Jack Molinas. NBA, apuestas, la mafia y un tiro en la nuca.

Jack Molinas

Expulsado de la NBA por participar en apuestas ilegales, acabó organizando el amaño de partidos más grande de la NCAA

Para Jacob Molinas, jugar en un juego amañado era más estimulante. Así podía controlar el partido como y cuando quisiera. Ganar para su equipo y recoger algo de dinero extra. Pero lo descubrieron y lo expulsaron. Elegido en el ‘draft’ de 1953, estaba destinado a ser uno de los mejores jugadores de la liga estadounidense y se paró al principio de su camino deportivo.

Involucrado con una de las cinco familias de la mafia de Nueva York, la adrenalina del juego de las apuestas pesaron más que la carrera deportiva. Tras verse obligado a dejar el baloncesto, se licenció en derecho y trasladó el negocio de las apuestas fuera de la cancha. Hasta que alguien cantó. Pasó por prisión menos tiempo del que le tocaba, se instaló en Los Ángeles, montó un negocio de tráfico de cine para adultos y otro de pieles desde Taiwan. Su vida terminó al lado de una piscina por un posible ajuste de cuentas a los 43 años.

Jack Molinas posa con los trofeos universitarios en su casa de Brooklyn, N.Y., en junio de 1958. (Foto Courtesy AP Photo/Matty Zimmerman)

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Porque traspasó las líneas morales y dignas del deporte. Por el lado oscuro y el dinero fácil. No tenía porque hacerlo: durante su corto paso por los Fort Wayne Pistons cobraba 9.000 dólares por temporada.

En una época de suspicacias, con la amenaza del comunismo y la aniquilación nuclear, Jack vio y vivió de pequeño las apuestas, los trapicheos, los sobornos a la policía y la Nueva York que controlaban las bandas mafiosas.

Solamente quería enriquecerse con lo que más amaba: el baloncesto y el juego. Conocedor del medio universitario de sueños deportivos, se acercó a jóvenes ávidos de gloria en dificultades económicas ofreciéndoles pagar gastos médicos a familiares si los necesitaban o regalos y prostitutas de lujo si les apetecían. Al más puro estilo mafioso.

Vio el filón del deporte para ganar un dinero extra cuando la presión judicial ponía cerco al alcohol o los bares de prostitutas.

La telaraña de la mafia

Jack Molinas, de familia judía, nació el 31 de octubre de 1932 en el Nueva York controlado por las bandas criminales de inmigrantes italianos que reprodujeron en la gran ciudad los entramados mafiosos de sus ciudades de nacimiento.

Su padre, Louis Molinas, y tres socios más, dirigían en la década de la ley seca de los años 30 el Glen Island Casino de New Rochelle en Nueva York. En 1942 adquirieron el Eagle Bar and Grill del Brooklyn dominado por el siciliano Joe Bananas, mano derecha de Charles ‘Lucky’ Luciano. Era un negocio que funcionaba si contamos que debían pagar el alcohol a los afiliados de la Cosa Nostra y los 200 dólares semanales para sobornar a policías. Hasta que la policía lo detuvo por vender alcohol a un menor (esto apareció en el atestado de detención, pero todo hace pensar que hubo un cambio en las cuotas que abonaba).

Jack empezó a jugar al baloncesto a los 12 años y a los 14 ya medía 1’84. Ágil, delgado, rápido, dominante del juego y acertado en el disparo, estaba creciendo un gran jugador a la par que una mente privilegiada puesto que, algunas crónicas indican que tenía un coeficiente de 175 y que aprendió a leer en español e inglés a los 4 años. Sobre los 14 años fue cuando conoció a Joe Hacken que se vanagloriaba de haber amañado su primer partido de baloncesto a los 18 y vio en Jack el perfecto elemento para extender su trama ya desde el instituto. Aunque Jack era más inteligente.

El sistema era sencillo: solo bastaba fallar o perder un balón para mantener la cuota de anotación que se había pactado. Pronto daría el salto al profesionalismo y parecía dispuesto a seguir el juego. Su padre, que conocía como las gastaban en la mafia, le prohibió jugar la final de un torneo importante. Jack se saltó las prohibiciones.

NCAA manchada por el escándalo

En febrero de 1951 estalló el escándalo de arreglo de partidos que preveía un hándicap determinado, es decir, diferencia de puntos en el que participaron jugadores de 7 universidades distintas. La liga la habían ganado los City College Beavers de Nueva York (CCNY) al que prohibieron jugar en el Madison Square Garden hasta 1982 después de lo ocurrido. Se detuvieron a 7 personas, tres de ellas, jugadores de CCNY, pero no a Jack que jugaba en Columbia y que aparentemente no tuvo ninguna implicación en un principio.

Portada del Daily News del 19 de febrero de 1951

Se descubrió el entramado mafioso cuando un extraño se acercó a Junius Kellogg de Manhattan College ofreciéndole 1.000 dólares por reducir sus anotaciones en un partido. Los rehusó y lo notificó a su entrenador que denunció el caso ante el fiscal del distrito. Inicialmente 32 jugadores aceptaron haber recibido sobornos para arreglar 86 partidos entre 1947 y 1950.

Los investigadores que asignó la NCAA para descubrir la trama del amaño de puntuaciones de los jugadores entre 1947 y 1950 no acusaron formalmente a Molinas de estar implicado, pero estaban atentos a los movimientos de nuestro protagonista y sus conexiones. Ese fue el primer aviso de algo se estaba moviendo en el submundo de las apuestas.

Fort Wayne Pistons

Destacó en el baloncesto en el instituto Stuyvesant, donde se dice que ya apostaba de la mano de Joe Hacken, y llegó a la Universidad de Columbia en 1950. Durante tres años defendió la camiseta de los Lions promediando récords anotadores por partido (18 puntos y 31 rebotes) que hicieron buena su selección para el ‘draft’ de 1953 en primera ronda. Elegido tercero por los Fort Wayne Pistons (ahora Detroit Pistons) de la recién creada NBA (1949), estaba destinado a hacer historia.

Fred Zollner, propietario de los Fort Wayne Pistons

Empezó la temporada 1953-54 con los Pistons aunque solo disputó 32 partidos. Sus estadísticas en el corto periodo en la NBA arrojan los siguientes datos: 370 puntos, 228 rebotes y 51 asistencias.

Seleccionado para el All-Star de 1954, diez días antes fue borrado de la lista de jugadores al descubrirse que había apostado en apuestas ilegales a favor y en contra de su equipo, los Pistons, y fue expulsado de por vida de la NBA. Automáticamente, se le relacionó con el amaño de partidos de la NCAA destapado en 1951 por su conexión con Joe Hacken que había escapado de ser detenido por falta de pruebas. Hacken era el hermanastro de Cornelius Kelleher, el contacto que quiso sobornar al jugador de Manhattan College.

El amaño más grande

Jack Molinas no se quedó parado. Había campo que recorrer en el mundo de las apuestas y el deporte. Las crónicas de la época hablan que una vez intentó drogar a un boxeador para que ganase su contrincante por el que había apostado y en otra ocasión se comenta que aplicó descargas eléctricas a las orejas de unos caballos de carrera para influir en el resultado.

Decidió estudiar abogacía en la facultad de derecho de Brooklyn. Antes de su admisión como estudiante, el fiscal del distrito que investigó el caso de los amaños con los Pistons, concluyó que no había cometido ningún delito que le prohibiese estudiar para abogado. Así mismo, el colegio de abogados también revisó su caso y lo admitió.

El arreglo de puntuaciones entre 1947 y 1951 fue casi insignificante en número de implicados y dinero al lado de lo que Molinas y sus secuaces montaron entre 1957 y 1961. Se produjeron 37 arrestos de jugadores de 27 universidades distintas. En total se controlaron a 476 jugadores en 43 partidos durante 4 temporadas y además de Jack y Joe Hacken también estaban implicados Aaron Wagman, amigo de la infancia de Molinas y David Budin, profesor de secundaria en Brooklyn y exjugador.

Hubo una conexión más directa con los principales tipos de la mafia que los escándalos de 1951. Jack estaba relacionado con el jefe de la mafia Thomas ‘Tommie Ryan’ Eboli y con el capo Vincent ‘The Chin’ Gigante (exboxeador asesinado en 1972 con cinco balas por una lucha de poder en la familia de Vito Genovese).

Los mafiosos Vito Genovese, Thomas ‘Tommie Ryan’ Eboli y Vincent ‘The Chin’ Gigante

Hacken era un fanático del baloncesto pero no dejaba otros deportes sin atender para sus negocios. Uno de ellos era el boxeo y su alianza con Frankie ‘Mr. Gray’ Carbo. El detective Bernhard de la policía de Nueva York se había infiltrado en el grupo de Carbo y descubrió las actividades de Hacken.

Aunque la trama se descubrió por el afán del grupo mafioso de controlar más deportes como el futbol americano universitario. Aaron Wagman trató de sobornar a un defensa de la Universidad de Florida, Jon McBeth, que informó a su entrenador. Pocos días después, David Budin intentó sobornar a un jugador de la Universidad de Oregon. Tirando del hilo, el fiscal Hogan contactó con los jugadores de baloncesto que confirmaron los sobornos.

Menos tiempo en la trena

En 1962, Jack Molinas fue el último de la organización en ser detenido. Y condenado en 1963 entre 10 y 15 años de cárcel de los que solamente pasó cinco saliendo en libertad condicional. Se le imputaron los cargos de organizador pero no de llevar directamente los sobornos ni contactar con los jugadores (solo con Billy Reed de Jamaica High).

El escándalo de la NCAA de 1961 truncó la vida deportiva de algunos jugadores por aceptar cantidades ridículas. Fue el caso de Connie ‘The Hawk’ Hawkins que conoció a Molinas cuando era la estrella del instituto Brooklyn Boys High. Ingresó en la Universidad de Iowa y se veían a menudo. Por Navidad, Hawkins necesitaba dinero y Molinas le prestó 250 dólares. Asegura que nunca le reclutó para amañar partidos pero el comisionado de la NBA, Walter Kennedy le prohibió jugar hasta 1969 cuando una demanda contra la liga de baloncesto presentada por Hawkins le dio la razón.

El tiempo en la trena hizo reflexionar a Molinas. Había que dedicarse a otra cosa. Perdió su licencia para ejercer de abogado pero se fue a la costa oeste donde el terreno era propicio a las tramas mafiosas puesto que los asesinatos por las luchas de poder en Nueva York arreciaban y no se trataba de violar la condicional.

Ajuste de cuentas

En una bonita mansión de Hollywood Hills, Jack Molinas volvió a empezar lejos de las apuestas pero no del deporte ya que por su casa pasaron estrellas como Wilt Chamberlain en las fiestas que organizaba con estrellas del cine porno.

En 1973, fue arrestado por enviar películas pornográficas a Tennessee pero solo necesitó 10.000 dólares para librarse de la prisión.

Montó un negocio de tráfico de pieles desde Taiwan con Bernard Gusoff con quien tenía firmado un contrato de seguro de vida en el que si uno de los dos moría, el otro recibía 500.000 dólares. Gusoff fue asesinado a golpes en su apartamento de Los Ángeles el 15 de noviembre de 1974. Todas las miradas policiales enfocaron a Molinas.

Las deudas que acumuló con el hampa que no satisfacía después de cobrar los 500.000 dólares o alguien cercano a Gusoff, pudieron ser el detonante de su asesinato. El 3 de agosto de 1975 recibió varios balazos mientras paseaba al lado de la piscina de la mansión junto a su novia, Shirley Marcus, que había llegado pocas horas antes desde Nueva York. La mujer quedó herida y no está claro si era o no un objetivo puesto que los disparos procedieron desde un jardín contiguo a la casa.

La extensa y bien documentada biografía de Jack Molinas escrita por Charley Rosen en ‘The Wizard of Odds apunta que “el joven prodigio del baloncesto de clase media del Bronx vivió su época como le tocó, buscando siempre la ventaja, en el deporte y en el juego“.

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