Henri Birnbaum

Introductor de la defensa personal en España, creó escuela y dejó una huella imborrable en todos sus alumnos tras una vida de película.

Aunque pasó por una cárcel en Sort al ser apresado en Tavascán cuando huía de los nazis en la Francia ocupada y un tiempo en el campo de concentración de Miranda de Ebro, Henri Birnbaum Okonowksi tuvo el coraje y la osadía de volver a España en pleno franquismo para establecerse en Barcelona y crear la primera academia de judo de la península. Ese germen fructificó y los éxitos del judo español se deben al impulso de Birnbaum y de sus aventajados alumnos.

Henri Birnbaum con sus alumnos antes de un campeonato de Catalunya.
Foto: Cortesía ‘El Budoka

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Un pionero, un visionario y un fiel continuador de un deporte que amaba por encima de todo: el judo. Creó escuela, impartió clases a los jóvenes que querían descubrir el ancestral arte de la defensa personal e instauró un sistema de aprendizaje que consolidó el judo en una España que desconocía por completo ese deporte para intentar colocarlo al mismo nivel que otros países.

El objetivo estaba claro: formar a jóvenes judokas que siguieran sus enseñanzas impartiendo clases y establecer una base de deportistas capaces de competir a nivel internacional. Hoy, muchos éxitos sobre el tatami vienen del empeño de Henri Birnbaum.

Foto de la familia Birnbaum

Una vida de huidas

Se había iniciado en el judo a los 15 años en la Asociación Israelita de Jiu Jitsu de París pero fue de la mano del maestro Mikonosuke Kawaishi cuando se formó como judoka. Con Mikonosuke aprendió una forma de enseñanza más adaptada a la mentalidad europea ideando el sistema de cinturones de colores como estímulo para progresar y subir los diferentes niveles.

Henri Birnbaum fue uno de los tres primeros franceses que consiguió alcanzar el cinturón negro en 1939. El judo fue el deporte que le mostró el camino en la vida y le ayudó a superar todos los vaivenes emocionales y personales.

Tal y como cuenta Juli Pernas en ‘Henry Birnbaum (1921-2004), pioner del judo a Barcelona i Catalunya’, nuestro protagonista nació en Berlín un 6 de enero de 1921, hijo de judíos polacos que se instalaron en París en 1924, antes del estallido de la persecución de los nazis contra su comunidad. Tuvo que huir de Francia cuando las tropas alemanas apresaban a los judíos franceses para enviarlos a campos de concentración y fue retenido junto con otros 100 compatriotas al pasar la frontera española.

Hacinados en la cárcel de Sort donde no había ni espacio para sentarse, recaló en Miranda de Ebro donde todavía se mantenía el campo de concentración de la Guerra Civil, pero fue liberado al cabo de unos meses y, en 1942, volvió a Francia para enrolarse en la resistencia francesa. Se apuntó voluntario para luchar en el norte de África con el ejército del general De Gaulle y fue allí donde conoció los estamentos militares que le introducirían en la instrucción militar para cadetes después de la II Guerra Mundial.

Birnbaum muesta un movimiento durante una exhibición.
Foto: José Busto Cortina

Defensa personal a cadetes

En 1946 ya está en el Fort Carré de Antibes, entre Niza y Cannes, en la costa azul francesa, instruyendo a los jóvenes cadetes del ejército francés en la defensa personal. El majestuoso castillo bañado por la brisa del Mediterráneo fue el escenario perfecto para enseñar el arte de la defensa personal y formar a los incipientes militares.

La maestría que dejó en la École Militaire d’Escrime et de Sports de Combat de Antibes se convirtió en un referente en la enseñanza de los deportes de combate. Todos lo recuerdan como un maestro que no solamente enseñaba los movimientos y la técnica del judo sino también una forma de vivir con respeto y cortesía hacia el adversario.

Imagen del gimnasio de la calle Casanova donde se aprecia la cantidad de alumnos que asistían a sus clases. obligándole a buscar un nuevo local.

El primer local, un antiguo taller de costura

La cercanía de Catalunya y Barcelona hace que Birnbaum visite la ciudad condal gracias a que su hermana Nina ya está instalada allí. Su círculo de amistades, conocedor de su trabajo como instructor de cadetes, le anima a abrir una escuela de judo en Barcelona. Todos los veranos vuelve para pasar unos días en casa de su hermana y cada periodo estival debe oír insistentemente que se quede en la ciudad y que enseñe judo.

Otros antes que Birnbaum habían mostrado la defensa personal en Barcelona y Madrid pero solamente a modo de exhibición. Hay constancia en los periódicos de la época de entre guerras que ocasionalmente se realizaban muestras de un deporte completamente desconocido. La diferencia con Birnbaum es que crea una escuela y un método de enseñanza continuado.

En septiembre de 1950 finalmente decide dar el paso y ayudado por su cuñado Alberto Mitrani, encuentra un local en la calle Casanova, 57, y que, como había sido utilizado como taller de costura, tenía el suelo reforzado para aguantar el peso de las máquinas. Fue el sitio ideal para instalar los tatamis.

“Había un entusiasmo tan grande y unas ganas de hacer, que nunca tuve la sensación de penuria o dificultad. Encontré mucha gente. Gracias a ellos hemos podido llegar hasta aquí” – Henri Birnbaum a Xavier Rubies

El gimnasio de la calle Aribau tenía el tatami más grande de Europa.

Un tatami de tela de toldo

Todos los inicios son difíciles y en la España de postguerra, gris y de hambruna constante, la apertura de una academia donde practicar deporte se antojaba complicada.

El primer obstáculo no fue el idioma sino la nacionalidad. El régimen franquista no ofrece garantías a los recién llegados de otros países que mira con recelo provinciano todo aquello que huela a democracia o apertura. Su cuñado hace todas las gestiones para alquilar el local y la búsqueda de un tatami les lleva varios meses. Ante la imposibilidad de encontrar uno ya fabricado, fue ‘La Industrial Toldera’ quien les proporcionará la lona que forrará las virutas de madera para el tatami.

Otro contratiempo fue encontrar ‘kimonos’ o  judogis, el atuendo de vestir que se utiliza para practicar judo. La importación desde Francia elevaba en desmesura el precio y además las fronteras con el exterior estaban cerradas. Había que fabricarlos en España. El mismo Henri Birnbaum realiza el patrón y los manda hacer. Pero la tela es muy molesta, gruesa y poco ágil para hacer los movimientos aunque los cinco o seis alumnos que acudieron los primeros meses de 1951 los aceptan de buen grado. Asimismo, las chanclas de judo para los judokas también se encargaron y se montaron en domicilios particulares de los propios alumnos.

Birnbaum posa con los alumnos seleccionados para el campeonato de Europa de 1957

Los integrantes de las primeras clases son de familias acomodadas de Barcelona que mediante el boca-oreja se apuntan a practicar un deporte de defensa personal del cual sabían pocas cosas. Rondan los 30 años y vienen de otros deportes. Entre ellos encontramos a Raúl Roviralta, los Fradera (padre e hijos), Daniel Ortiz, Ausencio Piera y Alberto Mitrani (su cuñado). Y al cabo de pocos meses ya aparecen por la academia los alumnos a quien Birnbaum moldeará para poder presentarse a certámenes internacionales como José Pons, Enrique Aparicio, José Busto, Francesc Talens, Víctor Gaspar, Ricardo Sala y Pedro Casanovas.

Enseñando a los ‘Grises’

Pero no solamente los alumnos que acudieron a la escuela de judo del maestro Birnbaum querían practicar un deporte. Las fuerzas del orden también se interesaron por aprender técnicas de defensa personal. La instrucción de los cadetes militares fue una buena base para que en Barcelona, Birnbaum enseñe a policías locales, guardias civiles y miembros de la Policía Armada (los temidos y odiados ‘grises’ por el uniforme que llevaban y por ser los que disolvían manifestaciones democráticas a golpe de culata) los movimientos de defensa del judo.

El 4 de enero de 1951, Mundo Deportivo ya daba cuenta
de la exhibición en el ‘Price’

La consolidación

Entre 1951 y 1954 se realizaron un sinfín de exhibiciones en los lugares más inverosímiles: teatros, colegios, algún pabellón o centro deportivo. Todo por captar la atención de un público que desconocía por completo ese deporte. Cualquier superficie era hábil mientras pudiese tener algo encima que amortiguase una caída: lonas sobre paja, colchones viejos, moquetas o simplemente alfombras.

A partir de 1955, la demanda crece exponencialmente y Birnbaum se ve obligado a buscar un local más grande. En la calle Aribau 230 hay una octava planta vacía que se agencia para montar el nuevo gimnasio. Grande y luminoso puede albergar todos los alumnos que año tras año engrosan las listas de practicantes. Además de los baños, hay duchas y un cuarto para lavar los kimonos, un tendero y un par de despachos. Es considerado el tatami más grande de Europa en aquel momento. Las 250 licencias federativas pueden considerarse un éxito total.

Pero la verdadera satisfacción para Birnbaum seria poder presentar a varios de sus alumnos a unos Juegos Olímpicos. Aparecen en el horizonte los de Tokio donde el judo será uno de los deportes estrella.

El maestro necesita otro apoyo para difundir más este deporte para que las autoridades den su visto bueno ante la envergadura de presentarse a unos Juegos: la prensa. Y lo encuentra en Mundo Deportivo. De la excelente pluma de Carlos Pardo (y posteriormente su hijo Albert Pardo ‘Mochi’, querido y añorado por todos en la redacción) saldrán las crónicas que darán el impulso del judo en nuestro país. José María Miedes padre también fue uno de los periodistas que más siguió de cerca la evolución del judo en Catalunya y España realizando un excelente reportaje.

El 5 de enero de 1951 se publicó en la portada de Mundo Deportivo la presentación en sociedad en el ‘Price’ una exhibición en homenaje a la Policía Armada

Campeonato tras campeonato

Para conseguir llegar a unos Juegos Olímpicos hay que pasar los trámites correspondientes a las competiciones locales, estatales y europeas. El mes de mayo de 1953 se celebra el primer campeonato de Catalunya y en diciembre del mismo año, el primer campeonato de España donde un alumno de Birnbaum, Enrique Aparicio se cuelga la medalla de oro. España no participaría en un campeonato europeo hasta 1954 donde Aparicio se colgó la medalla de bronce.

Reportaje firmado por José María Miedes padre en
Mundo Deportivo del 25 de diciembre de1969

Se suceden los campeonatos estatales y en febrero de 1957 se disputan los campeonatos de Catalunya quedando primero José Pons, segundo José Busto y compartiendo tercer puesto Pedro Casanovas y Fernando Jaume. Unos meses después, el campeonato de España corona a José Pons en primer lugar, José Bustos en segundo y compartiendo tercer puesto Pedro Casanovas y Enrique Aparicio.

Gracias a los esfuerzos organizativos, Birnbaum consigue que el campeonato de Europa de 1958 se dispute en Barcelona, los días 10 y 11 de mayo, levantando una gran expectación en el pabellón de deportes de la calle Lleida. Enrique Aparicio se cuelga la medalla de bronce en la categoría de más de 80 kg. junto a Eizaguirre Gómez mientras José Pons también se lleva un bronce en la categoría abierta. Desgraciadamente la última aparición en unos campeonatos europeos, los de 1959, solamente Aparicio participará llevándose un bronce.

Y no es hasta 1965 que no hay una participación española en unos campeonatos europeos con el bronce de Salvador Álvarez en la categoría de menos de 70 kg.

De todas formas, la semilla había germinado y la afición por el judo fue en aumento año tras año. Henri Birnbaum se sentiría muy orgulloso. Muere en Barcelona el 8 de diciembre de 2004.

Mundo Deportivo dedicó una página entera firmada por José María Miedes en 1968

Este video resume un sentido homenaje al maestro Henri Birnbaum. Por Xavier Rubies.

Gracias a Pere Casanovas por ponerme sobre la pista de la extraordinaria labor y apasionante vida de Henri Birnbaum.

2 thoughts on “Henri Birnbaum. El judo como camino de vida”

  1. Unos recuerdos maravillosos al ver la fotografía de mi maestro durante varios años,
    el Sr. Birnbaum del que guardo en gran estima. La foto del tatami de la calle Aribau
    donde aprendí a luchar, caerme y levantarme de nuevo.

    1. ¡Muchas gracias José Ramón por tu comentario! Conocí la historia del maestro Birnbaum gracias a Pere Casanovas, hijo de Pedro Casanovas. Me cautivó la constancia y el empeño del Sr. Birnbaum en construir de cero una escuela y enseñar mucho más que un deporte.

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