Ganador del Giro en tres ocasiones y dos veces del Tour, formó parte de una red clandestina de falsificación de documentos para salvar a los judíos que huían de los nazis.

Solo quiso ponerse al servicio de una causa justa. Una causa que podía costarle la vida. Pero Gino Bartali ya dejó muestras de su posición ante los totalitarismos cuando en 1938 rechazó una invitación de Benito Mussolini para que le dedicase el triunfo en el Tour de Francia de 1938 con el saludo fascista.

Sabía a lo que se exponía contradiciendo los deseos de ‘Il Duce‘ que quería demostrar que los italianos también pertenecían a una raza superior al vencer a los franceses. Era una cuestión de orgullo nacional y ensalzamiento del fascismo y Gino no estaba dispuesto a pasar por el aro.

Bartali soportó una enorme presión pero nunca hizo un paso atrás. Hasta el punto que mantuvo en secreto su hazaña. Como bien dijo el excelente ciclista:

“El bien se hace, no se dice. Algunas medallas las llevamos colgadas en el alma y no en el cuello”.

La bicicleta con la que Bartali ganó el Tour de Francia en 1938

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Bartali era conocido como ‘Il Ginettaccio‘ y pasará a la historia como un antihéroe que nunca buscó la fama de sus hazañas más allá de las estrictamente deportivas.

“Yo quiero que me recuerden por mis logros deportivos. Los héroes reales son otros, aquellos que sufrieron en su alma, su corazón, su espíritu, su mente, por sus seres queridos. Ellos son los héroes reales. Yo soy solo un ciclista”

Aún habiendo ganado tres Giros y dos Tours, reconocía que “de mí hablarán más cuando esté muerto que en vida“. Los amantes del ciclismo recordarán sus triunfos en la Grande Bucle o en el Giro, pero los familiares de los judíos que pudieron huir de las garras de los nazis le estarán por siempre agradecidos. Como la familia Goldenberg a quien acogió en su casa de Florencia escondiéndolos de las tropas nazis dispuestas a enviar a los campos de exterminio a todos los judíos que encontrasen.

Un joven Gino posa contento con el equipo SS Aquila

La tragedia sacude a la familia

El padre de Gino encontró un trabajo para él en un taller de bicicletas y el dueño, encantado por el magnífico trabajo que realizaba, le regaló una y le animó a practicar el deporte de las dos ruedas.

Gino se convirtió en un excelente escalador. Las escarpadas montañas de la Toscana fueron su perfecto entrenamiento para las grandes citas profesionales que viviría.

Giulio Bartali, hermano fallecido de Gino y gran aficionado a las carreras

Su hermano Giulio también se aficionó y juntos formaban parte del equipo SS Aquila. Soñaban en competir en las grandes carreras repartiéndose las victorias. Pero un fatal accidente casi provoca que Gino abandone el ciclismo: dos días después de ganar el primer Giro de Italia en 1936, su hermano fue atropellado por un coche. Fracturas internas y un fuerte derrame cerebral se llevaron a Giulo. Gino esta decidido a dejar el ciclismo pero su novia y posteriormente su esposa Adriana le convenció que siguiera.

Agasajado por la multitud, Gino se convirtió en una celebridad deportiva

Pionero del cambio de marcha

La etapa profesional de Gino Bartali abarcó 19 años (1935-1954) en los que cosechó dos Tour de Francia (1938, 1948) y tres Giro de Italia (1936, 1937 y 1947). Hasta la fecha es el único ciclista que ha conseguido vencer dos grandes citas del ciclismo con una diferencia de 10 años.

Bartali es el fiel reflejo de una generación de deportistas clásicos, de los que la profesionalidad se entendía de otra forma. El deporte constituía una parte importante de sus vidas pero no lo acaparaba todo. Está a medio camino del amateurismo: las crónicas del Corriere della Sera explican que en el Giro de 1949 Bartali acompañaba sus ágapes con vino y cigarrillos.

Bartali no se resistía de fumar entre etapa y etapa

Esa vida de ‘bon vivant’ no le impidió coronarse como uno de los mejores ciclistas de montaña de la historia. Se adjudicó el premio de la montaña del Giro en siete ocasiones y dos en el Tour. Fue pionero en utilizar el cambio de marchas, del fabricante italiano Campagnolo. Las bicicletas incorporaban un sistema de dos piñones en el eje trasero a cada lado de la rueda y cambiar de piñón significaba parar, desmontar la rueda y volverla a poner dándole la vuelta. Bartali ganaba mucho tiempo con el cambio de marcha mientras seguía pedaleando.

Hay que añadir a su palmarés la Milán-San Remo y el Giro de la Lombardía, pero sus victorias y las carreras quedaron truncadas por la llegada de la Segunda Guerra Mundial. Aunque Gino encontró la mejor manera de seguir entrenando.

Aunque solo quería considerarse un ciclista, Bartali cosechó los mejores éxitos salvando vidas

Documentos en el manillar

Cuando el 5 de mayo de 2000, a los 85 años, Gino Bartali abandonó este mundo, nadie conocía la historia que mantuvo ocupado al campeón italiano entre septiembre de 1943 y junio de 1944.

El eje Berlín-Roma se rompió cuando los aliados desembarcaron en Sicilia en junio de 1943. Mussolini ostentaba el poder desde 1922 de forma totalitaria habiendo instaurado un régimen fascista en perfecto acorde con el gobierno nazi alemán. Tras el avance de las tropas aliadas por el Mediterráneo y por la península itálica, el régimen nazi decidió invadir Italia y crear una república en el norte. Automáticamente, las tropas alemanas persiguieron a los judíos italianos que habían gozado hasta entonces de un cierto refugio. Basándose en la ley racial ‘Manifesto degli scienziati razzisti’ promulgada por Mussolini el 14 de julio de 1938 que se asemejaba a la publicada por el régimen nazi, las tropas alemanas tenían permiso para llevarse a cualquier judío.

Fue entonces cuando Bartali, amparándose en los entrenamientos, realizaba la ruta Florencia-Convento de San Damiano, en Asís, a 175 kilómetros llevando fotografías y documentos falsificados de judíos que querían abandonar Italia. Enrollados en su manillar o en el sillín de su Legnano, Bartali recorría los kilómetros bajo un aparente entrenamiento pasando controles. Su enorme popularidad por sus victorias en el Tour y el Giro fueron su mejor fachada para pasar desapercibido. Cada día realizaba los 350 kilómetros que separaban los dos puntos: recogía la documentación, las fotografías o dinero, llegaba al convento y se las entregaba a Luigi Brizi que, con una vieja imprenta, realizaba las acreditaciones falsas. Debía volver a Florencia cada día antes del toque de queda.

Ejemplar de la revista deportiva argentina ‘El Gráfico’ con Bartali en portada y la noticia del Corriere della Sera sobre la ley de la raza

En el camino encontró varios controles y los soldados, ajenos al secreto, se fotografiaban y le pedían autógrafos. Pero no siempre fue fácil. En una ocasión, la policía secreta fascista se lo llevó para interrogarle a un centro de detención donde se conocía que realizaban torturas. Él simplemente pidió que su bicicleta no fuera manipulada puesto que “todas las piezas estaban calibradas con precisión para optimizar sus prestaciones” y que “seguía preparándose para llevar otro Tour a Italia“. Durante años, Gino llevó el sambenito de ser considerado un deportista del régimen fascista. Ni se inmutó a rebatir las acusaciones.

Esa red de salvamiento estaba organizada por Giorgio Nissim, un antifascista muy vinculado a la comunidad judía desde joven. Organizó la Delegazione per l’Assistenza degli Emigranti Ebrei (DELASEM) para ayudar a numerosos judíos a cruzar la frontera después de la ocupación nazi del norte de Italia. La implicación de Gino Bartali se conoció en 2003 cuando los hijos de Nissim encontraron una libreta donde se detallaba la red de confidentes que colaboraban en la falsificación de los pasaportes. En 2010 Giorgio Goldenberg revela que él y su familia estuvieron refugiados en la casa de Bartali en la Toscana y que les salvó de un traslado a un campo de exterminio.

Ferviente devoto, Gino encontró en el cardenal Elia Angela dalla Costa, que le había permitido construir una pequeña capilla en su casa, y el rabino Nathan Cassuto de Florencia los estamentos religiosos que también daban cobertura asistencial a la red de falsificaciones junto con otros laicos, monjes y monjas.

Gino Bartali ha sido el único ciclista que ha ganado un Tour y un Giro en diez años de diferencia

‘Justo entre las Naciones’

La libreta de Giorgio Nissim detallaba que casi 800 judíos habían podido salir de Italia hacia destinos más seguros con el sistema de falsificación de pasaportes. Aún así, los alemanes consiguieron llevarse de la península itálica hasta 6.000 judíos.

Se calcula que Gino Bartali realizó un total de 45 viajes de ida y vuelta y que una decena de veces fue parado y registrado.

En 2003, recibió de manera póstuma el título de ‘Justo entre las Naciones’, el máximo reconocimiento oficial que entrega el Yad Vashem de Israel para todos aquellos que, durante la Segunda Guerra Mundial, ayudaron a salvar la vida de los judíos. Como Oskar Schindler.

La familia Goldenberg. Gino los acogió y escondió en su casa de la Toscana

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