Oksana Masters

Nacida con graves malformaciones físicas por la explosión de Chernobyl, nada le ha impedido lograr medallas en tres disciplinas diferentes.

El destino de Oksana Alexandrovna Bondarchuk estaba mal escrito desde su nacimiento. La radiación que sufrieron sus progenitores provocó en ella unas deformaciones en las extremidades y un tamaño desigual en las piernas al nacer que provocaron el definitivo abandonamiento de la pequeña en orfanatos de dudoso cuidado. Pero se reveló contra ese destino, contra el dolor físico y psíquico y contra todos aquellos que vieron en ella un deshecho humano postrado en una cama. Venció los obstáculos hasta colgarse dos oros, tres platas y tres bronces olímpicos. Y vence cada día todas las adversidades con el horizonte de los próximos Juegos Paraolímpicos en la mente.

Oksana Masters
Oksana. Foto: Instagram Oksana Masters

¿Por qué es una ‘Outsider’?

Oksana llegó al mundo durante el mes de junio de 1989, a cinco horas y media de la central de Chernobyl que tres años antes mantuvo en vilo a gran parte de Europa. Como un silencioso sicario, la radiación se apoderó de los cuerpos de los habitantes de la zona e insufló en ellos los componentes necesarios para destrozar sus vidas y las de sus descendientes.

Nuestra protagonista nació con diversos defectos físicos provocados por la radiación como un tamaño desigual en las piernas (hemimelia tibial), seis dedos en los pies, manos sin pulgares y falta de masa corporal en la pantorrillas. Además, solo disponía de un riñón y su estómago carecía de algunas partes.

El cuadro clínico no era muy esperanzador. Obligada a postrarse en cama la mayoría del tiempo, deambuló por tres orfanatos ucranianos a la espera de una alma caritativa que tuviese el valor de hacer frente a multitud de desafíos para cuidarla. Y ese ángel llegó cumplidos los cinco años y medio desde Buffalo (Nueva York).

Oksana y Gay Masters
Oksana y Gay Masters. Foto: Instagram Oksana Masters

Un álbum de adopciones con fotos en blanco y negro

A Gay Masters, profesora logopeda, le cayó por azar a las manos un libro de adopciones de orfanatos con fotos en blanco y negro. La imagen de esa niña cautivó a Masters que visitó el recinto ucraniano con la firme intención de llevarsela. Inició los trámites y esperó y esperó.

Pasaron las semanas, los meses y los años. En su continuo empeño por adoptar a Oksana, le envió juguetes, lápices de colores, paquetes con golosinas y alimentos básicos, ropa y atuendos para el pelo. Ninguno llegó nunca hasta las manos deformes de la niña.

Dos años y medio después de empezar los trámites, Gay Masters aprovechó la única oportunidad que tuvo para llevarse a la pequeña a Estados Unidos: se presentó casi a medianoche, entregó la documentación y se llevó a Oksana del orfanato. Apenas pesaba 16 kilos y, de no habérsela llevado, seguramente no hubiera sobrevivido.

Oksana y Gay Masters.
Oksana y Gay Masters. Instagram Oksana Masters

Las duras amputaciones

El primer obstáculo que debió afrontar la nueva madre fue la comunicación: mediante libros e ilustraciones empezó a conectar con Oksana y a descubrir sus necesidades. Grandes dosis de paciencia de la madre adoptiva e intentos, uno tras otro, para adaptarse a un entorno diferente, amable y, en parte extraño para Oksana en Estados Unidos.

En una revisión rutinaria al dentista, Gay descubrió la causa de las malformaciones: la falta de esmalte en los dientes indicaban un tipo de radiación nuclear. La explosión de la central nuclear de Chernobyl el 26 de abril de 1986 afectó una amplia zona de Rusia, Ucrania y, por ende, Europa, y a todos sus habitantes en diferente medida.

A los ocho años, se sometió a la primera operación de las muchas que afrontó. La inevitable amputación de la pierna izquierda por encima de la rodilla. A los trece, Oksana y su madre adoptiva dejaron el frío estado de Nueva York para buscar un clima mejor como Kentucky donde Gay aceptó un puesto de profesora universitaria. Inevitablemente, la pierna derecha no iba a correr mejor suerte. A los catorce se la amputaron.

A lo largo de los años, Oksana se sometió a varias operaciones aparte de las piernas. Las manos, sin pulgares, pasaron por el quirófano para redefinir su posición y poder tener agarre y el sistema digestivo fue corregido para que la alimentación siguiese su curso habitual. Fueron necesarias innumerables sesiones de recuperación para dar estabilidad a la columna vertebral y adaptación a las piernas ortopédicas a medida que su cuerpo iba creciendo.

Oksana Masters
Oksana Masters. Instagram Oksana Masters

La autoestima del deporte

La misma perseverancia que mostró su madre adoptiva para llevársela del orfanato durante dos años y medio sabiendo de antemano que, una vez llegados a Estados Unidos, se le abría un camino desconocido y, a veces descorazonador, tuvo en Oksana una réplica en el deporte. Al principio, mientras cursaba el instituto no se consideraba en ningún caso una persona con una limitación física y quería competir junto a los otros jóvenes.

“Como soy tan competitiva y odio perder, creo que el deporte siempre estuvo en mi sangre”

Tanta era su determinación que rehusó entrenarse por separado. Hasta que la oportunidad de subir a un bote con remos apareció en su camino y, no muy convencida, lo probó. La sensación de velocidad y control le enganchó.

Oksana Masters
Oksana Masters compitiendo en remo. Foto: Instagram Oksana Masters

Aunque los dedos de las manos aparecían a ojos de entrenadores y médicos como deformes, la enorme convicción de superación suplían la deficiencia y con un simple agarre, Oksana era capaz de manejar unos remos. El primer deporte en que se consagró hasta llegar a participar en los Juegos Paraolímpicos de Londres de 2012. Haciendo tándem con Rob Jones, un soldado que había perdido ambas piernas en Afganistán, compitió en el doble mixto. Ganaron el bronce.

Oksana Masters
Oksana Masters participando en esquí de fondo. Foto: Instagram Oksana Masters

Deportes de verano, deportes de invierno

Al cabo de dos años se disputaban los Juegos de invierno de Sochi 2014 y nuestra protagonista se dispuso a entrenar a fondo para competir en el esquí de fondo y el biatlón. Esta última disciplina combina el esquí con el tiro con rifle. Se colgó una plata y otro bronce.

Oksana Masters
Oksana Masters participando en biatlón en Sochi 2014.
Foto: Instagram Oksana Masters

Una lesión de espalda la apartó del esquí de fondo y del biatlón. Había que buscar otro objetivo para seguir compitiendo en un deporte de verano. Aparecía en el horizonte los Juegos Olímpicos de Rio 2016 y Oksana Masters se propuso otro reto: participar en ciclismo adaptado. Las mismas manos y los mismos brazos que le ayudaron a remar y a esquiar, servirían para los pedales.

Oksana Masters
Oksana Masters, en su nueva faceta deportiva. Foto: Instagram Oksana Masters

La lesión de espalda no remitía pero Oksana estaba acostumbrada a los dolores físicos y, aunque su preparación para Río fue a conciencia, ganando dos medallas de bronce en la Copa Mundial y otra en el Mundial de la UCI, obtuvo un cuarto puesto de la carrera en ruta. Se tomó su tiempo, se echó a la carretera entrenando en Champaign, Illinois compaginándolo con el esquí de fondo y el biatlón en invierno con la vista puesta en Pyenonghang 2018. De Corea del Sur se llevó dos oros, dos platas y un bronce.

Nuevos desafíos

Una medalla olímpica en ciclismo es el próximo reto que Oksana se ha marcado. Y no va a desfallecer hasta conseguirlo.

“Me encantan los nuevos desafíos y salir de mi zona de confort. Realmente creo que, con la cantidad adecuada de apoyo, trabajo duro, dedicación y creer en uno mismo, cualquiera puede hacer que todo suceda y hacer realidad sus sueños”

Oksana Masters
Oksana Masters también ha practicado el running para mantenerse en forma. Foto: Instagram Oksana Masters

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