo del reformatorio.

Jenkins, defendiendo la camiseta del Swansea

Lady Windsor

A los 18 entró a trabajar como muchos chicos de su región en las minas de carbón. Compaginaba el oscuro trabajo minero con algunos partidos de rugby amateur en Ynysybwl. Aunque nunca se planteó dedicar su vida al deporte, sí que había un resquicio en su mente de poder salir de la mina y vivir como los jugadores que veía en la televisión. En ese momento, era simplemente una escapatoria y una excusa para poder beber después de los placajes.

La mina de carbón Lady Windsor exprimió su fuerza física durante 4 años. A los 22, Garin se encontró un día la mina cerrada: 104 años de historia de la mina terminaron en 1988. La reconversión impulsada por el gobierno de Margaret Thatcher dejó en la estacada a miles de jóvenes, con generosas cuantías de indemnizaciones pero sin un objetivo en la vida.

Garin debía buscarse otro trabajo y para un chico con su fuerza física solo cabía esperar alguna faena en el puerto de Cardiff. Alguien le dijo que tenía otra opción: seguir jugando a rugby. Pero necesitaba disciplina y aplacar su agresivo temperamento. Durante su etapa como amateur fue expulsado y suspendido durante varias semanas en varias ocasiones. Se lo planteó y decidió hacer las maletas y viajar a Nueva Zelanda para probar si tenía las capacidades sufrientes para dedicarse al rugby.

Garin Jenkins, durante un partido frente a Australia

Internacional con Gales cavando una zanja

Aprendió el juego y el rugby lo disciplinó. Volvió a casa para consagrarse en el Swansea y la Selección Galesa pero parecía que tenía siempre todos los números que tocaban en la lotería del panel disciplinario de la Unión Galesa de Rugby. A menudo, las 10.000 gargantas de Stradey Park, casa de los Scarlets y del Llanelli RFC, se esforzaban por abuchearle. Como en muchos otros campos. Dice no guardar rencor con las aficiones de Aberavon, Pontypridd o Neath, al contrario, reconoce que tiene amigos en todos los clubes galeses.

Su carrera arrancó en el Swansea RFC. El carácter amateur del rugby en los años 90 hizo que Jenkins compaginara los entrenamientos y partidos con un oficio. Recuerda perfectamente que estaba cavando una zanja en Pontypridd Park cuando recibió una llamada de la Federación de Rugby anunciándole que había sido convocado por primera vez para vestir la camiseta de los ‘Dragones Rojos‘.

A Garin Jenkins se le recordará por partidos memorables, placajes duros, alguna que otra sanción y haber formado parte de la plantilla del Swansea que ganó a la todopoderosa Australia (21-6) en 1992 con Keith Colclough, Chris Clark, Alan Reynolds, Richard Webster, Richard ‘Dick’ Moriarty, Paul Arnold y, en la última fila, Stuart Davies como capitán.

Pero por si alguna cosa más será recordado Jenkins es por la terrible imagen que quedó del partido entre Gales y Argentina en el partido inaugural de la Copa del Mundo que se disputaba en Gales. En un lance del juego, con varios jugadores de ambos equipos luchando por un balón, un jugador argentino metió el dedo índice en el ojo izquierdo de Garin como si de una bola de bolos se tratara. Tuvo un desprendimiento de retina y dice jocoso que ahora los ópticos utilizan la imagen para explicar como se trata una lesión como esta. El fotógrafo ganó 800.000 libras por la imagen.

Gwyn Jones se quedó tumbado boca abajo tras un golpe en el Cardiff-Swansea en el minuto 13 del 13 de diciembre de 1997. Garin Jenkins subió a la grada en ese mismo partido a asistir a su padre por un ataque al corazón

El fatídico 13 de diciembre de 1997

En cualquier evento deportivo pueden ocurrir desgracias pero que en un mismo partido ocurran dos, es fatalidad. El 13 de diciembre de 1997 pasará a la historia del rugby galés por haberse convertido en el encuentro donde Gwyn Jones tuvo que dejar la práctica del rugby por un encontronazo en el que se lesionó de gravedad en el cuello.

Se enfrentaban el Swansea y el Cardiff en el Arms Park de Cardiff con las gradas llenas ávidas de ver un espectáculo de deporte. Pero se convirtió en el día más oscuro. Corría el minuto 13 y un golpe en diferentes direcciones sobre el cuello de Gwyn Jones, capitán de Gales y jugador del Cardiff, le dañó la médula espinal. Una carrera deportiva que había empezado en sub15 siendo capitán de la selección e internacional sub18 y sub21, terminaba de forma abrupta sobre el terreno del Arms Park. Ver el cuerpo inerte de Jones boca abajo sobre el césped impactó a los espectadores, jugadores y técnicos. Los fisios y médicos salieron al instante y le pusieron un collarín. Se lo llevaron en camilla y un silencio sepulcral invadió el estadio. Jamie Ringer, de 21 años, sustituyó a Jones.

Jenkins salta la valla de publicidad al escuchar a su madre gritar ya que le había dado un ataque al corazón a su padre durante un Cardiff-Swansea. Photo courtesy HUW EVANS Agency

Pero el partido todavía reservaba otra desagradable sorpresa. En un momento que Garin fue a lanzar un saque de banda escuchó a su madre Anne gritar angustiada. Inmediatamente dejó el balón y subió a las gradas. Todo el mundo pensó que algún aficionado le había increpado aprovechando la poca distancia con la línea de cal y Jenkins había decidido hacer ‘un Cantona’.

Subiendo por los asientos alcanzó la posición donde sus padres estaban viendo el partido y vio a su padre en el suelo. Había sufrido un paro cardíaco. El corazón de Eirvil Jenkins se había parado un par de veces y habían conseguido restaurar el pulso. Lo sacaron del estadio en ambulancia y Jenkins fue sustituido por Chris Wells que salió del partido en dirección al hospital de Rookwood donde también ingresaron a Gwyn Jones. El partido terminó 22-31 a favor de Swansea pero fue lo menos importante. No hubo alegría en el vestuario visitante ni se fueron de fiesta. Todos quedaron conmocionados.

El padre de Garin estuvo en coma un par de meses y se quedó ciego y perdió algo de memoria aunque, estando de gira con Gales en junio de 1998 en Suráfrica, al escuchar el nombre de su hijo en la alineación, se le humedecieron los ojos al viejo Eirvil según contó su hermano Craig. Un mes después falleció.

Garin y Graham Henry celebran la victoria frente a Suráfrica en el Principality Stadium en la Copa del Mundo de 1999.
Photo courtesy HUW EVANS

Un cáncer y la fe en Jesucristo

Garin acabó su carrera en el Pontypool RFC y a los 40 años le diagnosticaron un tumor cancerígeno en el cuello que le hizo replantearse muchas cosas sobre su vida y el objetivo de la misma.

Descubrió entonces como la fe que sus padres le habían intentado inculcar salía de nuevo en él. Algunos amigos le han dicho en broma que se ha dado demasiados golpes en la cabeza y por eso ahora predica su fe en Jesucristo a los cuatro vientos. Se cree bendecido por la bondad del Señor a lo largo de los años y realiza charlas en parroquias y centros sociales contando su vida antes, durante y después del rugby, además de trabajar para British Oxygen Gas & Gear.

Un ejemplo de lucha constante por encajar con el rugby en cada paso de la vida.

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