Team Hoyt. «Papá, cuando corro, no me siento un discapacitado»

Dick and Rick Hoyt

Dick Hoyt cumplió el sueño de su hijo con parálisis cerebral corriendo 72 maratones y 6 ironman con él.

A los 15 años, Rick Hoyt le dijo a su padre si podían correr una carrera benéfica para un chico del equipo de lacrosse de la escuela que se había quedado paralítico por culpa de un accidente.

Dick, con 36 años y que nunca había practicado deporte más allá del que hizo en la academia militar, miró a su hijo en la silla de ruedas y le dijo que podían intentarlo.

Al terminar la carrera de 8 km. un exultante Rick le comentó a su padre: «Papá, cuando corro, no me siento un discapacitado».

A partir de entonces, Dick Hoyt se dedicó en cuerpo y alma a correr todo tipo de carreras, populares y oficiales. Le prometió a su hijo que participarían en todas las carreras posibles mientras la salud lo permitiese y siguieran pasándolo bien juntos. Su objetivo sería a partir de entonces demostrar al mundo que los niños y jóvenes con parálisis cerebral podían tener una vida como la de los otros chicos.

Aunque al principio tuvieran que luchar contra las reticencias de otros corredores y los organizadores de las carreras, el Team Hoyt no desfalleció nunca.

Durante 39 años, Dick y Rick Hoyt han participado en 1130 carreras. Foto: Team Hoyt

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Dick Hoyt vio en las competiciones atléticas la manera de visualizar los problemas que se encontraban las familias con niños con parálisis cerebral. No quería esconder a su hijo sino demostrar que esos jóvenes que han nacido con esa problemática pueden y deben tener una vida como la de los demás. La dedicación y el esfuerzo que Dick mostraba en cada carrera, cuanto más dura, mejor imagen, servía para ayudar a que muchas familias con hijos con parálisis cerebral no sintieran vergüenza y realizaran actividades en sus comunidades con sus hijos.

Las primeras sillas con ruedas que utilizaba Dick pesaban más de 15 kilos. Foto: Team Hoyt

Una letra cada vez: «Go Bruins!»

Cuando Rick nació en 1962, los médicos les dijeron a los Hoyt que internasen a su hijo en una institución donde sería atendido ya que «no era más que un vegetal» y que, además del enorme trabajo que suponía para los padres cuidar de un hijo en esas condiciones, no tendría muchos años de vida.

Dick y Judy siguieron consultando las posibilidades de hacerse cargo de su hijo en casa y encontraron un médico que les animó a tratarlo, amarlo y cuidarlo como si no existiese la parálisis. Los Hoyt hicieron de tripas corazón y se enfrentaron a un sinfín de problemas.

Empezando por el de la movilidad. Rick necesita tomarse unos calmantes musculares porque sus músculos se contraen crónicamente. Solamente puede mover la cabeza, ligeramente inclinada hacia la derecha, y al tener la ‘lengua invertida’ babea y necesita que siempre haya alguien que le acerque la comida a la boca. La primera preocupación de los Hoyt fue que Rick comiese. Cada dos horas le despertaban y le obligaban a comer, si era necesario pellizcándole.

Rick, durante las pruebas para adaptar un ordenador para que pudiese comunicarse. Foto: Team Hoyt

Luego vino el de la comunicación. A medida que se hacía mayor, Judy dedicó horas y horas a enseñarle el abecedario poniendo etiquetas en todos los objetos de la casa para que Rick aprendiese a leer. Dick y Judy vieron en los ojos de Rick, de mirada pura y brillante, un atisbo de esperanza. Parecía que Rick entendía lo que ocurría en su entorno pero era incapaz de comunicarse.

Cuando cumplió 11 años, sus padres lo llevaron al departamento de ingeniería de la Universidad de Tufts en Boston para preguntar si había algún medio de comunicarse con su hijo. Allí les dijeron que su cerebro estaba muerto. Sin embargo, Dick les pidió que le contaran un chiste, tras lo cual Rick sonrió. El cerebro estaba vivo.

Programaron un ordenador para que Rick pudiese construir palabras a cada golpecito de cabeza. El proceso de formar una frase duraba horas pero era un primer avance. La duda asaltó a los Hoyt cuando se cuestionaron si su hijo había aprendido las letras. Y llegó la sorpresa. Las primeras palabras de Rick no fueron «Te quiero mamá» o «Hola papá» sino «GO BRUINS!». El grito de ánimo que debía haber escuchado en más ocasiones en casa. Los Boston Bruins es el equipo de la primera división de hockey hielo de la NHL.

Momento de la graduación de Rick Hoyt. Foto: Team Hoyt

De esta forma lo pudieron inscribir a la escuela y aunque con dificultad y a un ritmo más lento acabó integrándose en la comunidad y terminando el curso. Hasta consiguió inscribirse en la universidad de Boston en 1993 y sacarse un grado intermedio de educación especial. Luego trabajó en el departamento de ordenadores del Boston College desarrollando sistemas de comunicación para discapacitados.

1.130 carreras juntos y un matrimonio roto

Según datos oficiales, hasta el 22 de marzo de 2016 habían completado 1.130 carreras juntos. Durante 39 años, Dick ha empujado la silla con ruedas de Rick en competiciones de todo tipo y de múltiples distancias.

Desde distancias cortas como las 176 carreras de 5 km., las 219 de 10 km. o las 97 medias maratones hasta las 72 maratones, de las que en 32 ocasiones ha sido la archifamosa de Boston. Pero el que realmente impresiona es la cantidad de triatlones realizados: 257. De todos estos triatlones, 6 son Ironmans, una de las pruebas más duras del planeta. El triatlon es una prueba atlética en la que se combinan la natación (entre 1.000 y 4.000 metros), el ciclismo (entre 100 y 200 km.) y la carrera a pie (entre 10 y 42 km.). La prueba del Ironman tiene unas distancias acotadas en 3,8 km. de natación, 180 km. de bicicleta y 42,2 km (un maratón) de carrera a pie.

Dick Hoyt completó 6 Ironman con Rick. Foto: Team Hoyt

Tantas pruebas y viajes durante tantos años solo pueden sostenerse si el espíritu de superación de los participantes se mantiene intacto a lo largo del tiempo. También requiere muchas horas de entrenamiento y gestión de la documentación para los traslados y el alojamiento. Una dedicación que absorbió todo el tiempo de Dick y que le costó su matrimonio.

Dick Hoyt durante su etapa como militar. Foto: Team Hoyt

Durante toda la infancia de Rick, mientras Dick hacía su carrera militar en el programa de misiles del área de Massachusetts, Judy Hoyt criaba a Rick con el enorme desgaste emocional que comporta ver que los avances cognitivos de un hijo se estancan. Además cuidaba de los otros dos hijos que vinieron después de Rick. Russ y Rob nacieron sin problemas e incorporaron a Rick a todos sus juegos como el de portero de hockey tal y como era la intención de los Hoyt para darle a Rick una vida completamente normal.

Los hermanos de Rick, Russ y Rob, nunca dejaron de lado a su hermano en los juegos. Foto: Team Hoyt

Al principio Judy les acompañaba a todas la carreras. Después, los compromisos familiares o laborales hicieron que Dick y Rick realizasen los viajes y las carreras sin la madre. A medida que se conocían los retos que superaban, como el primer Ironman de Hawaii de 1989 completado por el Team Hoyt, Judy se enorgullecía de ellos pero poco a poco Dick asumió más cuidados y responsabilidades con Rick y los elogios de la prensa y la sociedad iban dirigidos solo hacia Dick cuando Judy había hecho un trabajo ingente durante toda la infancia y adolescencia de Rick.

Dick y Rick cruzaron Estados Unidos en 45 días. Foto: Team Hoyt.

La gota que colmó el vaso de la paciencia de Judy fue cuando en 1992 Dick y Rick completaron la gesta más grande de todas la que habían realizado: durante 45 días recorrieron los 6.040 km que separan las dos costas de Estados Unidos en bicicleta y corriendo. Tras 34 años de matrimonio, Judy y Dick se separaron en 1994.

En la prueba de natación de la triatlón, Dick llevaba a Rick en una barca inflable. Foto: Team Hoyt

El infarto de Dick Hoyt

En 2013, los hermanos Tsarnaev colocaron dos bombas cerca de la meta del maratón de Boston que mataron a tres personas e hirieron a cientos. El Team Hoyt se encontraba en aquel momento de la explosión a unos dos kilómetros.

En 2014 completaron el maratón de Boston habiendo anunciado unos días antes del evento que sería el último que harían juntos. Dick Hoyt con 74 años empezaba a retirarse de las carreras. Entre 2015 y 2019, Rick siguió participando en el maratón de Boston gracias a la iniciativa de la fundación que fundó Dick en 1989. Su silla con ruedas fue empujada esos años por Bryan Lyons, un dentista amigo de la familia, que falleció en junio de 2020 a los 50 años.

Dick Hoyt empezó a dar signos de agotamiento en 2003. A mitad de un medio maratón, Dick sintió un malestar en la garganta y una inusual acumulación de saliva. La sensación pasó y terminó la carrera sin dificultad. El fenómeno se repitió en las siguientes carreras preparatorias del maratón de Boston de ese año. Dick consultó con su médico que le hizo un electrocardiograma. Las pruebas indicaron que sufrió un amago de infarto. La prueba de esfuerzo posterior indicó que necesitaba una angioplastia que se realizó pocos días antes del maratón de Boston de ese año por lo que el Team Hoyt se lo perdió tras 22 años asistiendo ininterrumpidamente.

Dick no quiso que nadie empujara a Rick: «O corremos juntos o no corremos».

Hubo además un dolor crónico en la espalda que le acompañó durante años y una operación de rodilla que le apartó temporalmente de los eventos atléticos.

En alguna ocasión le han propuesto a Dick que corriera solo. Si empujando a Rick que pesa unos 50 kg. y la silla (13 kg.) hacía unas marcas equiparables a otros corredores, corriendo solo podría batir marcas mucho mejores. Dick siempre ha dicho que las carreras las corría para hacer feliz a su hijo y para visualizar la problemática de los niños con parálisis cerebral.

Ahora ya son habituales las carreras para padres con jóvenes con parálisis cerebral. Foto: Team Hoyt

Más allá de las carreras

Gracias a la visualización en los medios de comunicación, Dick Hoyt ha conseguido que se organizaran muchas carreras para padres con niños con parálisis cerebral. Su fundación ha apoyado a muchas familias emocional y logísticamente recaudando dinero. Además, Dick, ahora con 81 años realiza unas 60 charlas explicando su historia al año a empresas y organizaciones.

Rick, con 59 años, vive en su apartamento y sigue necesitando una asistente que le ayude con la movilidad y la comida. Sin carreras y con mucho tiempo por delante, Rick ha escrito un libro junto al periodista Todd Civin donde relata sus vivencias y anhelos a lo largo de todos estos años de carreras.

«He escrito este libro porque quiero que la gente sepa que, a pesar de mis discapacidades, soy muy parecido a la mayoría de las personas por dentro. Vivo una vida normal y pienso, amo y me río como cualquier otra persona».

«Una letra cada vez». Libro autobiográfico escrito por Dick y Rick Hoyt en colaboración con Todd Civin

Premios y galardones

Dick y Rick fueron galardonados con el premio Jimmy V Perseverance en 2016 en los ESPY Award de la cadena de televisión ESPN. Además el Team Hoyt también pertenece como miembro del Ironman Hall of Fame desde 2008.

Dick y Rick recogen el premio ESPY de manos del actor Ben Affleck

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