Oleg Salenko. El ‘obrero del gol’ que quiso vender su Bota de Oro

Oleg Salenko

Consiguió el trofeo en el Mundial de 1994 y un hito todavía no superado: anotar cinco goles en un partido mundialista pero, tras deambular sin acierto por varios clubes, lo intentó vender.

Cuando los pupilos del seleccionado soviético de Pavel Fyodorovich Sadyrin saltaron al terreno de juego del Stanford Stadium de San Francisco el 28 de junio de 1994 a la una de la tarde para enfrentarse a Camerún, ya sabían que tenían muy pocas posibilidades de pasar a la siguiente ronda del Mundial de Estados Unidos.

Aún así, un delantero de 25 años que había militado una campaña y media antes en el Logroñés de la Primera División española y acababa de firmar por el Valencia, explotaría. Oleg Salenko no era una estrella y muy pocos medios seguían a Rusia al haber perdido contra Brasil y Suecia. Pero esa tarde, Salenko firmaría una de las más bellas facturas mundialistas que se recuerdan: un empache de goles a un portero consagrado como Songo’o.

Al hacer las maletas, cargaba también la Bota de Oro que compartiría con Hristo Stoichkov que hizo llegar a Bulgaria a semifinales con sus seis goles. Una Bota de Oro que le abrió algunas puertas pero que también le puso un peso encima y del que quiso deshacerse por unas deudas.

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¿Por qué es un ‘Outsider’?

Apodado ‘El Buitre Ruso’ y nacido en Leningrado el 25 de octubre de 1969, Salenko despuntó en el Zenit de San Petersburgo durante tres años hasta que en 1989 se convirtió en el primer jugador ruso en fichar por un equipo de Ucrania. En el Dinamo de Kiev y mientras todavía el club jugaba en la Top League soviética anotó 21 goles en 75 partidos. En 1992, se creó la liga ucraniana y Salenko jugó media temporada marcando 7 goles para irse al Logroñés.

Contratado a un precio de saldo, el diario Marca apuntaba que sus goles eran los que más barato habían salido en la Liga. En la campaña 93/94, Oleg marcó 16 tantos en 31 encuentros más los 7 que marcó en los 16 partidos de media temporada anterior.

Lo que se conoce por un ‘obrero del gol’, un delantero fajador del área que lucha en equipos menores.

Ese historial goleador de costo escaso fue, sin dudas, lo que lo empujó a la titularidad en el Mundial. Hasta el año de esa Copa del Mundo había jugado apenas un encuentro. Incluso antes, había representado, también por varios partidos, al seleccionado ucraniano que estaba resucitando. En Kiev lo querían, había sido valioso para el Dínamo, y tras la firma del Tratado de Belavezha en 1991 en que Ucrania y otras 14 repúblicas soviéticas se separaban de la URSS, había que formar selecciones nacionales. Fueron tiempos de otra geopolítica.

El tercer gol de Salenko fue de penalti. En la segunda parte anotaría dos más.

Estrella fugaz

El Mundial de 1994 se recordará por la nariz rota de Luis Enrique. Un gol suyo en los octavos de final, ante Suiza, contribuyó al triunfo de España y les tocó enfrentarse a Italia en cuartos de final. En dicho encuentro, Tassotti le propinó un codazo en la cara, rompiéndole la nariz, aunque el árbitro no sancionó la acción con penalti, pues ambos se encontraban dentro del área. El partido terminó con la derrota de España por 2-1 y la consecuente eliminación del campeonato.

También será recordado por la hazaña de la Bulgaria de Hristo Stoichkov al llegar a semifinales o Rumanía ganando a Argentina y clasificándose por primera vez para cuartos de final.

Pero Salenko, desubicado y abrumado por la notoriedad, con la cabeza más puesta en las penurias de sus familiares en la transición de un sistema comunista al salvaje capitalismo, regresó a España para seguir con su carrera deportiva. Ya nunca más volvió a brillar como ese día.

La marca que no superó Pelé ni Maradona

Y que quizás Messi tampoco supere. Los cinco goles que fueron desde el minuto 15 de la primera parte hasta el 75 de la segunda quedarán en la historia de los Mundiales. A la media parte ya había hecho un ‘hat-trick’. En el 41′ y en el 44′ de penalti.

En el minuto 72 volvía a enviar el balón al fondo de la red y repetía en el 75′. Ese era su momento y su escenario. Nunca más volvió a pisar un estadio con 75.000 espectadores atónitos ante lo que estaba sucediendo en un partido intrascendente. Hasta pudo marcar un sexto gol pero cedió el balón a Radchenko quien pusiera el 6-1 en el marcador.

Desde que Lucien Laurent (que participó como soldado en la II Guerra Mundial y fue hecho prisionero por los alemanes -pero esto será otra historia-) marcó el primer gol en un Mundial defendiendo la camiseta de Francia ante México el 13 de julio de 1930 en Uruguay, Salenko se situaba por encima de algunos de los mejores goleadores de toda la historia del fútbol.

Superaba los cuatro goles del polaco-alemán Ernst Wilimowski en la primera fase del Mundial de Francia de 1938 ante Brasil, del brasileño Ademir ante Suecia en Brasil’50, del húngaro Sandor Kocsis en el Mundial de Suiza 1954 ante la Alemania Federal en la fase de grupos, del francés Just Fontaine ante la Alemania Federal en la lucha por el tercer puesto de Suecia’58, del portugués Eusebio ante Corea del Norte en cuartos de final del Mundial de Inglaterra de 1966 o de Emilio Butragueño en el Mundial de México de 1986 ante Dinamarca.

Hristo Stoichkov también fue galardonado con la Bota de Oro en el Mundial de Estados Unidos de 1994

Los ‘Leones Indomables’ de Camerún, que tenían en sus filas a un Roger Milla que con 42 años anotó el único gol del equipo africano y se convirtió en el jugador de más edad en marcar en un Mundial, fueron la gran decepción de USA’94. Y Salenko no volvería a vestir la camiseta de Rusia nunca más.

La maldición de la Bota de Oro

Recaló en el Valencia pero no cuajó por temas extradeportivos. Aunque jugó 31 partidos y marcó 10 goles, al final de la temporada de 1994 se fue al Rangers escocés, después a Turquía entre 1995 y 1998 donde, en su primer curso, jugó 20 partidos y anotó 11 goles pero desapareció de las alineaciones las dos siguientes temporadas. Volvió a España en 1999 y jugó en el Córdoba de Segunda División con un bagaje muy pobre para terminar su carrera en 2001 en el Pogon Szczecin polaco. La Bota de Oro era un peso en la mochila.

La Bota de Oro que guardaba en un armario cogió polvo y en los años venideros, de ser un objeto de culto y orgullo para mostrar a las visitas, se tornó un activo a tener en cuenta para saldar deudas.

Oleg Salenko
Oleg Salenko cargó con el peso de la Bota de Oro y no tuvo suerte en los clubes donde recaló

Una oferta tentadora

En 2010, con 41 años y jugando en la selección rusa de Fútbol Playa con otras glorias del fútbol ruso, se planteó vender ese trofeo y aligerar su paupérrima economía. Un jeque de Emiratos Árabes (quien si no) se ofreció a comprársela por medio millón de dólares. Era muy tentador.

«Tenía pequeños negocios, pero todo ha caído debido a la crisis. Tengo que pagar alguna deudas y, si bien no estoy arruinado, la oferta es difícil de rechazar» confirmó al diario Bild. El jeque se la compraba para colocarla en un museo y Oleg afirmó que prefería venderla a algún empresario ruso o ucraniano para que se quedase en su país.

Él mismo tuvo que salir a dar explicaciones viendo el revuelo que cogía el tema. Acabó negando que la hubiera vendido. Había encontrado otra forma.

Habrá que creerlo. Pero sigue siendo muy tentador.

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