Wakanoho Toshinori

Víctima de un complot que lo expulsó del deporte de lucha tradicional japonés se vengó destapando amaños en combates.

Wakanoho Toshinori no es su verdadero nombre sino Soslan Aleksandrovich Gagloev. Y tampoco es japonés sino ruso y llegó al sumo buscando el lujo y el dinero que en su Osetia del Norte natal nunca hubiera encontrado si hubiera seguido practicando la lucha libre. Y su peso fue determinante en la decisión.

Ha pasado a la historia del sumo como el primer luchador despedido del deporte tradicional japonés que estaba en activo. Se le acusó de poseer cannabis. Justo cuando estaba en la cima de su carrera deportiva y amenazaba con imponer un régimen de victorias humilladoras para el resto de combatientes. Algo olía a podrido en el dohyō (el círculo donde los luchadores se encuentran para dirimir sus fuerzas).

Wakanoho Toshinori se vengó de la Asociación de Sumo que el 21 de agosto de 2008 decidió su despido inmediato. Acusó a la Asociación de corrupción por amaño de combates (‘yaocho‘) dando nombres de luchadores que le habían ofrecido cantidades de dinero indecentes para que perdiese aunque, en los medios de comunicación, solamente se vio como una maniobra para conseguir sacar más dinero de su despido.

Finalmente, en 2011 la Asociación de Sumo, tras una investigación de puertas hacia adentro, admitió que algunos combates habían sido amañados y despidió a 25 personas entre entrenadores y luchadores. En aquel momento Wakanoho Toshinori ya estaba bronceándose al sol de Florida buscando un nuevo rumbo a su vida.

Probaría con el fútbol americano.

Soslan Aleksandrovich Gagloev como Wakanoho Toshinori

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Soslan Aleksandrovich Gagloev salió de la Unión Soviética con 16 años y 130 kg. en busca de un deporte donde su enorme corpulencia le permitiera vivir holgadamente y por consejo de su padre viajó a Japón para probar el deporte de lucha tradicional.

El sumo, que involucra a dos luchadores que intentan forzar al otro a salir de un ring circular o tocar el suelo con alguna parte del cuerpo que no sea la planta de sus pies, está impregnado de un ritual sintoísta y decoro cortés.

Dentro y fuera del dohyō hay unas normas que se remontan al siglo XV que no pueden ser violadas.

Su apodo shikona Wakanoho (nombre artístico dentro del mundo del sumo que los luchadores utilizan para ocultar su procedencia) está formado por la combinación de dos maestros que lo acogieron a su llegada, Taiho Koki (a los 21 años fue el yokozuna – rango más alto en el sumo- más joven de la historia) y Wakanohana Kanji II (del gimnasio Magaki).

Debutó en marzo de 2005 y al cabo de tres años y medio ya había ascendido desde la sexta categoría del sumo (jonidan) hasta la primera división (maegashira1) convirtiéndose con 18 años y cinco meses en el luchador extranjero más joven en conseguirlo. Era casi una afrenta para el altivo orgullo de los japoneses.

Los rikishi (luchadores – los dos símbolos kanji lo definen como ‘caballero de fuerza’) deben vivir en una comunidad conocida como “establos de entrenamiento o gimnasios”, donde todos los aspectos de sus vidas, desde la nutrición hasta la vestimenta, están estrictamente regulados y el consumo de drogas, radicalmente prohibido.

Los 0.368 gramos de marihuana mezclados con tabaco que encontraron en su billetera fueron suficientes para determinar su expulsión y aunque la marihuana no sea exactamente una ayuda para mejorar el rendimiento del luchador de sumo, su uso recreativo ciertamente rompe la imagen de un cuadro de luchadores profesionales vistos como portadores de una tradición centenaria profundamente entrelazada con la identidad japonesa.

Ceremonia del dohyō-iri

En busca de dinero, lujo y mujeres

A los 12 años, formó parte del equipo de lucha olímpica juvenil de la Unión Soviética en la división de estilo libre. A los 15 años, era un luchador en competencia y apariencia excelente, venciendo a luchadores mucho mayores. Medía 1,92 metros y pesaba 136 kilos y algunas fuentes señalan que a los 14 años ya consumía marihuana.

Sin embargo, la carrera de lucha olímpica de Soslan terminó en el momento en que la Federación Internacional de Estilos de Lucha Libre Asociada bajó su categoría de peso a 120 kg. Soslan lo intentó todo para mantener bajo su peso, y en más de una ocasión se desmayó durante la práctica después de saltarse las comidas para conseguir adelgazar.

Japón atrajo a Soslan con los deseos que atraviesan la mente impresionable de un adolescente: dinero, fama y chicas. Recibió 15.000 dólares de un ‘establo de entrenamiento’ después de su primera prueba para “sus gastos”. Había llegado a sus oídos cómo vivían otros dos rusos en la primera división: poseían nuevos Hummers, Mercedes y Maseratis. Y al conocer sus vidas en Japón viéndoles de fiesta con mujeres hermosas, Soslan quería lo que ellos tenían lo antes posible. Aprendió japonés e inglés a la vez en cuestión de un año aunque se mezcló poco con la sociedad nipona. Sus únicos amigos eran los hermanos rusos Roho y Hakurozan.

A los 16 años, Soslan comenzó a luchar para el gimnasio de Magaki y en 20 meses ya había avanzado a la división más alta, graduándose rápidamente más allá de los rituales de novatadas obligados a los luchadores de nivel inferior. Unas novatadas que Soslan Gagloev odiaba.

Escena que representa a dos luchadores hacia 1860.

“Vive rápido y muere joven”

Este podía parecer el lema de vida de Soslan y, aunque no realizó la segunda parte, está claro que vivió con rapidez.

Asistió a una universidad local para aprender la cultura y el idioma japoneses. Allí conoció a una chica rusa y se enamoró. A los 17, Soslan estaba casado y vivía la vida de un luchador de sumo de élite, ganando más de 40.000 dólares al mes y recibiendo lujosos obsequios de patrocinadores para las mejores actuaciones, incluidos coches de gama alta. Comenzó a coleccionar automóviles como si fueran prendas de vestir: un Mercedes AMG S65, un BMW M3, un Hummer, un Porsche Cayenne… . Le compró a su esposa joyas caras y a su madre una casa. Compró un Mercedes tanto para su hermana como para su padre. 

“Ya nadie puede controlarme porque soy de la División 1, soy un luchador famoso. Tengo cinco chicos de mi gimnasio que limpian mis atuendos y me cuidan. Aparezco en la televisión todo el tiempo y en todos los canales y en las portadas de las revistas”.

La heya es el gimnasio donde los luchadores entrenan y viven. Actualmente hay unas 45 en todo Japón donde reciben a los jóvenes luchadores a partir de los 15 años.

Gagloev no encajó bien todo lo relacionado con las novatadas: despertarse primero y comer después que los alumnos más veteranos, limpiar el baño, lavar las espaldas de los luchadores de nivel superior y usar zapatos de madera que le producían ampollas. Llegó un momento que sintió que ya era más fuerte que la mayoría de los luchadores a los que estaba sirviendo, por lo que se rebeló. Una vez, cuando le pidieron que comprara Marlboro en la tienda, Soslan regresó intencionalmente con otra marca de cigarrillos.

Movimientos poco ortodoxos

Era conocido por saltar directamente en el aire en el tachi-ai, o carga inicial, un movimiento poco ortodoxo que algunos comentaristas atribuyen a la valentía juvenil. Fue criticado por confiar demasiado en pasos laterales y bofetadas. Aunque su técnica ganadora más común era el yorikiri, el slap-down, o hatakikomi. Escogía siempre el slap-down y tuvo un porcentaje de victorias mucho mayor con esta técnica que la mayoría de sus combatientes contemporáneos.

El complot

Aproximadamente un mes antes de un viaje de exhibición a Estados Unidos, en junio de 2008, Soslan presentó una denuncia a la policía porque su billetera, que contenía 500 dólares en efectivo, había sido robada del gimnasio de sumo mientras entrenaba. Otra versión indica que perdió la billetera en el barrio de Sumida el 24 de junio y que fue encontrada por una mujer que la llevó a una comisaría de policía.

Poco después de regresar a Japón, Soslan se acercó a la comisaría de policía a recogerla. El dinero había desaparecido, pero la billetera contenía aproximadamente un cuarto de gramo de marihuana. La policía le hizo pruebas de detección de drogas y los resultados fueron negativos. Les dijo que la marihuana no era suya y que alguien debió haberla guardado en su billetera. A la policía poco le importaba si alguien la había puesto o no y le dijeron que podría pasar cinco años en la cárcel si no decía que era suya.

El 18 de agosto, Wakanoho fue arrestado y al registrar su residencia se encontró una pipa de marihuana. La comunidad del sumo se escandalizó por el primer arresto de uno de sus luchadores de alto rango.

A pesar de que fue liberado sin cargos, el arresto de Wakanoho sacudió el deporte hasta la médula. El rikishi escapó de los cargos solo porque la cantidad de marihuana en su billetera era menor que el umbral para el castigo legal en Japón y se libró de una condena de prisión al ser menor de 21 años. En una conferencia de prensa, Wakanoho lloró, se disculpó repetidamente y pidió su reintegro. Pero un deporte cuyos rituales y convenciones están tan íntimamente ligados al sentido tradicional de la identidad japonesa no es nada fácil de perdonar y la Asociación Japonesa de Sumo (JSA) le dijo que su reincorporación era imposible. El 11 de septiembre, Wakanoho presentó una demanda ante el Tribunal de Distrito de Tokio contra la JSA, exigiendo que se revocara su despido.

Wakanoho Toshinori con la tradicional vestimenta. Foto: Courtesy Soslan Goglaev

Corte del Chon-mage

Tres días después, la Asociación de Sumo de Japón excluyó a Soslan de por vida. Se reunió con el presidente de la JSA y le pidió que redujera la prohibición a una suspensión de dos años y le impusiera una multa de 2 millones de dólares. Estaba dispuesto a admitir que era suya si podía seguir en el circo del sumo. Según Soslan, el presidente respondió: “Escucha, maldito ruso, viniste aquí para ganar dinero, vuelve a casa. Si te descabezamos, no puedes volver atrás”.

Sintiéndose traicionado, Soslan se vengó. En una conferencia de prensa que paralizó al país, reveló los trapos sucios que tenían lugar antes de los combates de sumo. Dijo que algunos luchadores se vendían por 10.000 dólares dejándose ganar para romper las apuestas. Además delató a compañeros de oficio acusándoles de organizar fiestas con prostitutas y cocaína en una endiablada espiral de excesos, favores y amaños.

No hubo nada que hacer. Estaba fuera. Su expulsión conllevó la ceremonia de corte del moño tradicional (chon-mage) que pone fin a una carrera. Habitualmente se hace en un dohyo ante otros combatientes ilustres y quien corta el moño suele ser un maestro o luchador de alto rango. Se realizó en la fría sala de un hotel, sin presencia de medios de comunicación ni de otros luchadores. Un triste final para Wakanoho Toshinori. A partir de ahora volvía a llamarse Soslan Aleksandrovich Gagloev.

La dimisión de Kitanoumi

Con la esperanza de demostrar que se trataba de un caso aislado de abuso de sustancias, la asociación realizó pruebas sorpresa de orina a los 69 luchadores de las dos principales divisiones. Estos arrojaron pruebas positivas en dos rikishi rusos más, los hermanos Roho, de 28 años y Hakurozan, de 26. Ambos negaron haber usado marihuana: Roho apareció en la televisión diciendo: “Nunca he visto ni siquiera tocado el material“, mientras que Hakurozan prometió que una nueva prueba limpiaría sus nombres. Mala idea. 

En la segunda prueba, esta vez administrada por la única instalación japonesa reconocida por la Agencia Mundial Antidopaje, las muestras de ambos hermanos dieron positivo. El profesor Shohei Onishi de la Universidad de Keio dijo que las pruebas habían encontrado cinco veces la cantidad estándar en la muestra de Roho: y el doble que en el de Hakurozan, agregando que la única explicación sería fumar directamente la sustancia. 

Más tarde, los hermanos admitieron que habían fumado marihuana en Los Ángeles durante una gira de sumo en junio. Posteriormente lo negaron. Roho dijo que los amos del gimnasio lo obligaron a mentir. No todos le creyeron en primer lugar. Al no encontrar marihuana en su poder, fue difícil presentar cargos penales contra los hermanos, pero al igual que Wakanoho, también fueron expulsados ​​del sumo.

Los tres luchadores no fueron las únicas víctimas en el escándalo de la marihuana. Para asumir la responsabilidad de la agitación sin precedentes, el presidente de la JSA, Kitanoumi, quien también había sido el maestro del gimnasio de Hakurozan, renunció a su cargo y fue reemplazado por Musashigawa. otro ex yokozuna.

Una de las pocas imágenes de Soslan con la Universidad de Webber.
Foto: Courtesy Soslan Goglaev

Nueva vida en Estados Unidos

En su diatriba, también se implicó en el escándalo de arreglo de partidos, algo que, comprensiblemente, no ayudó a su situación. Posteriormente, pasó la mayor parte del tiempo aislado en su casa para evitar a los paparazzi. Fue entonces cuando se encontró con el fútbol americano en la televisión y notó que los defensas parecían luchadores de sumo, chocando entre sí en breves intervalos explosivos. Sabía que los jugadores de la NFL ganaban mucho dinero y pensó que, dado su tamaño y habilidad, él podría hacer lo mismo.

Cinco meses después de su despido, Soslan y su esposa, que estaba embarazada, regresaron a Rusia. A través de un amigo ruso, se conectó con el agente de boxeo y MMA Leo Khorolinsky, quien le presentó a Soslan a Bob Schuldt, un entrenador de rendimiento deportivo que había trabajado con el exjugador de Chicago Bears, Mike Singletary. Schuldt convenció a Singletary, entonces entrenador en jefe de los 49ers de San Francisco, de que echara un vistazo a Soslan.

Los resultados fueron decepcionantes. Soslan, todavía con más de 180 kg. corrió unas 40 yardas en nueve segundos. El tiempo máximo estipulado para un hombre del equipo defensivo es de 5 segundos.

Soslan no solo necesitaba experiencia en fútbol organizado, necesitaba ponerse en forma para el fútbol. Kelly Scott, entrenador en Webber International University, una pequeña escuela de NAIA en Babson Park, Florida. y le dio una beca. Soslan, que nunca antes había jugado al fútbol, ​​ahora era un atleta de fútbol universitario. Consiguió una visa de estudiante y pagó 50.000 dólares para traer a su esposa e hija recién nacida a Florida.

Soslan Gagloev practicando en las instalaciones de Tom Shaw. Foto: Courtesy Soslan Goglaev

Buscando su sitio en el fútbol americano

Mientras estaba en la Universidad de Webber, el gobierno japonés investigó el escándalo de arreglo de partidos en la lucha de sumo, siguiendo las acusaciones de Soslan. En total, 25 entrenadores y luchadores fueron expulsados ​​del deporte. Los medios japoneses volaron a Florida para escuchar nuevamente la versión de la historia de Soslan pagándole hasta 120.000 dólares por entrevista. Soslan afirma que la Asociación de Sumo de Japón le pidió que regresara y compitiera aunque, tras perder tanto peso ya no estaría en forma para el sumo, la JSA ha negado siempre que le ofrecieran volver.

Su vida personal se estaba derrumbando. Su padre murió en 2011 y sus ahorros de más de medio millón de dólares casi se agotaron. Para pagar la nueva matrícula en la Universidad del Sur de Florida, tuvo que vender su Mercedes S55 AMG, el último de su colección de autos de sus días en el sumo. Además, Soslan y su esposa se habían distanciado cada vez más desde que se mudaron a Estados Unidos. Se divorciaron en febrero de 2012 y ella regresó a Rusia con su hija de 2 años. Ese año, en la Universidad del Sur de Florida (USF) sufrió una pésima temporada de tres victorias, y todo el cuerpo técnico fue reemplazado por un nuevo equipo directivo que no mantuvo a Soslan en el equipo. 

Soslan con el uniforme de la Univesidad de Warner. Foto: Courtesy Soslan Goglaev

Sumo de exhibición

Después de la USF, Soslan recibió una beca de Warner University, otra escuela NAIA en Lake Wales, Florida, que acababa de lanzar su programa de fútbol en 2013. No estaba dispuesto a dar un paso, pero no tenía otras ofertas. 

En su primer partido, un corredor y otros cuatro jugadores cayeron sobre su pierna, y Soslan se perdió los siguientes cinco partidos. Regresó, todavía lesionado, para poder crear un currículum en video para los cazatalentos de la NFL. Mientras estaba lesionado, también compitió en el Open de Sumo de Estados Unidos de 2013 con un tobillo izquierdo muy vendado y quedó segundo en la división de peso pesado. 

En abril de 2014, Soslan pasó cuatro semanas en el Centro de Detención del Condado de Baker en Macclenny, Florida, con el pretexto de que violó su visa de atleta al trabajar en un puesto no relacionado con el sumo. Describe el lugar como un infierno donde se sentaba en su celda todo el día y nunca veía el sol. Los guardias lo llamaron “Drago” en honor al boxeador ficticio de la película “Rocky IV” y lo acribillaron con preguntas sobre su carrera en el sumo.

El momento no pudo haber sido peor. Soslan dice que se perdió un entrenamiento con los Jacksonville Jaguars y perdió a su agente, quien decidió no invertir más tiempo en alguien que podría verse obligado a abandonar el país. Soslan sabía que no iba a ser reclutado, pero esperaba firmar un contrato de agente libre novato y aterrizar en un equipo de práctica donde podría continuar desarrollándose. Según uno de los abogados de inmigración de Soslan, Catherine Henin-Clark, el arresto se realizó por error porque Soslan tenía una autorización de trabajo general. No lo enviaron de regreso a Rusia, pero resolver su estado migratorio podría llevar meses, y los equipos de la NFL no están ansiosos por perder el tiempo con un jugador del que no están 100 por ciento seguros de que pueda permanecer en el país.

Poco después de su divorcio, Soslan estaba en un club de baile en Tampa con unos amigos donde conoció a Dakota Springfields. Pronto, tuvieron su primera cita en un restaurante de sushi japonés y dos años después, en mayo de 2014, se casaron en una playa de Florida. Logísticamente, el matrimonio de Soslan con una ciudadana estadounidense es un buen augurio para su oportunidad de obtener una ‘green card’ y seguir una carrera de fútbol americano, siempre que Dakota y Soslan puedan demostrar a las autoridades que han entablado una relación legítima.

El sumo y el fútbol americano han sido las dos disciplinas de Soslan Goglaev. Foto: Courtesy Soslan Goglaev

El problema del sumo

El asunto de la marihuana refleja los problemas que enfrenta un deporte al que se le ha asignado un significado cultural profundo, pero que lucha por mantener el interés. El número de aspirantes a luchadores está disminuyendo: mientras que cada torneo solía atraer a más de 100 nuevos aspirantes hasta hace aproximadamente una década para unirse a las filas de los rikishi, en el evento más reciente solo había tres. “Debido a la baja tasa de natalidad, hay menos niños que crecen para convertirse en luchadores de sumo”, dice el periodista deportivo Seijun Ninomiya. Hoy en día, más de una cuarta parte de los luchadores profesionales en las dos divisiones principales son extranjeros que no tienen base en los valores tradicionales asociados con el sumo. 

El veterano periodista de sumo Kunihiro Sugiyama sugiere que: “En un mundo cada vez más globalizado, es necesario un esfuerzo muy positivo para preservar la tradición de un país y garantizar que se transmita”.

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