Sofía Ramos. De la chabola a la medalla de oro

Sofía Ramos

Vio compensada una infancia de penurias y limitaciones al coronarse campeona de marcha atlética en el Mundial Sub20 el pasado mes de agosto

Sin agua corriente, con las calles sin asfaltar y pinchando la luz de donde alcanza, los aproximadamente 150 habitantes del asentamiento de chabolas de la localidad ’17 de junio’ en el municipio de Nezahualcóyotl, en Ciudad de México, sobreviven diariamente de las chatarras que recogen, de la venta callejera de comida hecha en casa o de las ferias ambulantes.

En esa extensa alfombra de refugios autoconstruidos al este de Ciudad de México, más allá del aeropuerto, conocidas por ‘Las casitas de las vías’, en la chabola num. 10 de las 22 que hay, vivió y creció Sofía Ramos con su hermana Frida y sus padres.

¿Por qué es una ‘Outsider’?

Si las circunstancias forman quienes somos, Sofía tuvo que luchar toda su vida por conseguir demostrar que tenía talento para el deporte. Salió de los estratos más pobres de México y con tesón y constancia logró superar todos los obstáculos para consagrarse en la marcha atlética.

Cierto es que tuvo a su lado su madre que no desfalleció ni un instante.

La madre de Sofía, preocupada por poder dar a sus hijas unos instantes de deporte y sociabilidad alejándolas de las penurias económicas del asentamiento, las llevó con 10 años al polideportivo Clínica 23 del IMSS para que practicaran gimnasia. Cada día de entrenamiento, madre e hijas caminaban 30 minutos de ida y otros 30 de vuelta.

Al pasar por los Bosques de Aragón, una zona con varias instalaciones deportivas, se fijaron en unos atletas que daban vueltas a una pista de atletismo. Sofía y su hermana observaron los raros movimientos que hacían al caminar los deportistas. Se encontraron con Adrián Camacho, el entrenador, a quien le pidieron probar esa disciplina: marcha atlética. A Sofía le gustaba más la gimnasia pero su hermana insistió en querer continuar con la marcha atlética y como su madre no podía dividirse, las dos terminaron por hacer marcha.

Madrugar a las 4

Para tomarse en serio el deporte, Sofía llevaba un ritmo un poco estresante: por la mañana asistía a la escuela, llegaba a casa y debía salir hacia el entrenamiento comiendo algo, cuando volvía ayudaba a su madre haciendo pasteles que la buena señora vendería al día siguiente en los mercados callejeros o a los policías del aeropuerto y poder comprar zapatillas y ropa de deporte de segunda mano. Y luego, a dormir.

Camacho, su entrenador, quiso que la valoraran y apuntó a Sofía con 14 años a la Olimpiada Nacional (2016). Allí vieron que tenía talento y la invitaron a entrenar en el Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento. Se unió al equipo de un entrenador olímpico que tenía por costumbre poner los entrenamientos a las 5:30 hrs. por lo que debía salir de casa a las 4 de la mañana. Como los resultados fueron buenos consiguió obtener una plaza para quedarse a vivir en el Centro y ahorrarse los madrugones.

Buena progresión

Su esfuerzo valió la pena pero el entrenador tenía unos métodos demasiado expeditivos. En una ocasión, la dejó tirada a ella y otra niña en la zona llamada Desierto de los Leones al considerar que no habían hecho un buen entrenamiento. Tuvieron que volver a casa a pie. Su madre se enfadó y la sacó del Centro. Entonces la comisión de Cultura y Deporte le pidió al entrenador Ignacio Zamudio que tutelase su preparación: detectó algunos fallos y la preparó para los Juegos de la Juventud de Buenos Aires de 2018 donde ganó una plata en los 5 km con un tiempo de 22 min. 29seg.

Para llegar a Buenos Aires su madre pidió dinero a familiares y amigos, un crédito y trabajó de cocinera. En 2019 consiguió competir en el Campeonato Centroamericano y del Caribe y logró clasificarse para los Juegos Panamericanos de Costa Rica sub20 donde quedó octava. El drama volvió cuando se preparaba para el Mundial sub20 de Kenia cuando su entrenador le comunicó que podía estar seleccionada pero que no había plata para costearle el viaje.

Presión a los políticos

Se confirmó su participación con una carta que le informaba que había sido elegida. Pero debía pagarse de su bolsillo el viaje y todos los gastos. Se le hundió el mundo. Y allí apareció de nuevo su madre que fue a ver al representante político de NezahualcóyotlAlfredo Cerqueda Rebollo, y le presionó para conseguir el dinero suficiente.

Fueron días de incertidumbre, de llamadas y de cierta desesperación al ver que su sueño del mundial se esfumaba. Patricia, su madre, hizo un último intento y al cabo de pocos días, el político había conseguido el dinero para pagar el pasaje de Sofía pero sin el entrenador que regresaba de Tokio y no cumplía el protocolo covid de días estipulado por la organización del Mundial.

Conocedora de los esfuerzos familiares, de amigos y conocidos para que pudiera competir, Sofía sabía que debía dejar el pabellón mexicano bien alto: se llevó el oro en marcha de 10 km. con un tiempo de 46 minutos y 23 segundos, un minuto y 20 segundos menos que la segunda clasificada.

Ahora, con 19 años, solo debe pensar en entrenar y clasificarse para los JJ.OO. de París 2024 con la confianza de que el dinero no va a ser un problema para volar hasta Francia.

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