Gertrude Ederle

A los 20 años realizó la proeza de cruzar el Canal de la Mancha, siendo la primera mujer en conseguirlo aun desviarse varias millas.

Solamente cinco hombres habían conseguido en 1926 cruzar a nado el Canal de la Mancha que separa Francia de Inglaterra y la concepción que se tenía de las mujeres en el deporte en aquella época era muy simple. Las relegaba a menudo a pruebas atléticas de corta duración y relativo esfuerzo. Gertrude Ederle fue la pionera que transformó esa idea instalada en las mentes de los hombres demostrando al mundo como las mujeres asumían retos mayores como nadar en aguas abiertas. Y estableciendo un nuevo récord.

¿Por qué es una ‘Outsider’?

Nadando a contracorriente, se impuso a los malos augurios que muchos intentaron difundir cuando en 1925 ya intentó por primera vez cruzar el Canal. Un error de su entrenador, que la tocó un instante, la descalificó. Pero no se dio por vencida y el 6 de agosto de 1926 volvió al cabo Gris Nez, se puso las gafas de nadar, su hermana la embadurnó, estudió la ruta y se echó al agua. Cada brazada era un argumento más contra los que presagiaban un desfallecimiento a medio camino.

Gertrude Ederle
Gertrude Ederle realizando el cruce del Canal de la Mancha

Estirpe de nadadoras

La carrera deportiva de Ederle ya vino marcada desde muy joven. Nacida en Nueva York, su certificado de nacimiento confirma 1905 como su año de nacimiento, en lugar de 1906, que a menudo aparece en algunas fuentes. Hija de inmigrantes que habían llegado recientemente de Alemania, su padre, Henry Ederle, dirigió una exitosa carnicería y delicatessen en Amsterdam Avenue, en el West Side de Manhattan.

La tercera de seis niños, “Gertie” aprendió a nadar en la costa de Nueva Jersey, en Highlands, donde su familia estaba de vacaciones. La hermana mayor de Ederle también era una nadadora de competición y ambas niñas recibieron su instrucción de natación en una institución notable, la Asociación de Natación de Mujeres (WSA) de Nueva York, que había sido fundada en 1917. En su pequeña piscina en el Lower East Side de la ciudad, la WSA capacitó a varias generaciones de mujeres nadadoras que se trasladaron al éxito nacional y olímpico, incluida Eleanor Holm y la futura estrella de Hollywood Esther Williams.

Ederle tuvo como mentor al visionario entrenador Louis deBreda Handley, quien revolucionó la natación femenina al defender el estilo australiano y aumentar la acción de la pierna que implicaba una mayor potencia en cada movimiento.

Gertrude Ederle
Gertrude Ederle, junto a dos compañeras del equipo norteamericano en los JJOO de París de 1924

Olímpica con un oro y dos bronces

Ederle comenzó a sobresalir en la natación justo cuando se estaba convirtiendo en un deporte competitivo serio para las mujeres en la década de 1920. Llegó a los titulares de los periódicos a la edad de dieciséis años cuando el 1 de agosto de 1922 ganó la prestigiosa carrera de tres millas y media de la Copa Joseph P. Day Cup en la bahía de Nueva York. En la carrera, Ederle derrotó a las mejores nadadoras del mundo, incluidas la estadounidense Helen Wainwright y la campeona británica Hilda James. Ederle también nadó distancias más cortas, consiguiendo dieciocho récords mundiales.

Demasiado joven para los Juegos Olímpicos de 1920 de Amberes, los primeros juegos en los que las mujeres estadounidenses competían en natación, Ederle fue una elección obvia para el equipo de 1924. En los Juegos Olímpicos de París se llevó dos medallas de bronce, en el estilo libre de 100 y 400 metros, así como una medalla de oro en los relevos de cuatro por 100 metros. Ederle reconoció posteriormente que los dos bronces habían significado una decepción puesto que se esperaba de ella el oro. Una decepción que buscó enmendar con el siguiente reto que se marcó.

Gertrude Ederle
Gertrude Ederle, con las gafas diseñadas especialmente para ella, en las aguas del Canal

Ejemplo para las niñas

Con su combinación de fuerza, velocidad y resistencia, Ederle se encontraba a gusto en la natación de resistencia en aguas abiertas. En ese deporte, el centro de gravedad más bajo de las mujeres y el mayor porcentaje de grasa corporal les dieron una ventaja competitiva sobre los hombres. En 1925, Gertrude estableció un nuevo récord (siete horas, once minutos y treinta segundos) para el nado de 33 kilómetros desde Batery, en el extremo inferior de Manhattan, hasta Sandy Hook, en Nueva Jersey, mejorando los tiempos de hombres y mujeres anteriores. La natación de resistencia exigía cuerpos fuertes, y Ederle pesaba cerca de 68 kilos con una altura de 1 metro y 62 cm. y tenía hombros inusualmente anchos.

Los periodistas reflejaron en sus crónicas su asombro por las proezas deportivas que conseguía. Estaban aún más impresionados con el comportamiento de Ederle. No fumaba ni bebía y no estaba excesivamente interesada en fiestas o clubes nocturnos de baile, un fuerte contraste con la imagen de los felices años 20 de una atleta en la eclosión del jazz. En resumen, Ederle fue un excelente modelo a seguir para las niñas estadounidenses.

Gertrude Ederle
Gertrude Ederle, con su entrenador, durante la rueda de prensa anterior a la hazaña.

Financiamiento de la prensa

En la natación de resistencia, el Canal de la Mancha ocupaba el lugar que el Cervino o el Monte Everest ocupaban para los alpinistas. El Canal de la Mancha fue cruzado por el inglés Matthew Webb en 1875 y solamente había sido superado por cuatro hombres y ninguna mujer cuando Ederle asumió el desafío. Respaldada por la WSA, el primer intento de la americana en 1925 terminó en un fracaso cuando fue sacada del agua después de casi nueve horas de esfuerzo por un entrenador asustadizo, el egipcio Ishak Helmy, que pensó que estaba a punto de ahogarse cuando tosió. Ederle se enojó, alegando que si bien no estaba segura de haber podido terminar con éxito su hazaña, simplemente estaba un poco mareada.

Prometió intentar nuevamente el cruce del Canal el próximo verano, pero consciente de que la WSA no podía suscribir económicamente otro intento, Ederle tomó la difícil decisión de renunciar a su condición de aficionada y buscar respaldo comercial. A cambio del acceso exclusivo a la historia de Ederle, el Chicago Tribune y el New York Daily News cubrieron sus gastos de entrenamiento y capacitación y pagaron su viaje a Europa. Después de hacer esa inversión, los periódicos se aseguraron de que Ederle recibiera mucha cobertura en las semanas previas a su segundo intento de cruzar el canal.

Gertrude Ederle
Gertrude Ederle recibe alimento de su entrenador

El reto de cruzar el Canal

A las 7:08 de la mañana del 6 de agosto de 1926, Ederle, con veinte años, se metió en el agua frente al cabo Gris-Nez, cerca de Calais, Francia. Llevaba un inusual traje de baño de dos piezas diseñado para facilitar su poderoso golpe de nado. También llevaba gafas especialmente diseñadas y un gorro. Para poder aguantar la fría temperatura del agua que rozada los 16 grados, se engrasó el cuerpo con manteca, lanolina y aceite de oliva.

La acompañaban dos barcos: un bote llevaba al padre de Ederle (su madre estaba demasiado nerviosa para hacer el viaje), su hermana, el entrenador y otros nadadores que a veces la acompañaban en el agua. El segundo bote estaba lleno de fotógrafos y reporteros de los medios periodísticos que patrocinaban el cruce y que transmitían por radio los informes del progreso de Ederle a la costa en una radio inalámbrica. Hasta se contrató una pequeña banda de música que amenizó la salida.

Gertrude Ederle
Gertrude Ederle, embadurnada para soportar las temperaturas del Canal

Aunque el informe meteorológico inicial había sido prometedor, el clima se deterioró con fuertes chubascos y el mar respondió al reto con olas picadas. Supervisada por su nuevo entrenador para esta gesta, William Burgess, quien también había cruzado el Canal de la Mancha en 1911 pero había necesitado 16 intentos para hacerlo con un tiempo de 22 horas y 35 minutos, salió del agua en la orilla de Kingsdown, cerca de Dover.

“Sabía que podía hacerlo. Sabía que lo haría, y lo hice “

Gertrude cubrió la distancia en 14 horas y 39 minutos, estableciendo un nuevo récord al reducir el tiempo del argentino Enrique Tirabocchi (16 h. 33 min.), que fue el primero en realizar el recorrido desde Francia a Inglaterra. Debido al fuerte oleaje, nadó 56 kilómetros cuando la distancia en linea recta es de 33 kilómetros. Ederle no solo se había convertido en la primera mujer en cruzar el Canal de la Mancha, sino que también había superado el récord de los hombres en casi dos horas. El nadador alemán de larga distancia Ernst Vierkötter mejoró el registro del canal tres semanas después con un nuevo tiempo récord mundial de 12 horas y 42 minutos. No fue hasta 1953 cuando Florence Chadwick le arrebató el récord femenino en 13 horas y 20 minutos.

Gertrude Ederle
Gertrude Ederle, a su vuelta a Estados Unidos, como ‘Reina de las olas’

‘New York Parade’

Su gesta y su foto fueron portada de los periódicos en todo Estados Unidos y en todo el mundo. El reportero de The New York Daily News se apresuró a enviar su crónica a los lectores ansiosos por saber cómo había sido la gesta y las fotografías de Ederle saliendo del agua. Los periódicos iban llenos de titulares grandilocuentes pero destacó por encima de todos el apodo que recibió: ‘Reina de las Olas’.

No regresó de inmediato a Nueva York sino que visitó a su abuela en Alemania por lo que las autoridades y el público debieron esperar todavía dos semanas para agasajar a la heroína. Un desfile de cintas presenciada por dos millones de personas en el bajo Manhattan, el recibimiento del alcalde y un descapotable rojo brillante estaba esperando a Ederle.

Gertrude Ederle
El desfile de Nueva York fue presenciado por dos millones de personas.

El coche no fue la única recompensa de Ederle. Los periódicos citaron a su agente, Dudley Field Malone, diciendo que le habían ofrecido para Ederle casi 1 millón de dólares en contratos futuros. Al sopesar sus opciones, Ederle acordó dar exhibiciones de natación en un tanque portátil para un espectáculo itinerante de vodevil, ganando unos 2.000 dólares por semana. También hizo una película corta en Hollywood, ‘Swim, Girl, Swim’ (1927). A Ederle le pareció insoportable actuar y admitió posteriormente que tuvo un ataque de nervios debido a la tensión.

Gertrude Ederle
Gertrude Ederle, con las autoridades, ávidas de realizarse fotos con la heroína

Progresiva pérdida de audición

Ya extremadamente tímida e incómoda con los extraños debido a una pérdida auditiva en la infancia que había empeorado con los años, en parte debido al agua que le entraba en los oídos, Ederle nunca se casó y culpó a su sordera por minar su única relación seria con un pretendiente masculino.

En retrospectiva, está claro que las finanzas de Ederle fueron mal manejadas por su agente. La mayoría de las riquezas prometidas nunca se materializaron y en 1933, tuvo un percance cuando se cayó por las escaleras y sufrió una lesión en la columna vertebral tan grave que los médicos temieron que nunca más pudiera caminar o nadar. Quedó postrada en cama durante una larga temporada. Lentamente recuperó la movilidad y, aunque en 1940 ya había perdido completamente la audición, durante la Segunda Guerra Mundial trabajó revisando los instrumentos de vuelo de los aviones en el aeropuerto de La Guardia.

Gertrude Ederle
Medalla conmemorativa de la gesta de Gertrude Ederle en el Canal de la Mancha

Pero donde se sintió plenamente realizada fue cuando enseñó natación a los niños en la Escuela de Sordos de Lexington en la ciudad de Nueva York. Vivió modestamente con dos compañeros en Flushing, Queens, Nueva York, y poco a poco empezó a quedar olvidada por el público, excepto cuando el aniversario de su cruce en el canal llegaba cada año. “No escribas historias de lloros sobre mí”, advirtió a un periodista en 1966, resistiéndose a todos los intentos de hacerla parecer amargada o desilusionada sobre su vida una vez que ya no era noticia de primera plana. Ederle pasó sus últimos años en un hogar de ancianos en Wyckoff, Nueva Jersey. Murió de causas naturales a la edad de noventa y ocho años.

El logro de Ederle también tuvo implicaciones feministas. Fue un espléndido ejemplo deportivo de resistencia y constancia. Aunque tuviesen que nadar a contracorriente.

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