Jean Maggi

La polio le dejó sin movilidad en las piernas, un ataque al corazón le hizo recapacitar y, tras alcanzar el punto más alto del planeta con una handbike, su próximo reto es el espacio exterior.

Fue necesario un ataque al corazón para que su vida diera un vuelco. A los 37 años se dio cuenta que la deriva que había tomado su vida de excesos alimentarios y de salud le daba un aviso: había que cambiar radicalmente.

Además, durante sus 37 años de vida vivida, la incapacidad del tronco inferior de Juan Ignacio Maggi por culpa de la polio había supuesto un freno y, en cierta medida, una autocompasión mal entendida. Ver la muerte tan de cerca le hizo reflexionar. Lo que antes había sido un impedimento se tornó en un reto y del reto de la autosuperación a traspasar el límite de la fuerza de voluntad convirtiéndolo en pasión.

Primero encontró en la bicicleta con pedales en el manillar un medio para alcanzar un objetivo: el emblemático maratón de Nueva York. Después, otros deportes como el tenis, la equitación, el baloncesto y hasta un Ironman. Luego llegaron unos Juegos Olímpicos de Invierno y de allí, al reto de alcanzar el punto más alto del planeta hasta donde se puede llegar por carretera. Ahora se ha propuesto ser la primera persona con capacidades diferentes adaptadas a su cuerpo en salir al espacio exterior. Y lo va a conseguir. Porque, si algo no le falta a Maggi, es que no se ha puesto ningún límite.

Nada le detiene. Jean Maggi ha practicado muchos deportes pero la bicicleta ha sido su gran pasión.
Foto: courtesy Jean Maggi

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Arribó al deporte cuando la mayoría de profesionales lo dejan. Cuando las fuerzas flaquean y el cuerpo no responde, Juan Maggi (conocido también por Jean Maggi – https://www.fundacionjeanmaggi.org/) encontró en la práctica deportiva la tabla de salvación a su desordenada existencia. El cambio de milenio le agarró con ímpetu y desde entonces rebosa vitalidad y entusiasmo.

Su vida pasó de fumar casi dos paquetes diarios y tomarse una botella de vino entera durante un asado a marcarse unos estrictos horarios de entrenamiento. Se volcó a practicar varios deportes que nunca antes había practicado.

De pequeño, en la escuela, se sentía discriminado al no poder practicar deporte. Las múltiples operaciones a las que se sometió enderezaron sus maltrechas piernas pero el dolor siguió. El físico y el mental. Durante muchos años renunció a ir a fiestas donde le invitaban y cuando iba, era el que ponía los discos porque él mismo se limitó a no querer bailar. Se sentía vacío y entró en una espiral de autocompasión y autodestrucción. El infarto le salvó.

Participó en los JJ.OO. de Vancouver 2010 y ha demostrado que nada es imposible.
Foto: courtesy Jean Maggi

El ‘clic’ del maratón de NYC

Jorge Cannata, su entrenador, había asistido en alguna ocasión como corredor al maratón de Nueva York y allí había visto a personas con discapacidad realizarla con una bicicleta adaptada. Se lo propuso a Maggi y se pusieron manos a la obra. Había que bajar peso, fortalecer brazos y trabajar la resistencia. El tema mental vendría después. Primero probaron con distancias cortas y luego el maratón de Rosario. El 2 de noviembre de 2003, Jean Maggi cruzaba la línea de meta de Central Park arropado por su familia.

Su cerebro hizo un ‘clic’ en el mismo instante de alcanzar la meta: si había conseguido acabar el maratón podía hacer cualquier cosa. Probó el baloncesto, el tenis y hasta la equitación. Emulando al General San Martín, liberador del yugo colonialista español en Suramérica, cruzó a caballo los Andes. Nada le detenía.

Llegaron los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver de 2010 y Maggi compitió en esquí alpino adaptado. No hizo una buena marca pero la experiencia le valió para ser la punta de lanza de los atletas argentinos que querían participar en unos JJ.OO. Argentina no había participado nunca en ese certamen y tuvo que hacer todas las gestiones necesarias para conseguir un puesto. Le esgrimieron la falta de recursos y finalmente consiguió una invitación especial siendo el abanderado junto a Leonardo Martínez.

La agenda de Maggi se iba llenando con nuevos retos. Quería exprimir la vida a través del deporte y demostrar a todos aquellos que alguna vez habían sentido compasión por el ‘Pobrecito’ que sus logros eran aún mayores que el resto de mortales. Próximo reto: un Ironman. Completado en 2012 en Miami. Había que ir a por más para darle más visibilidad.

La proeza de subir por la cordillera del Himalaya le ha valido ser un ejemplo de superación.
Foto: courtesy Jean Maggi

El punto de Khardung La

Khardung La (paso en tibetano) es el último punto de la denominada carretera más alta del planeta. Se encuentra al norte de la India, en la región de Cachemira, en la cordillera del Himalaya. Ese era su próximo objetivo.

Parecía que después de tantas pruebas atléticas su cuerpo estaría listo para tal hazaña con la bicicleta adaptada. Elisa Lapenta, su entrenadora sabía que una persona operada del corazón debía tener un entrenamiento diferente para soportar largas distancias diarias a una altura donde la falta de oxígeno es un hándicap.

109 días de entrenamiento, 1500 km recorridos y seis horas diarias de gimnasio combinado con natación y bicicleta.

En agosto de 2015 se despidió de su familia e inició con su equipo el viaje a la India. La adaptación a la montaña a partir de los 4.000 metros de altura fue complicada. Tuvo que soportar temperaturas cambiantes en pocas horas de 50 grados a 15. Vientos, camiones, animales que se cruzaban. Durante 11 días recorrió 480 km. con el punto de mira puesto en los 5.602 metros de Khardung La. A falta de un día para alcanzar el objetivo, Maggi desfalleció. Su cuerpo dijo basta siguiendo la orden de su cabeza. No podía moverse. El reto se desvanecía por las dudas. Pidió descansar: se tiró 10 horas postrado en una cama. Su equipo vio con preocupación el hundimiento emocional y le dieron su tiempo. Finalmente, se levantó, arregló la bicicleta y la maquinaria volvió a funcionar. Otro reto conseguido. A por otro.

Con su título de astronauta civil, Maggi podrá viajar al espacio exterior. Foto: courtesy Jean Maggi

Astronauta civil

En abril de 2021, Maggi obtenía el título de astronauta civil tras superar las pruebas en el simulador espacial en el National Aerospace Training and Research Center de Filadelfia. A los 58 años, su certificado le permitirá subir como pasajero de una nave espacial cuando los vuelos para personas comunes y corrientes estén listos para ir al espacio.

Primera fue a Florida en enero para volar en jets L-39 y después viajó a Pensilvania para someterse a las pruebas en el único centro autorizado por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos para este tipo de entrenamientos.

En el simulador , Maggi soportó la presión de dos fuerzas a la vez, una que comprime el corazón en el pecho y otra que vacía el cerebro de sangre. El fantasma del infarto merodeaba en la mente de nuestro protagonista pero el control de los expertos del centro de entrenamiento para astronautas le monitoreaban y se aseguraban que no sufriese ningún percance.

Un libro y un documental en Netflix

En 2019 salió el libro “La aventura de romper límites” de Carlos Marcó y en 2021 un documental (‘El límite infinito’) producido por el director argentino Juan José Campanella y dirigido por Pablo Aulita sobre su ascensión al punto más alto de la Tierra al que se puede acceder en una carretera maravillosamente explicado.

La fábrica de bicicletas ‘Superadaptados’ proporciona bicicletas a niños con escasos recursos.
Foto: courtesy Jean Maggi

La fábrica de bicicletas

Los insultos, los desprecios, las miradas de compasión y como Maggi leía en sus mentes “Pobrecito” cuando era un niño y se valía solo de unas muletas para moverse, fueron el acicate necesario para crear la fábrica de bicicletas ‘Super Adaptados’ que dirige su hijo Juan y que da trabajo a personas con otras capacidades. Bicicletas adaptadas para niños que no pueden utilizar las piernas para impulsarse. Solamente al ver la cara de alegría cuando un niño siente que se mueve, que va donde quiere, le hace revivir de nuevo la primera sensación que tuvo él al subirse a una bici.

En las charlas motivacionales que realiza a menudo suelen preguntarle los organizadores cuánto cobra por conferencia a lo que responde que nada, solamente que adquieran una bicicleta adaptada para un niño y la donen. Esa es la tarifa de Jean Maggi.

Maggi devuelve a la sociedad un amor incondicional que nos demuestra que si uno se lo propone no hay límites.

“Lo difícil se hace, lo imposible se intenta” – Jean Maggi

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