Wim Vansevenant

Consiguió terminar último en tres Tour de Francia y alcanzó un hito único en la historia del ciclismo sin olvidar su trabajo dentro del equipo.

Llegar el primero, vencer sobre el resto y después, la gloria. Ese ha sido el objetivo de la humanidad desde que el hombre camina sobre la Tierra. Y el deporte es solo el reflejo de nuestro instinto animal. Pero, ¿y si haciendo bien tu cometido te esforzases por ser el último?. También deberías tener reservada la gloria, ¿no?. El Olimpo del deporte tenía un sitio para Wim Vansevenant.

Wim Vansevenant
Wim Vansevenant. Foto: New Flanders

¿Por qué es un ‘Outsider’?

Cuando Wim Vansevenant quedó último en los Tour de Francia de 2006 y 2007 y apareció en muchos informativos sosteniendo el farolillo rojo de último clasificado, como si de un mote o un defecto se tratase, ya solo le quedaba intentar al año siguiente repetir la hazaña. Y lo hizo. Aunque en 2008 le costó un poco más y a punto estuvo de no conseguirlo.

El ya exciclista belga nació el 23 de diciembre de 1971 y, en su carrera profesional, no destacó nunca en ninguna especialidad de los pedales. Ni tenía velocidad en los sprints, ni resistencia, ni tampoco era buen escalador. Nada. Pero fue el obrero que todo equipo y líder necesita en su equipo para que todo funcione. El obrero perfecto. Y Cadel Evans lo sabía y lo quería en su equipo.

Robbie McEwen Wim Vansevenant
Robbie McEwen y Wim Vansevenant

La gente no recuerda al penúltimo, solo recuerda al último

Ya en el Tour de 2005 quedó penúltimo y octavo por el final en 2004. En el de 2006, Wim no destacó en ninguna etapa, ni tan siquiera en alguna escapada. Quedó último a 4 horas del primero. En 2007 volvió a repetir la posición del año anterior quedando a 3 horas y 52 minutos del líder de la general. Como si hubiese pedaleado una etapa más que el resto. En 2006 fue gregario de Robbie McEwen consiguiendo que el australiano ganase 3 etapas del Tour más la clasificación por puntos de equipo y en 2007 y 2008 lo fue de Cadel Evans que quedó segundo del Tour en las dos ediciones.

Se esforzó con esmero en llegar el último. Aunque no se trataba de dejar de pedalear, ya que podía quedar fuera de control y descalificado, su lentitud venía asociada a las tareas encomendadas por su equipo. En cada etapa calculaba bien donde debía perder tiempo sin salirse del marco que la organización estipula como tiempo máximo de llegada.

Wim Vansevenant
Wim Vansevenant y Cadel Evans. Foto: Photonews

El chico del agua

Pero además de rodar lento, Wim Vansevenant tiene un trabajo por hacer dentro del equipo. Meses antes de que empiece el Tour, el Giro, la Vuelta, o cualquier competición ciclista, se analizan las etapas, se estudian los puertos donde los escaladores harán su trabajo, los tramos de carretera donde es conveniente escaparse. No se deja nada al azar y el día antes de empezar la etapa, cada componente del equipo sabe que función desarrollará durante la carrera para que el jefe del equipo quede lo mejor posicionado y arañe algún segundo al rival.

Vansevenant tenía la tarea de salirse del pelotón para traer los botellines de agua para los compañeros o, si el jefe decide que es el momento de atacar para escaparse, Wim era el encargado de salir del grupo para ponerse delante del jefe, cortar el viento y ahorrarle un esfuerzo que necesitará más adelante. Hasta ‘molestar’ poniéndose por delante o muy cerca del jefe rival en rotondas donde se tocan los manillares o proteger a su jefe de una caída en la maraña de ciclistas que se juntan en algunas llegadas durante la etapa.

Wim Vansevenant.
Wim Vansevenant.

Un rival en el Tour de 2008

Tour de Francia de 2008. 179 corredores. Vansevenant puede conseguir su tercer y ansiado ‘Farolillo Rojo’. En las primeras etapas pierde minutos. Hasta cinco. Cae entre los últimos cuatro y ocupa, desde la tercera etapa, el último puesto.

Durante los 16 días siguientes trabaja para el equipo sin descuidar sus pérdidas de minutos. Todos luchan por ir un segundo más rápido. Él malgasta minutos por doquier.

En la 19ª etapa, Vansevenant acompañó a Cadel Evans durante buena parte de la etapa y lo dejó bien situado en un pelotón que se escapaba. Luego aflojó pero ganó un minuto y no se dio cuenta que Bernhard Eisel venía por detrás y que era de los que también se caían en la tabla. Wim no contaba con él: le llevaba trece minutos de ventaja pero ese día perdió 14. Faltaba muy poco para llegar a París que es donde termina el Tour. Vansevenant miró la clasificación y se dio cuenta que Eisel ocupaba la última plaza a tan solo 40 segundos.

En la contrarreloj de la penúltima jornada, Eisel, como último clasificado, salió primero. Detrás de él, Vansevenant, controlando el tiempo en cada curva y en cada pedalada. Al final, el belga fue un minuto y medio más lento que Eisel y se situó de nuevo último.

Ya solo faltaba llegar a París. Un puro trámite supone la última etapa que transcurre por las calles de la capital donde el vencedor se da un baño de masas. Vansevenant tenía que llegar último pero a su lado apareció Eisel. Rodando los dos con tranquilidad, recibiendo los aplausos del público y mirándose de reojo iban retrasando la llegada a la meta. Finalmente, Eisel, que había intentado quedarse atrás pero no lo había conseguido, dio una palmadita en la espalda de Vansevenant y cruzó la meta pocos segundos antes que él.

Hasta entonces, unos pocos habían conseguido solamente dos ‘Farolillos Rojos’. Wim Vansevenant tiene tres.

Luke Rowe
Luke Rowe. ‘Farolillo Rojo’ en 2017

¿Por qué ‘Farolillo Rojo’?

Cuando los trenes eran el medio de transporte más habitual, el farolillo rojo se colgaba en el último vagón para que el jefe de estación por donde pasaba comprobase que no se había desenganchado ningún vagón en el trayecto de una estación a otra.

Ahora, esa calificación ya se utiliza en todos los deportes para asignar al último de la tabla la ignominia de verse en tan desdichada situación. Menos en el Tour, donde se puede conseguir la gloria de ser el último con ahínco sin desatender las tareas encomendadas por el equipo.

Lanterne Rouge
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