Vera Caslavska. La novia de México que desafió a la URSS

Vera Caslavska

Normalmente el deporte y la política no se mezclan entre sí. O sí, y más cuando el deportista siente que tiene la oportunidad de llamar la atención del mundo con su profesión. Eso fue lo que ocurrió cuando la checoslovaca Vera Caslavska, considerada por muchos la mejor gimnasta de todos los tiempos decidió desafiar al régimen comunista de su país.

¿Cómo? Pues aparte de firmar un documento de 2.000 páginas escrito por el periodista Ludvík Vaculík que criticaba al gobierno de su país, también hizo un gesto de protesta “muy sútil” cuando ganó una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de México en 1968.

¿Por qué es una Outsider?

Para empezar esta atleta está considerada una de las mejores olímpicas de todos los tiempos. Su currículum deportivo es impresionante y casi nadie se le acerca.

Tiene la hazaña de ser la única gimnasta, hombre o mujer, que ha ganado una medalla de oro olímpica en cada prueba individual. Entre sus mayores logros se encuentran sus 7 medallas de oro olímpicas individual en los Juegos Olímpicos de Tokio 64 y México 68.

En el campeonato europeo con Latynina a la izquierda
y la alemana Radochia.

Fue cuatro veces campeona del mundo y once veces campeona de Europa. Sus 140 medallas, 22 de ellas de oro en los Juegos Olímpicos le han servido el apodo de Zlatá Věra o Věra de Oro.

Pero todo eso queda sepultado por su protesta en 1968 en los Juegos Olímpicos de México.  

Ese año el gobierno de Checoslovaquia controlado por Alexander Dubcek, secretario del Partido Comunista de Checoslovaquia decidió relajar la censura de la URSS y abrir el país.

El mandato amable y socialista de Alexander Dubcek fue el inicio de la llamada Primavera de Praga donde los ciudadanos checos protestaron contra la represión rusa que pretendía acallar a Alexander Dubcek.

Vera Čáslavská fue una excelente gimnasta que consiguió varias medallas en los JJ.OO.

Un entrenamiento en la montaña y la renuncia a todas sus medallas por una victoria de su pueblo

Vera Čáslavská manifestó el apoyo a su país con un escrito que protestaba abiertamente contra el régimen del comunista Leonid Brézhnev. Fue tanta la presión que sintió Caslavska que tuvo que entrenar sola en la montaña para los JJOO de México 68.

El entrenamiento en el alejado pueblo de Šumperk fue de lo más curioso y desde luego nada que ver con el de sus rivales las gimnastas de la URSS.

Las ramas de los árboles hacían de barras de gimnasia y empleaba los árboles y los campos que tenía su cabaña para estirar y entrenarse. Finalmente, y contra todo pronóstico la atleta checa consiguió un permiso de su país y pudo representar a Checoslovaquia en México 68.

Por si todo eso no fuera suficiente antes de partir hacia México afirmó lo siguiente:

«Sacrificaría todas mis medallas hasta ahora por la victoria de este año. Porque no lucho por mí, sino por todos nosotros. Y nuestro pueblo merece la victoria«.

La actitud demostrada por la atleta a la hora de firmar el manifiesto se reflejó en la pista donde los jueces la despojaron de la medalla de oro por una polémica decisión arbitral a favor de la campeona soviética Natalia Kuchinskaya.

Y eso no fue todo, otra decisión sospechosa por parte de los jueces en los mismos juegos hizo que tuviese que compartir la medalla de oro con la soviética Larissa Petrik. Eso a pesar de que la superó técnicamente con su ejercicio anterior.

Vera Caslavska: la novia de México y la represión de su país

El favoritismo de la URSS era tan evidente que Čáslavská decidió protestar de forma silenciosa en el momento de entregar las medallas. Durante el acto del himno soviético la checa bajó la cabeza y miró en dirección opuesta a sus rivales.

Esta “afrenta” fue su protesta particular y su forma de decir basta a los soviéticos. El carisma de la deportista se refleja en este episodio que no llegó al nivel del saludo del Poder Negro de Tommie Smith, pero sí tuvo un gran impacto en la época.

El gesto le valió el aplauso del público y de sus compañeras, pero no así de su federación ni del gobierno de su país que la consideró persona non grata y le prohibió participar en todo tipo de evento deportivo dentro y fuera de Checoslovaquia.

Quizás su país no lo quisiese por sus acciones deportivas, al menos en ese instante, pero el público mexicano quería a la atleta y mucho. Prueba de ello es que los mexicanos la llamaron la Novia de México.

Esto se debió a varias razones, la primera, su carisma y eterna sonrisa que sabían ganarse a los mexicanos y la segunda razón fue que utilizó canciones mexicanas para algunos de sus ejercicios como el baile regional mexicano conocido como “Jarabe Tapatío” o “Allá en el rancho grande”.

Otro motivo y no menos importante es que se casó en una catedral de México con el medallista de plata checho Josef Odložil al ritmo de un mariachi.

Cuando esto sucedió el público la aceptó como si fuera una de ellas y aplaudió su “protesta”. El reconocimiento y felicidad que tuvo en el país azteca no se repitió en su país. De hecho, al regresar a Checoslovaquia le quitaron el pasaporte y le prohibieron participar en todo tipo de evento deportivo.

La represión y diferencias de su país duraron bastantes años y fueron bastantes. Hasta el inicio de la democracia a finales de los 80 Vera no tuvo el reconocimiento que merecía.

Una anécdota que define el trato del gobierno checoslovaco fue la prohibición de publicar su autobiografía ya que criticaba el trato del régimen de Checoslovaquia a los deportistas de su país.

Legado deportivo y reconocimiento mundial

Finalmente, y con el paso del tiempo la situación mejoró gracias a las presiones del Comité Olímpico Internacional a finales de la década de los 80 cuando su presidente Juan Antonio Samaranch consiguió que las autoridades de su país le dejaran ejercer de jueza y entrenadora.

Años más tarde tuvo que superar el mal trago de ver que su hijo se enfrentase a 19 años de cárcel por matar al marido de Čáslavská en una acalorada discusión.

El tiempo curó sus heridas y su posterior depresión gracias en parte a la vuelta a la vida deportiva al ejercer como juez y entrenadora.

Con el paso del tiempo consiguió ser asesora del gobierno, publicar su autobiografía y ser presidenta del Comité Olímpico Checo.

En 2012 y con 70 años regresó a su segundo país, México donde volvió a conseguir ganarse al público al hacer un Split en una aparición especial en el Abierto Mexicano.

Su legado deportivo lo define mejor que nadie, Bart Conner, el medallista de oro olímpico estadounidense que afirmó lo siguiente:

 «Vera Čáslavská fue una de las gimnastas más dominantes de su tiempo, equilibrada en todas las pruebas y totalmente comparable a alguien como Simone Biles«.

Su contribución al deporte es tan grande que ha recibido varias distinciones, entre ellas, la Orden Olímpica un premio del COI que le dio en 1989 por contribuir al movimiento de los Juegos Olímpicos.

Forma parte del Salón de la Fama de gimnastas internacionales y del Salón de la Fama de Mujeres del deporte desde 1991.

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