Tekle Ghebrelul. Un entrenador eritreo en Groenlandia

Tekle Ghebrelul

Fue un niño soldado, acogido como refugiado en Dinamarca, llegó a ser seleccionador de la isla, hizo campeón al B-67 y trabaja para que Groenlandia sea reconocida como selección.

Aislado en la cima del mundo e ignorado por los estamentos de la FIFAGroenlandia (58.766 hab.) afronta desafíos propios de su agreste orografía y su climatología para poder practicar el fútbol. Muy seguido gracias a la Premier inglesa, solo pueden disputarse partidos desde principios de junio hasta agosto.

A mediados de agosto de 2022 se disputó la fase final de la liga concentrada en una semana, con dos grupos de cuatro equipos convocados en Ilulissat (a 6º C), en la costa oeste de la isla, a 1 hora y 20 minutos en avión desde la capital, Nuuk, y a 350 km del Círculo Polar Ártico. Se proclamó campeón el Nagdlunguaq-48 al vencer en los penaltis al B-67 y retener el título que consiguió en 2019 tras dos años sin campeonato por culpa de la pandemia.

Con un escaso seguimiento a nivel global, solamente los más locos del fútbol tenían constancia del sistema de competición y su desenlace. Groenlandia sigue siendo, a nivel deportivo, un cero a la izquierda. Por eso es importante dar visibilidad a cualquier iniciativa que lo ponga en el mapa deportivo.

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¿Por qué es un ‘Outsider’?

Para Tekle Ghebrelul (AsmaraEritrea, 1/1/69 – muchos refugiados no tienen constancia de su día de nacimiento y se les asigna el 1 de enero), llegar a Groenlandia, fue una revelación.

De niño quedó huérfano, lo enrolaron en la milicia combatiente en la Guerra de Independencia (1961-1991) que Eritrea mantenía con Etiopía. Escapó a Sudán donde deambuló en un campo de refugiados hasta que la ONU lo envió con 14 años a Dinamarca.

Allí empezó una nueva vida: estudió para maestro y se casó con una danesa. El fútbol formó parte de su vida desde joven y emprendió el viaje a Groenlandia que debía durar días. Se quedó en la isla con la idea de ayudar a desarrollarlo y devolver a la sociedad danesa todo lo que le había dado. 

Tekle Ghebrelul ganó, como seleccionador, la medalla de plata de los Island Games en 2017
 

El problema que azota a las comunidades locales

Se encontró una estructura futbolística paupérrima. Empezando por las instalaciones y acabando por el comportamiento de muchos futbolistas. En 2009 tomó las riendas del B-67 (Boldklubben af 1967) de Nuuk y llevó al club más laureado de Groenlandia a ganar tres campeonatos. En 2013 asumió el cargo de seleccionador nacional y aplicó los mismos métodos que había aplicado en el club: dieta equilibrada, nada de alcohol ni tabaco, horarios de entrenamiento y sentido de club. También lo compaginó con el cargo de seleccionador de fútbol sala, un deporte muy extendido gracias a la posibilidad de jugar bajo techo. Con Ghebrelul al mando, Groenlandia se llevó la medalla de plata en los Island Games de 2017.

El B-67 se ha proclamado campeón de liga en 13 ocasiones

Víctima del racismo

Pero todavía le faltaba a Tekle vivir un episodio desagradable en su estancia en la isla: mientras era entrenador del B-67, un jugador rival colgó en 2017 en redes sociales una foto de Ghebrelul acompañada de emoticonos de monos y plátanos. Tekle tuvo suficiente y solicitó una reunión con la federación de fútbol. Salió de la sala destituido: la versión oficial era que había zarandeado a un niño que lo había insultado y menospreciado a un linier. Nada de eso salía en el acta del partido en cuestión. Varios jugadores amenazaron en renunciar a la selección si no se readmitía a Tekle.

Entrenador en Suecia

Intentó presentarse para el partido Inuit Ataqatigiit en 2018 para entrar en el parlamento y poder influir, desde el ámbito de la política, en leyes anti racismo. Aunque obtuvo 12 votos, no entró. Harto, en 2019 se fue a Suecia a entrenar un equipo masculino y otro femenino de fútbol sala. Las autoridades groenlandesas vieron que perdían un activo importante para el desarrollo del fútbol y le llamaron. Le ofrecieron el puesto de asistente de la selección nacional de fútbol sala, que aceptó de buen grado y del que todavía ostenta el cargo, mientras sigue viviendo en Suecia y presionando a la todos los niveles federativos posibles y moviendo los hilos para conseguir que la FIFA admita a Groenlandia como selección.

Terreno de fútbol de Ilulissat donde se disputó la final de la liga groenlandesa en una semana

Probar con la Concacaf

Con 16 canchas de hierba artificial, el salto de calidad en instalaciones ha sido notable los últimos años. Todavía no disponen de un campo con gradas (condición indispensable para entrar en la FIFA) y no cobran entradas para ver los partidos como en el balonmano (Ghebrelul bromea poniendo precio a las rocas que están junto al campo). Antes, los terrenos eran de tierra y, aparte de numerosas lesiones, las botas, que cuestan unos 190 euros, duraban escasamente los tres meses de competición. Hay que añadir que los desplazamientos entre ciudades se realizan por mar o aire y el carácter amateur de los futbolistas no concede mucha alegría al bolsillo para viajes.

Groenlandia es un territorio autónomo dentro de Dinamarca y no puede ser miembro ni de la UEFA ni de la FIFA. Ante tal negativa han hecho una solicitud para formar parte de la Concacaf (América del Norte, Centroamérica y Caribe). De momento, en septiembre tienen un amistoso contra Kosovo, aunque esto implica un dispendio importante, como los partidos jugados en 2015 en los Island Games, que les costó a la federación groenlandesa más de 20.000 euros desplazar 18 jugadores.

El sueño de Tekle es conseguir que los más altos estamentos futbolísticos europeos y mundiales reconozcan Groenlandia como miembro de pleno derecho como lo son las Islas Feroe o Gibraltar, que consiguieron serlo antes de que se implantase la normativa actual. Sigue luchando para su reconocimiento en la isla descubierta por Erik el Rojo y que le puso el nombre de Grønland (‘tierra verde’) para animar a sus compatriotas a ocuparla. 

De momento, el único verde que se distingue es el de los terrenos de juego donde se depositan las esperanzas de un puñado de jóvenes.

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