Randy Lanier. El piloto narcotraficante

Randy Lanier

Sorprendió al mundo del motor al disponer de un equipo propio y codearse con las grandes marcas automovilísticas en las carreras. Había truco: también era el mayor traficante de marihuana de EE.UU.

Randy, un chico de Lynchburg, Virginia, quedó prendado al oír por la radio una carrera de coches en los años 60 y se dijo a sí mismo que algún día se convertiría en un piloto en las 500 millas de Indianápolis.

Pero, el circo del motor no iba a ponérselo fácil a un chico de pueblo. Cuando su familia se trasladó a Florida, a Randy se le abrió un mundo mágico de playas, amigotes, libertad y posibilidades para llevar a cabo su sueño de ser piloto.

Aunque consiguiera mucho dinero también había que tener un talento suficiente que le pusiera en la parrilla de salida. Y él era hábil de reflejos. En todos los aspectos de la vida.

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Lanier fue un ‘outsider’ del circuito automovilístico, un piloto que construyó su propio equipo y que puso en jaque la hegemonía de los Porsche, los Ford y los Jaguar, con su ímpetu, su buena conducción y su suerte.

Partió de cero poniendo todo su esfuerzo en divertirse en la pista para subir poco a poco, pero también consiguió equilibrar el pragmatismo con la asunción de riesgos. Sobre todo, aprendió de los errores y realizó los ajustes necesarios.

Pero antes de ir a toda velocidad en las pistas llevaba otra vida que le convirtió en un traficante que controló el comercio de la marihuana en Estados Unidos a finales de los 70 y principios de los 80. Después, la codicia le derivó a compaginar las carreras con el narcotráfico. Así se entiende que, solo viviendo al margen de la ley, pudiera amasar una fortuna que le permitiese competir en la Indy500 con un equipo de dos coches, mecánicos y una estructura de apoyo comparable a la de las marcas más potentes del circuito. Todo por un sueño.

Randy Lanier junto el March 84G. Compitió con este coche con Bill Whittington y se adjudicaron la carrera de IMSA de 1984

Pequeños trapicheos

Lanier debutó en el tráfico de drogas a los 15 años. Fue cuando se mudaron de la conservadora Virginia a la liberal Florida. A Randy no le gustaba la escuela. Cuando salía de clase hacía como muchos chicos a finales de los 60: quedaba con amigos y fumaba unos porros. Admite que empezó a vender marihuana por el simple hecho de no tener que pagar por fumarla. La vendía a sus compañeros de Miramar High y cuando supo que le iban a expulsar, abandonó el instituto.

Su padre, carpintero, le buscó un trabajo en la construcción pero los compañeros de trabajo, al saber que Randy les podía conseguir droga, se convirtió en su camello. Los porros ya hechos se convirtieron en bolsitas, las bolsitas en bolsas y las bolsas en ladrillos. Estaba ganando más dinero en un día que en un mes subiendo paredes.

A los 19 años se compró una lancha motora con la que surcaba las olas los fines de semana por diversión en los cayos de Florida. A las pocas semanas, un socio del negocio de la droga le sugirió que podía utilizarla para algo más que alardear delante las chicas. Ese fue el paso definitivo a ser un narcotraficante.

Negocio viento en popa

La primera misión era recoger una tonelada de marihuana en un barco nodriza en las Bahamas y volver a Florida. Lleno de adrenalina por si le cazaban, el transporte fue un éxito. Luego vinieron más encargos. Conseguía eludir la Guardia Costera y se llevaba una buena porción de las ganancias. Corrían los años 70 y las costas eran muy porosas. Lanier se conocía todos los canales y montó almacenes como escondites.

Para colocar el dinero montó un negocio de alquiler de botes y motos de agua en Fort Lauderdale. El dinero fluía a raudales y Lanier decidió comprar un barco más grande para ir directamente a Colombia. Atracaba en el puerto de Santa Marta, cargaba y regresaba a Estados Unidos. Montó el negocio con otros socios, (se habla de hasta 12 más, entre ellos Ben Kramer, amigo del instituto y quien le dio el contacto directo con los colombianos) que distribuían los mayores cargamentos de marihuana de Estados Unidos. De los barcos pasaron a barcazas con remolcadores y de allí a adquirir un carguero entero para esconder la droga en los compartimentos que compensan el peso del barco. Cargamentos de hasta 50.000 kilos le suponía ingresar más dinero del que podía blanquear.

«Florida era un paraíso para los contrabandistas. Era como los días de los piratas» –

Randy Lanier

Decidió limitar los cargamentos a cuatro o cinco al año. Dejó los envíos para concentrarse en la distribución. Pero la bonanza se truncó. En 1981 Ronald Reagan llegó a la presidencia de los Estados Unidos. Un año después de sentarse en el despacho oval, puso en marcha la guerra contra la droga con una aplicación de la ley más fuerte, más policía destinada a combatir el tráfico, más lanchas costeras y penas más duras de cárcel como la cadena perpetua.

Lanier vio que el negocio cambiaba y su familia también. En 1980 había tenido su primera hija a quien, en su sexto cumpleaños, le trajo un elefante del circo de Orlando. Estaba amasando una fortuna considerable y no se cortaba en comprar coches, apartamentos o hacer vacaciones en el Caribe. El dinero fluía en las dos direcciones.

Randy y Pam se casaron en 1976 y tuvieron dos hijos. Desde que le conoció, Randy siempre había traficado y llevaron un tren de vida de multimillonarios

La oportunidad de Daytona y Le Mans

En 1978, Randy se topó con un folleto en el salón del automóvil Sports Car Club of America en Miami en el que se anunciaban clases para conducir coches de carreras. El sueño que había quedado tapado por el dinero fácil del tráfico y la adrenalina de vivir fuera de la ley, floreció. Se compró un Porsche Speedster de 1957, lo modificó y adaptó y se presentó a carreras de aficionados. El instructor de las clases le dio cuatro consejos sobre las curvas, vértices, control de derrapes, mecánica y conducción en general y admitió más tarde que Randy había sido de los mejores y talentosos pilotos que había tenido.

El Porsche con el que los hermanos Whittington compitieron en Le Mans 1978 patrocinados por Kremer

En 1980 ya cosechaba sus primeras victorias y debutó de forma profesional en 1981 en la categoría IMSA Camel GT en el circuito de Daytona. Asociado con Bill Whittington terminaron en el puesto 30 pero la semilla de la velocidad y el riesgo germinaron en Lanier. Los hermanos Whittington, Bill y Don, también eran traficantes y poseían una flota de aviones que realizaba viajes desde Colombia para llevar la marihuana. Llegaron a comprar un circuito, el de Road Atlanta por su recta, ya que era perfecta para aterrizar sin levantar sospechas.

En 1982 le llegó la oportunidad que correr las 24 horas de Daytona. Un piloto se puso enfermo y él pudo dar unas vueltas con un Ferrari 512 que dejó impresionados a los componentes del equipo. El día de la carrera, él y los otros dos pilotos mantuvieron la primera posición durante 18 horas hasta que Lanier rompió la caja de cambios. Su hazaña de piloto sin experiencia le llevó a recibir una propuesta de un equipo para correr las 24 horas de Le Mans. Él y su esposa Pam con quien se había casado en 1976 llegaron a Francia en un jet privado y se alojaron en un castillo de 56 habitaciones. Randy, un chico de pueblo, había llegado donde quería estar.

«Fue entonces cuando me di cuenta. El estilo de vida, las carreras, todo el paquete. Quiero ser parte de esto«. Dijo Randy a su esposa Pam

Colombian Gold

Aunque la administración Reagan iba cerrando el cerco y otros traficantes eran encarcelados, Lanier ampliaba el negocio del tráfico de droga. Se quedaba con más zonas desprovistas de marihuana y el dinero fácil entraba en las arcas de la organización. Además, una nueva cepa, la Colombian Gold irrumpió en el mercado americano.

En 1982, poco antes de disputar las 24 horas de Le Mans, Lanier y su banda hicieron un buen golpe al entrar en Estados Unidos el alijo más grande hasta entonces: 45 toneladas de marihuana camufladas en las bodegas de un barco carguero de contenedores. Bajo unas planchas de acero sellado en Colombia, fue atracando en varios puertos de Estados Unidos para despistar a las autoridades hasta hacer la descarga definitiva.

Había de meter el ingreso de dinero por ese transporte en algún sitio. Y Lanier montó un equipo con un exjefe de equipo de Formula 1, dos coches, mecánicos y talleres. Empezaba su carrera profesional en las pistas.

El March 84G, con el que ganaría el campeonato IMSA de 1984

Traficando mientras compite

Era una norma no escrita de los circuitos: los pilotos con más riqueza que talento se apagaban con rapidez del fuego de las pistas y los medios de comunicación hicieron hincapié en ese aspecto al analizar el equipo de Lanier: detrás no había ninguna de las grandes marcas ni patrocinadores potentes. ¿De dónde sacaba el dinero?

El equipo Blue Thunder, que es como lo creó Lanier, debutó en las 12 horas de Sebring en 1984. No fue muy bien pero junto a Bill Whittington realizaron los cambios necesarios y en la siguiente carrera, en el Riverside Grand Prix de Los Angeles se enfrentaron a leyendas como Emerson Fittipaldi o Al Holbert. Siendo primeros le explotó una rueda, llegó a boxes, la cambiaron y al volver a la pista ganó a Holbert por 5 segundos. Después vinieron las carreras de Laguna Seca, Charlotte, Portland, las 500 millas de Michigan y las 500 de Nueva York y también ganaron. Llegaron al final de temporada y Lanier y su equipo se proclamaron campeones de la Camel GT en su primera temporada.

El único patrocinio que llevaba el coche era Apache Powerboats, la compañía de barcos de Ben Kramer, socio de Lanier y sobrino nieto de uno de los capos más importantes del sindicato del crimen de Estados Unidos, Meyer Lansky.

«No sé de dónde diablos vinieron estos chicos de Blue Thunder, pero son el único equipo de carreras donde todos los mecánicos de boxes usan un Rolex» – Comentario de un periodista deportivo en TV

Lanier estaba concentrado en pilotar y ganar carreras pero no desatendía el negocio que le permitía seguir corriendo en los circuitos. Algunas veces antes de empezar una carrera, abandonaba los boxes, buscaba un teléfono publico y gestionaba un cargamento o los hombres que necesitaba para cubrir el transporte. Operó paralelamente para desembarcar un alijo de marihuana que superaba a cualquier montante realizado hasta entonces: 75 toneladas. Y las consecuentes ganancias que le reportó y pudo blanquear en el equipo de competición con 4 coches, 10 motores y un camión.

Randy Lanier consiguió un puesto en la parrilla de la Indy500 de 1986 con un March 86c

La Indy500

Randy empezó a gastarse el dinero llevando un tren de vida de multimillonario: se compró coches de colección, tres casas en las Montañas Rocosas, viajes en jets privados, fiestas y dispendio desmesurado. Se lo podía permitir. Abrió cuentas bancarias en paraísos fiscales, inició la construcción de un casino en California y preparó un equipo de competición para poder correr en la Indy500 en 1986, el circuito donde todos los pilotos aspiran a alcanzar la inmortalidad.

Pero unos meses antes del debut en la Indy500, Bill y Don Whittington fueron arrestados y acusados por importar marihuana, fraude fiscal y evasión de impuestos. Les cayeron 10 y 5 años de cárcel respectivamente.

Los federales empezaron a tirar del hilo. El mundo del motor y de las carreras era un agujero sin fondo de blanqueo de dinero. El caso de John Paul Sr., un piloto educado en Harvard pero sentenciado a 20 años de cárcel por intentar matar a un testigo federal en un caso de tráfico de drogas, era muy reciente. Su hijo John Paul Jr., también piloto, fue sentenciado a 5 años de prisión por colaborar con su padre en el narcotráfico.

Randy compaginó las carreras con el narcotráfico

Las autoridades se acercaban demasiado a Lanier y éste ya veía que el negocio peligraba y su integridad también, por eso planeó un último trasporte, de 83 toneladas con un valor de 55 millones de dólares, para 1986 y luego, salir del juego, retirarse.

Una semana antes de la Indy500 el FBI arrestó a un distribuidor que empezó a colaborar. Aún así, Lanier y sus socios decidieron tirar adelante el transporte.

Cuando llegó el día más esperado en la vida de Randy, se olvidó del FBI, del barco y del dinero. Solo existía la carrera por la que había soñado toda su vida. Hizo una carrera memorable, quedó décimo, lo que le valió el trofeo del ‘Novato del Año’ habiendo registrado la velocidad más rápida de la historia en las vueltas de precalificación superando a Michael Andretti. Había cumplido su sueño y estaba a punto de dejar el tráfico de drogas.

Mientras tanto, antes de subir al March 86c, había dado las órdenes necesarias para que el carguero con la mercancía más cuantiosa de marihuana retrocediese y se dirigiera al Canal de Panamá, remontara el Pacífico y atracase en San Francisco en lugar de llegar a Louisiana ya que el FBI estaba esperándolo en varios puertos de la costa este.

Con tanto viaje, la mercancía se movió y se mojó con el agua que lleva el carguero para estabilizarse en alta mar. Mojada, la marihuana emite metano. Los dos operarios que se encargaron de abrir con un soplete las planchas de metal que tapaban el doble fondo del barco desconocían que la droga se había descompuesto. Una explosión sacudió el puerto de San Francisco y los dos murieron. Lanier y sus socios estuvieron toda una noche descargando los fardos que estaban bien pero no pudieron eludir la investigación que se derivó.

La fuga y condena

A principios de enero de 1987, Pam se dirigió al hospital para dar a luz el segundo hijo de la pareja, un niño. Randy se paró en un restaurante a comer algo antes de ir a visitarla y vio en las noticias como anunciaban que los agentes federales estaban registrando su propia casa. Llamó a su esposa y le dijo que no iría. El FBI arrestó al socio de Lanier en Nueva Orleans y la organización se vino abajo. Como piezas de dominó fueron cayendo una a una.

Randy se fue en tren nocturno a Pennsylvania y de allí voló a Londres con un pasaporte falso. Con bolsas llenas de dinero del narcotráfico encima, fue a Montecarlo y vivió como un multimillonario junto a María de la Luz Maggi, una mujer con la que mantenía una relación amorosa en Florida. Planeó viajar a España o Nueva Zelanda con una identidad falsa pero decidieron instalarse en Antigua, en el Caribe.

Al cabo de pocas semanas lo apresaron. Mientras, Pam tuvo que aceptar un trabajo en un supermercado ya que les embargaron la casa y todas las cuentas bancarias por haber defraudado al fisco. El padre de Randy también fue apresado por esconder en su jardín bolsas con 2 millones de dólares procedente del narcotráfico y otro familiar también por esconder 500.000 dólares en un sótano.

Aunque le ofrecieron una rebaja en la condena si cantaba, su ego era demasiado grande y todavía creía que no debía admitir su culpa. El 7 de diciembre de 1988, Lanier fue condenado por importar y distribuir más de 300 toneladas de marihuana. Cadena perpetua sin libertad condicional.

Finalmente, el 15 de octubre de 2014 Lanier fue liberado por un indulto presidencial. Las razones de su liberación no están claras. Es posible que Randy proporcionase información adicional que no dio en el momento de ser condenado. Se pasó 27 años en la trena. Ahora intenta recomponer su vida junto a su mujer y es patrocinador de una empresa de distribución de marihuana, Cannabis Sativa, Inc., que anuncia en un coche de carreras. Además también lidera una organización de apoyo a prisioneros por posesión y tráfico de cannabis apodada Freedon Grow.

Randy Lanier, en la actualidad, en una imagen del documental ‘Bad Sport’

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