Luvsanlkhündegiin Otgonbayar. La hija de pastores mongoles que no se rendía nunca

Luvsanlkhündegiin Otgonbayar

No se dio por vencida y aún habiendo quedado última en el maratón de los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004, siguió mejorando sus marcas en campeonatos mundiales y participó en los JJ.OO. de Londres y Río.

Si el ateniense Filípides pudiera ver a todos los que alguna vez han participado en un maratón y tuviera que entregar una corona de laurel a alguno de ellos, sin duda entre los escogidos estaría la mongola Otgonbayar (y también Hannah Gavios que, paralizada de cintura para abajo y armada con solo unas muletas, ha completado ya dos maratones y se propone ascender montañas), por su constancia en mantener el espíritu olímpico.

Allí estaría Heródoto para contar como una hija de pastores no desfalleció en su empeño de terminar un trayecto como si de un valiente soldado se tratara para que su hazaña quedase reflejada en los anales de la historia del atletismo para siempre.

¿Por qué es una ‘Outsider’?

Nacida el 13 de julio de 1982 en la provincia de Ömnögovi, cerca del cruce fronterizo entre Mongolia, Rusia y el Kazakhstán, a 22 horas en coche hasta la capital del país, Ulan Bator, los ojos de la pequeña Otgonbayar se acostumbraron a buscar el horizonte de las planicies en una área limítrofe con la estepa desértica del Gobi.

Hija de unos pastores de camellos y ovejas de la pradera mongola, le atraían las carreras de larga distancia. A los 16 años participó en su primera competición importante: los Mundiales Júnior de 1998, corrió los 3.000 y los 5.000 metros en Annency, Francia.

Seis años después y tras muchas horas preparándose por los solitarios caminos de la estepa conseguía el billete para participar en unos Juegos Olímpicos. Lo haría en la prueba reina del maratón. Los de Atenas 2004 fueron el pistoletazo de salida a una carrera deportiva digna de admirar.

Luvsanlkhündegiin Otgonbayar compitiendo en Rio 2016, sus terceros unos Juegos Olímpicos

De Maratón al Estadio Panathinaiko

El sol caía a plomo en las calles de Atenas. Con una temperatura de 35 grados, ese 22 de agosto de 2004, era muy complicado batir el récord mundial de Paula Radcliffe de 2:15:25 de 2003. Ochenta y dos participantes empezaron un maratón que les llevaría desde la emblemática población hasta el estadio Panathinaiko.

Acostumbrada a las temperaturas extremas marcó su propio ritmo pero al entrar en el estadio pasadas las diez de la noche, las fuerzas flaqueaban. El público, ávido de historias de superación, vio en ella la esencia del deporte. El esfuerzo de Otgonbayar se vio recompensado por vítores y gritos de ánimo, aplausos y admiración por semejante gesta.

Cojeando y jadeando alcanzó la línea de meta.

Su bautismo en el maratón se saldaría con un 66º puesto y un registro de 3 horas 48 minutos y 42 segundos. Media hora más tarde que la penúltima clasificada pero con el convencimiento que acabó una carrera que 16 atletas más no pueden decir que lo hicieran.

Volver a competir, el mejor estímulo

A cualquier otra persona quizás este resultado le hubiera sumido en el ostracismo pero para Otgonbayar fue un estímulo a mejorar su marca. Aparecían en el horizonte nuevas competiciones y otros Juegos Olímpicos.

Siguió apuntándose a maratones. Participó en el Mundial de la IAAF de 2007, los Juegos Asiáticos de Doha de 2006 en los que terminó octava, acabó sexta en el maratón de Pekín de 2008, fue quinta en el de Shanghai de 2009 y octava en el de Praga de 2011. También fue a los Juegos Asiáticos de Guangzhou, China, en 2010 en los que quedó 12ª en los 5.000 metros.

Y, con 30 años, llegaron los Juegos Olímpicos de Londres 2012 donde ocupó el puesto 102 de 118 participantes (107 finishers) con un tiempo de 2:52:15.

Participó en los Campeonatos Mundiales de Pekín de 2015 y en marzo de 2016 consiguió su mejor marca personal (2:35:50) en el maratón de Zhengzhou, China, con la vista puesta en sus terceros Juegos Olímpicos, los de Rio 2016. Completó los 42 k. en 2:45:55 y quedó en el puesto 85 de 157 participantes (133 finishers).

Con 34 años recién cumplidos, se retiró de la competición y volvió a su Mongolia natal donde sigue una vida apacible junto a su familia.

Por cierto, Luvsanlkhündegiin es el apellido patronímico y Otgonbayar su nombre.

Luvsanlkhündegiin Otgonbayar, con su familia en una imagen reciente.
Foto: Instagram Luvsanlkhündegiin Otgonbayar

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