Volker Ippig

Se aburrió del fútbol en la mitad de su carrera deportiva, ayudó a construir una escuela en Nicaragua y acabó de estibador en el puerto de Hamburgo.

Siempre se ha dicho que los porteros están hechos de una pasta diferente, que la cordura no casa con mantenerse 90 minutos bajo palos interviniendo en contadas ocasiones y todavía así, mantener el temple frío. Volker Ippig refleja como pocos la esencia de un portero: ser un personaje dentro y fuera de los campos. Y si la portería que se debe defender es la del St. Pauli, el club más izquierdista y revolucionario del mundo, se encuentran dos elementos que se asocian en una comunión perfecta.

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Las firmes convicciones comunistas, antisistema y progresistas que llevaron a Volker Ippig a jugar para el St. Pauli también fueron el detonante de su retirada de los campos de fútbol. Ippig sigue siendo un hombre que vive a contracorriente. Tras dejar el deporte rey, entró a trabajar de estibador en el puerto de Hamburgo y es feliz conduciendo su Volkswagen Polo los 110 km. que separan el trabajo con su granja en Lensahn donde disfruta de una vida familiar junto a su esposa y sus dos hijas.

volker ippig
Poster promocional de equipación para
porteros con Volker Ippig de modelo

Okupa en casa del presidente

Nada más firmar para el St. Pauli procedente del TSV Lensahn en 1981, no dudó un solo momento en colocarse de ocupa en casa de Otto Paulick, presidente del club. Los estamentos del club albergan postulados progresistas de defensa de las minorías, los homosexuales, anarquistas y comunistas y Ippig los cumplía a rajatabla. Enmarcado en la época de la Guerra Fría, el arquero saltaba al campo con el brazo izquierdo en alto y no tardó en ponerse a la afición de su lado. Fue el primer jugador de la historia del club que recibió una camiseta personalizada de los fans, poco dados a personalismos. En ella quedaba inscrito “Volker para las señales“.

En su primera etapa en el equipo solamente aguantó dos temporadas jugando 31 partidos. Abandonó la disciplina del club en 1983 para hacer de monitor en una escuela de chicos discapacitados intelectuales justo al lado del estadio Millerntor, casa del St. Pauli, en el barrio obrero de Hamburgo.

De Sankt Pauli a San Miguelito

Pero Ippig no se conformó con su labor social en la escuela de niños discapacitados. Necesitaba huir para encontrarse a sí mismo. En 1984, después de que los sandinistas nicaragüenses, con Daniel Ortega al frente, ganaran las primeras elecciones democráticas, tomó la decisión de viajar hasta Nicaragua para colaborar en la construcción de un centro de salud-escuela para niños. En San Miguelito descubrió que la población local era feliz con muy poco. Seis meses y volvió a Hamburgo.

“Tenían menos dinero, pero eran mucho más felices y vivían mucho más relajados”

Volker Ippig durante un partido del St, Pauli. Photo by dpa
Volker Ippig durante un partido del St, Pauli. Photo by dpa

Segunda etapa en el club

En 1986 volvió al único club que podía entender su forma de pensar y fue uno de los integrantes que consiguió el ascenso a la Bundesliga en la temporada 1987-88. Defendió la camiseta del St. Pauli 100 partidos hasta que una lesión en la espalda a los 29 años, una edad tempranera para un portero, le obligó a retirarse. Era 1992. El muro de Berlín se había derrumbado en 1989 y todo el bloque del este de Europa se desmoronaba. Todos los ideales que tanto había defendido Ippig se confrontaban con la cruda realidad al conocer cómo vivían en la Alemania del Este. Aún así, nunca renunció y su espíritu antisistema se mantuvo vivo y reivindicativo.

Trabajar solo tres días a la semana

Creó entonces una escuela de porteros y entre 1999 y 2003 estuvo en el St. Pauli. Demasiado tiempo para una alma que necesita campar a su aire. En septiembre de 2007, el reputado entrenador Felix Magath lo llamó para entrenador de porteros en el Wolfsburgo. Volker Ippig accedió pero le pidió trabajar tres días a la semana. Solamente duró hasta enero de 2008. Allí terminó definitivamente su relación con el balón. Había que buscarse la vida para alimentar a su familia pero sobretodo para saber cuál era su sitio en el mundo.

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Volker Ippig. Foto: Jesco Denzel

Obrero con el mono de trabajo

Cuando sale el sol sobre el puerto de Hamburgo, Volker Ippig se queda parado y les dice a sus compañeros que estar allí “es casi como unas vacaciones”. Finalmente, el portero de la melena rubia ha encontrado su sitio. Y es feliz. A los 56 años solamente quiere respirar el aire que le llega del río Elba entre contenedores, gruas, barcos, amarres, plazos de entrega y amigos. “Ahora solo deseo salud y familia”, dice. Del fútbol no se acuerda.

Fue en 2011 cuando, gracias a que su cuñado estaba allí trabajando, se interesó por un puesto y lo aceptaron. Reconoce que no le pagan mal en comparación con lo que cobraba de portero y al ser preguntado sobre sus ideas obreras responde taxativamente:

“La cuestión social es cómo se distribuye el dinero. Es crucial. Se habla de solidaridad y justicia pero la política no actúa”

Volker Ippig
Volker Ippig. Foto: Matthias Greulich

Sigue vivo el recuerdo del verano 1982 en el que vivió en una casa ocupada en el puerto de Hamburgo. Quizás allí empezó a germinar el anhelo de trabajar cerca de los obreros que tanto coinciden con su forma de pensar.

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